Después de haber disfrutado de un par de días en Hogsmeade, el tener que volver a Hogwarts había sido un verdadero martirio para Lily. Había estado tan distraída, que sus maestros estaban llamándole la atención de manera diaria, tenía mucho que estudiar para que sus T.I.M.O.S. salieran excelentes… e incluso había peleado con Lorcan cuando éste no comprendía el hecho de que la joven no se encontraba lo suficientemente bien como para darle la atención debida. Al sentir que el coraje la invadía, y que estaba a nada de dejar que las lágrimas escaparan de sus ojos, Lily Luna posó una mano en la mejilla del chico que le quitaba el sueño, besó sus labios con suavidad y susurró una pequeña frase que no sólo definía su postura ante tal pelea, sino también ante los problemas que habían llegado a su vida las últimas semanas: “no puedo con esto ahora… dame tiempo para pensar, ¿sí?” Tras recibir un pequeño asentimiento de parte del joven, la más pequeña de las Potter comenzó a caminar sin rumbo fijo: ¿a dónde ir cuando lo único que deseas es que la tierra te trague? Casi sin darse cuenta, la joven llegó al campo de Quidditch; volar siempre la había ayudado a sentirse mejor, a despejar su mente… a llegar a tener cierta paz a pesar de la tempestad que parecía envolver su día a día.
Sin más, la pelirroja caminó hacia los vestidores, lugar donde pudo dejar su capa, libros… y tomar la bella escoba que había sido su fiel compañera desde hace un año. Poniéndose en posición, Lily finalmente despegó, permitiéndose sobrevolar el campo para sentir cómo el aire golpeaba su rostro, llevándola a un lugar mucho más feliz del que se encontraba. Una hora: eso fue lo que necesitó para sentir cómo su cuerpo entero se relajaba, cómo sus problemas se alejaban (al menos por un momento).
Cuando el tiempo arriba fue suficiente, y el frío viento empezó a calarse los huesos, la joven bajó a tierra firme, mirando a su alrededor. Debido al color que enmarcaba el cielo, era mucho más tarde de lo que pensaba, y si no quería otra llamada de atención, debía volver al castillo cuanto antes. Rápidamente, la joven corrió a guardar su escoba, tomar sus cosas… y volver sobre sus pasos, lista para terminar en el Gran Comedor, ya que tenía más hambre de la esperada.
En el momento en que la joven pisó el castillo, un ligero escalofrío recorrió su espina dorsal, más, tratando de ignorarlo, corrió a buscar algo de comida al gran salón que la recibía con un increíble olor a patatas. Con una ladina sonrisa, Lily aprovechó su extraña soledad para comer en paz… hasta que, justo cuando estaba finalizando con su cena, una voz familiar la sacó de su ensimismamiento:
—Hola, hermanita… ¿podríamos hablar?
Ligeramente sorprendida, la pelirroja alzó la mirada para encontrarse con un par de ojos verdes que conocía a la perfección: Albus. Ambos jóvenes habían tenido una plática bastante personal, misma que no pudieron terminar al ser interrumpidos por uno de los aurores que cuidaba a los alumnos que se encontraban visitando el pueblo. Con una ladina sonrisa, Lily tomó un pequeño trago a su jugo de calabaza antes invitarlo a tomar asiento a su lado, asintiendo un par de veces.
—Claro que sí, Al. ¿Pasó algo? ¿Puedo ayudarte?
—No, no es eso, sólo… creo que tenemos una charla pendiente —admitió el Slytherin con cierto nerviosismo, no sin antes mirar a su alrededor.— ¿Te parece bien si platicamos en un lugar un poco más… privado?
