Reyes Míticos: Perseo, rey de Tirinto/Argos (Tercera parte)
Desde el cielo norte africano Perseo vio a una bella mujer atada a unas rocas. No poseía vestimenta alguna, tan solo rica joyería, y miraba con temor las agitadas olas que golpeaban con la misma fuerza las rocas que sus piernas. El héroe cayó presa de su belleza y se acercó a ella. En cuanto la joven se percató de la presencia de Perseo, le rogó agitada que la liberara y la llevara consigo.
Aquella muchacha no era una común; se trataba de Andrómeda, la hija de los reyes de Etiopía Cefeo y Casiopea. Esta última había molestado a Posidón por haberse comparado con las nereidas; por ello el dios marino envió un monstruo y un diluvio a Etiopía.
Con el fin de controlar al monstruo, Cefeo y Casiopea ataron a su hija para que fuera un rehén de la criatura. Perseo, enamorado de Andrómeda, estaba determinado a matar al monstruo. Desató a quien sería su esposa y ambos arrojaron piedras hasta que Perseo pudo sacar la cabeza de Medusa y petrificar el origen de las calamidad de Andrómeda.
Cuando Perseo buscó a Cefeo y Casiopea para poder llevarse a Adrómeda a Sérifos, los reyes no lo permitieron. La muchacha se casaría con Fineo, hermano del rey y, por lo tanto, su tío.
Perseo no abandonaría a su amada, y retó a Fineo y a los guerreros de Etiopía. El héroe no tuvo problemas en salir victorioso, pues usó la cabeza de Medusa para convertir a todos en piedra.
En Sérifos, Dictis y Dánae oraban temerosos en el altar de Atenea y ocultándose de la violencia de Polidectes. Perseo apareció frente a ellos como un enviado celeste; ahora era el turno de derrotar a al rey que había tenido a su madre como esclava desde que él era un niño...
Dictis, Dánae, Andrómeda y Perseo aparecieron en el éranos de Polidectes. Todos los invitados traían como obsequio regalos comunes. Perseo presentó envuelta la cabeza de la gorgona.
El rey no podía creer que el héroe estuviese vivo. A sabiendas que Perseo no era muy popular en Sérifos, convocó a la gente para que lo ayudaran a acusarlo de engaño. Pero Perseo hizo uso de la cabeza de Medusa y, desde entonces, Sérifos se convirtió en la isla más rocosa de toda Grecia, pues sus habitantes se convirtieron en piedras.
Dictis se convirtió en el nuevo rey de Sérifos, y Perseo ofrendó a Atenea con la cabeza de Medusa. La diosa, reconociendo la valentía y astucia del héroe, puso a la gorgona en su escudo, convirtiéndose ésta en atributo suyo...
Imagen: “Perseo y Andrómeda” por Charles Napier Kennedy
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