Recordando el rumbo que su antigua plática había tomado, la joven de cabello rojo asintió con suavidad, posando una mano en el hombro de su hermano mayor tras haberse puesto de pie. Ella sabía que había algo que lo estaba carcomiendo, y a pesar de que le costaba abrirse al cien por ciento con ella, Lily haría todo lo que estuviera en sus manos para ayudar a que se sintiera mejor. Con aquello en mente, y esperando que ambos pudieran pasar un momento de calidad juntos, la joven lo guió a través de un par de pasillos… hasta que la Sala de Menesteres se abrió para ellos. Cuando abrieron la puerta, el par de hermanos se encontró con una sala que combinaba a la perfección el verde los Slytherin, con el azul de los Ravenclaw. Sin más, y bastante curiosa por lo que su hermano quería decir, Lily se sentó en un pequeño “puff” de color azul antes de comenzar a hablar:
—Bueno, hermanito, dime… ¿de qué quieres hablar?
—Bien: tú sabes que últimamente he estado más callado de lo habitual, ¿no? Hay muchas cosas que me han hecho pensar, que me han llevado a ver todo de una perspectiva distinta… y creo que debo confesarte algo —finalizó, mirando a su hermana menor con cierto temor aún, plasmando esos sentimientos tanto en su voz, como en esos ojos verdes que la pelirroja conocía a la perfección.
—Al… estás asustándome —admitió la joven antes de arrugar ligeramente la nariz, ladeando ligeramente su cuerpo para quedar frente a frente con su hermano, mirando sus ojos con fijeza.— Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿no?
—Lo sé, es sólo que… tengo miedo, Lily. ¿Y si ya no me ves como antes después de esto? ¿Y si te pierdo por, por tratar de ser quien soy? —preguntó el Slytherin con exasperación, pasando una mano por su azabache cabello, demostrando la preocupación que sentía.
Sin más, y esperando hacer lo correcto, Lily se puso de pie, quedando a la altura de su hermano, mismo que había estado dando vueltas frente a ella. Con delicadeza, la joven tomó el pálido rostro de éste entre sus manos, acariciando sus mejillas como cualquier madre haría, detalle que la llevó a recordar las palabras de su primo Fred: “¡eres una mini-Molly, y no puedes esconderlo!” Alejando aquello de su mente, la pelirroja finalmente habló, tratando de que su voz no se quebrara debido a la preocupación que sentía por su hermano en ese momento:
—Albus: no debes tener miedo de hablar, y menos si se trata de hablar conmigo. Desde que tengo memoria, ambos hemos sido compañeros de aventuras, tú has estado para mi y yo para ti, me has cuidado y yo he hecho lo mismo contigo… ¿por qué temer? Eres mi hermano, y uno de mis mejores amigos, ¿crees, en verdad, que yo dejaría de quererte? ¡Por favor, golpee a un Slytherin mayor que yo por ti, en mi primer día en el castillo! Espera, —pidió la joven al ver que su hermano quería hablar, posando el dedo índice de su mano derecha en los labios del joven para pedir que guardara silencio— quiero que me escuches bien: no hay nada en este mundo que me pueda hacer amarte menos, Al. Eres mi hermano mayor, mi confidente… y te amo. Si hay alguien en este mundo que estará a tu lado, soy yo, y espero que mantengas eso en mente, ¿sí?
Cuando el discurso de la joven finalizó, los brazos de su hermano la rodearon, demostrando con este pequeño detalle lo que las palabras no podían: con aquel abrazo, la joven entendía un poco mejor su miedo, y también podía sentir el cariño que Albus sentía por ella, siendo éste la mayor razón del nerviosismo del joven. Tras un par de minutos en el que el silencio los rodeo, Albus respiró hondo y, tras elegir bien sus palabras, comenzó a hablar:
—Lily… lo que pasa es que… estoy enamorado de mi mejor amigo. Estoy enamorado de mi mejor amigo, quien, además, es un Malfoy —añadió con verdadero terror en su voz, mirando a su hermana menor como si esperara que ésta comenzara a gritar, o tal vez lo mirara con repudio… lo cual, obviamente, no pasó. Lily estaba más que enterada de los sentimientos de Albus por aquel joven de cabello rubio platinado, más, al haberlo escuchado de sus labios, la pelirroja se sentía más que feliz, segura de poder expresar sus verdaderos pensamientos.
—Al… lo sé —admitió sin más, sorprendida al notar que Albus la mirada con verdadero shock en su rostro.— Hermanito, siempre has sido un libro abierto para mí, y tal vez supe incluso antes de que tú te dieras cuenta de lo que sentías. ¿Y sabes? Sé que tienes miedo al qué dirán, a la reacción que puedan tener los demás… pero no debes pensar que yo me alejaré de ti por ello, y mucho menos que te veré de manera distinta ahora que te has sincerado conmigo. Debes entender algo importante: nunca tendremos a la gente conforme, digo… somos los hijos del bendito Elegido —le recordó, girando los ojos con cierta exasperación al pensar en el título que el mundo mágico tenía para su padre.— Pero eso no debe importarte, ¿me escuchas? Tú eres un chico increíble: adorable, listo, atento… y tienes la suerte de estar enamorado de tu mejor amigo, y que éste te corresponda. No permitas que nada ni nadie te haga dudar de la persona que eres, Al, y si alguien se mete contigo, no dudes en decirme: mi varita y yo estaremos listas para recordarles a esas personas que nadie se mete con mi familia sin sufrir de las consecuencias.
—Gracias, Lilu… gracias por demostrarme que no tenía nada que temer. Sé que siempre estarás a mi lado, así como yo al tuyo.
Después de aquella plática que vino directamente del corazón, los hermanos decidieron cerrar la misma con un abrazo: a pesar del nerviosismo que Albus había sentido, éste se sentía más aliviado al saber que su hermanita nunca dejaría de verlo como su hermano mayor, que nunca pensaría diferente de él a pesar de que no fuera “un chico común”, y a la vez, Lily pudo demostrar que, a pesar de todo, ella estaría junto a Albus, cuidándolo y apoyándolo por sobre todas las cosas.
Subir una montaña: sin problema. Dragones y centauros: meh, algo posible de manejar. La segunda prueba no sonaba tan complicada; claro que era muy distinto pensar en posibilidades y posibles soluciones que enfrentarlas y superarlas en el momento. Decidió no pensar en eso y mejor concentrarse en la copia de El Profeta que se encontraba al centro de la mesa. Apenas terminaba la nota sobre misteriosas muertes muggles cuando sintió varias miradas sobre él. Miró alrededor con discreción para encontrarse con chicas, principalmente francesas o de grados inferiores que susurraban entre ellas y se reían cuando Fred las descubría. Suspiro y sacó de su mochila el primer libro que encontró. Lo abrió justo a la mitad y leyó algunas líneas antes de verse obligado a levantar la vista hacia una persona que se había plantado frente a él.
Había pasado la mañana entrenando con la mitad del equipo, estaba molesta por eso?...si...pero había sido en parte idea mía darles la opción de asistir o no... terminamos temprano pues tanto la gente del torneo como mi señor sexy y la directora necesitarían el campo para la prueba... Cuanto Clarisse se fue a tomar una ducha yo solo opte por cambiarme a ropa deportiva y atorar mi varita en la cadera y salir a trotar a la orilla del lago y dar unas vueltas más alrededor de los jardines...todo iba bien hasta que pise un periódico que casi me hizo caer... Releí el título y me agaché a levantarlo... Estaba algo mojado pero logre leer bien lo que decía..."No se sabe nada del jugador del deporte muggle POLO....El jefe del departamento de deportes asegura que no tiene nada que ver con los sucesos ocurridos en Londres..." Me deje caer en el pasto intentando leer más de las noticias cortas, de esas que no tienen un título grande... en lo que iba del mes había leído de muertes y desapariciones en el mundo muggle, quizá las cosas no estaban bien como el profeta decía ...quise sacar mi varita para secar el periódico pero movimiento la encontré así que me puse a buscarla mirando solo hacia abajo, seguro había caído al momento de sentarme y era así... Cuando logre verla me agaché por ella caminando de espaldas sin notar que había alguien detrás mio... -disculpa...-comento antes de incorporarme y ver quien era
Por primera vez Joyce no se veía a si misma “mal” por sentirse igual que el resto de las chicas. Porque ese tonto baile, en realidad había sido lo más divertido que había experimentado en toda su vida. El inicio fue elegante y hasta emocionante. Los campeones y sus acompañantes parecían haber ensayado un año para eso, y hasta ella tenía que admitir que el bufón se veía bastante bien esa noche. Cuando profesores y alumnos se unieron al vals sintió pánico. Pero bailar con Stephen resultó divertido y sin presión alguna. La cena fue deliciosa y disfrutó mucho de la “música moderna” brincando y bailando con sus compañeros de quinto. Bailó una pieza con su hermano mayor pues efectivamente resultó ser uno de los vigilantes de la noche e incluso cuando le preguntó por sus amigos se atrevió a señalar a Sam, Liam y Lilu.
La segunda prueba estaba por dar inicio ese día, y ella seguía llena de alegría por el baile. Se sentía estúpida, pero le ayudó a empezar los días siguientes con una sonrisa. Incluso algunos alumnos empezaron a saludarla al verla por los corredores. Fue de las contadas chicas que utilizó un color vivo en su vestido y por lo tanto ahora era fácil de reconocer, incluso después de volver a su look habitual.
Entró al gran comedor y se acercó al primer rostro familiar que encontró. –¡Buenos días!–
Galatea es una persona que está bastante orgullosa de quien es, y aún más importante, del lugar al que pertenece; Hufflepuff ha sido su hogar desde el día uno, éste fue el lugar donde encontró una familia que no necesita lazos sanguíneos para darse apoyo ante la adversidad... Y conforme el tiempo avanza, más y más agradece al sombrero seleccionador que la haya enviado al equipo tejón.
La joven es fanática de los musicales y la historia, por lo que no fue sorpresa alguna que se enamorara de “Hamilton” desde el momento en el que escuchó "Yorktown.” Inclusive, la morocha sueña con ir a Nueva York sólo para poder disfrutar de tremendo show en vivo.
Pero por supuesto, como buena británica, Galatea también es fanática de cosas locales... Uno de sus shows televisivos favoritos es Doctor Who, y aún espera que éste llegue en su Tardis y la lleve lejos.
Los girasoles son sus flores favoritas; considera que éstos irradian positivismo y buena vibra, por lo que inclusive llegó a plantar un par en su hogar, al pie de su ventana.
Fred Weasley II es no sólo su pareja, sino también su mejor amigo. Ambos se conocieron cuando tenían 12 y 13 años, respectivamente, y desde entonces ambos han construido una amistad basada en risas, regaños e inclusive escapadas a media noche; Galatea considera que el león es de las pocas personas que en verdad la conocen, y el hecho de tenerlo en su vida es algo que pinta una sonrisa en su rostro.
Tenía una hora libre y después se suponía que vería a Cameron para hablar sobre el nuevo rumor que corría por el colegio. Se decía que la hija del profesor Neville no había perdido del todo la memoria. ¿Cómo podía ser eso posible?, se suponía que su padre se había encargado de eso. Impaciente voltea a ver el reloj frente a él. No había nadie en la sala común, esta solo él sentado en el sillón volteando de un lado a otro con desesperación.
Pasados algunos minutos camino hacia la torre de astronomía donde vería a Zabini. Llegó casi media hora antes. Él rubio siempre era una persona muy puntual. Ejemplo que había tomado de su mamá. Palmeo su bolsillo izquierdo del pantalón y pudo ver que no traía su encendedor. —¡mierda!— se quejó. Ahora tendría que esperar en silencio y sin hacer nada a que llegara su primo. Se acercó a la terraza y comenzó a observar lo que lograba ver, todo se veía tan diminuto desde esa altura.
Faltando 35 minutos para la hora en que había acordado verse con Liam, Cameron salió de la sala común para subir tranquilamente hasta la torre de astronomía. «Claro, como él sólo tiene que subir un piso» pensó. Hizo poco más de 10 minutos en llegar al séptimo piso, mientras subía las últimas escaleras, con la expectativa de que el lugar ya estuviera vacío, sacó del bolsillo interno el último cigarro que tenía junto con un cerillo que había tomado de la caja de Danielle. Raspándolo contra la pared lo encendió y se aseguró de prender bien el tabaco antes de entrar al área despejada de la torre. Apenas asomaba la cabeza y ya había encontrado la silueta de su primo, que jugaba entre sus dedos con un cigarrillo. Se le acercó sigilosamente, aprovechando que estaba distraído con la vista del lugar. Tomó la muñeca del rubio y la detuvo en una posición donde pudiera encender su cigarro con el propio.
—llegar antes también es impuntualidad ¿lo sabías?— murmuró mientras exhalaba una gran bocanada de humo.
Suspiro aliviado al ver cómo se encendía el cigarro en su mano. —¡Gracias!— dijo mientras le daba una bocanada. —No, en realidad no lo sabía— negó para después soltar el humo por la nariz. —¿escuchaste sobre lo de la chica Longbottom?. Una fuente confiable me dio a entender que su memoria no fue borrada del todo.— No iba a dar detalles sobre quién le dijo eso. No involucraría a Finnigan en todo ese lío o se arrepentiría toda su vida por hacerlo. Volteo a verlo de reojo esperando su reacción. Por primera vez en su vida se sentía arrepentido de haber hecho algo bueno por alguien. Tal vez si hubiera dejado al Slytherin hacer lo suyo,en ese momento no estaría metido en ese problema.
Asintió —me lo ha dicho muchas veces el reloj suizo andante.— respondió hablando de su padre, antes de calar una vez más el cigarro y retener el humo en su garganta mientras escuchaba el siguiente comentario —sí, escuché. Qué lío. Maldita p…pequeña— soltó después de exhalar. No sabía qué hacer al respecto, pero sí tenía claro que debía actuar pronto para que la chica no hablara de más.
—Ja— dijo en un intento de risa ante el comentario. No estaba seguro pero parecía referirse a Blaise. Ojalá él no fuera una maldita tachuela en el pie como lo era Anthonin. Siempre diciéndole que hacer, que se suponía que estaba bien o mal, con quién se podía mezclar. Puras estupideces. —Tal vez no recuerde nada y sólo lo diga para que alguien se le acerque y le de información— dijo pensativo. —En todo caso..— tragó saliva antes de decir lo siguiente. —¿Que tenemos que hacer con ella?, si es que en verdad recuerda algo. — deseaba desde lo más profundo de su ser que pudieran encontrar una solución no tan violenta al problema.
Se tomó un momento para responder y valorar el comentario. Realmente no tenía nada que ver Liam pero estaba dispuesto a cargar, junto con él, el peso de cualquiera que fuera su decisión para solucionar lo que estaba pasando. Tal vez no compartieran sangre, pero tenían un lazo mucho más fuerte gracias al amor que sentían por sus familias y el deseo de protegerlas. —Tal vez… Con un poco de veritaserum. Es un riesgo mayor involucrar a más personas así que… No lo sé.— bufó, conteniéndose a proponer las soluciones más rápidas pero claro, con mayor repercusión.
—Creo que es una buena opción— ¿porque Anthonin no podía hacer una cosa bien en su vida?. Ya no sabía a quién debía culpar por todo ese asunto. Lo único que sabía con certeza es que se le estaba acabando la paciencia. Termino el cigarro, lo lanzó al piso para apagarlo. Inhaló profundo y luego exhaló no podía creer lo que iba a decir. —¿Quieres que te ayude con eso?. Creo que fácilmente podría.. traerla— o eso esperaba.
—Escuchamos que tiene que decir y dependiendo de eso, buscamos una rápida y efectiva solución— una duda surgió en su cabeza ese momento. La rubia se metió en eso ella sola, en primer lugar, no debería de haber tratado de amenazar a alguien sobre todo a sabiendas que era hijo de un mortifago.
–La verdad no sé a dónde demonios planeaba llegar con eso…– murmuró más para sí mismo, aunque también el contrario logró escucharlo. Estaba completamente perdido, no quería hacer nada que lo perjudicara. Una vez escuchó que su padre, en los tiempos que servía para el que no debía ser nombrado, llegó a hacer cualquier cosa, literalmente cualquiera, por proteger a Pansy. Y Cameron se pensaba listo para igualar sus acciones si volvían a amenazar a su familia. Pero tenía que enfocarse en algo pequeño para empezar, como había dicho Liam, ni siquiera estaban seguros de que realmente recordará el acontecimiento. –¿crees poder hacerla beber el veritaserum? el problema será hacerlo, porque lo último según entendí se terminó con la estúpida travesura del baile. o ¿crees que Slughorn ya tenga más?– sopesó con la colilla extinta aún entre los dedos. –Eso es primero, debemos escucharla…– murmuró, de nuevo intentando convencerse más a sí mismo.
—Ni yo. Fue muy estúpida— dijo con desdén aunque sabía que el comentario no iba para él. Se atrevió a opinar esperando no molestarlo. —creó que puedo tratar de conseguir un poco de veritaserum, lo necesario para hacerla hablar.— uno de sus mejores amigos era muy cercano al jefe de casa de Slytherin. Inclusive se podría decir que eran amigos, así que cabía la posibilidad de que si personalmente él le pedía la poción al profesor, el cedería fácilmente. Sam era bueno inventando excusa, esa cara de niño bueno siempre le ayudaba bastante. —hacer que lo tome, es lo de menos— sonrió malicioso ideando un plan de como haría aquello. —Esta bien. Vayamos por partes— musitó. Aún había esperanza de que la tejona no recordará nada. aunque por lo que Scar le había dicho o mas bien lo que no le quiso decir daba pie a un muy mal presentimiento para él.
No quiso decir ninguna ridiculez cursi pero realmente apreciaba el apoyo de Liam en ese momento, especialmente con un asunto como ese. –Excelente, no esperaba menos, puedes conseguir lo que sea– alentó, además de que era una forma de agradecer sin decir directamente esa frase. –Te… lo agradezco mucho, primo– eso no impedía que la utilizara.
Al contrario de Danielle que tenía cada vez ideas más distintas a las de él. Él pensaba que en esos tiempos tan difíciles lo mejor era mantenerse cerca quiénes ya compartían el mismo peso. A las demás personas como familiares (no involucrados) y amigos eran mejor si mantenerlos lejos. Lo mejor quizás era empezar a alejarse poco a poco de todos para no levantar sospechas. ¿Que iba a pasar con todos sus amigos?, tenía que dejarlos. Si tomar distancia era lo mejor por el momento. —Por nada— Le dio una palmada amistosa en la espalda.
—bueno, rubio de porcelana. Será mejor que bajemos ya. el toque de queda fue hace diez minutos y con todos los visitantes que tenemos, son aún más estrictos— comentó con sarcasmo. Realmente no le importaba la regla nocturna ni ser castigado por romperla. Los puntos de las casas era algo que lo tenía sin cuidado. Con una ligera sonrisa en el rostro, ambos bajaron de la torre de astronomía, y Cameron decidió seguir bajando por las escaleras que lo llevaban al quinto piso. Daría más vuelta pero eso lo libraba del riesgo de encontrarse con la capitana del equipo de quidditch de Gryffindor y su molesta actitud. La invitó a cenar un día por lástima de su reciente rompimiento. No había podido ayudar a Roxanne en nada pero tal vez por ella si habría algo que hacer. Sin embargo la leona lo tomó como una señal romántica y fue muy fastidiosa por mucho tiempo con él.
—Me quedaré un rato más. Te veo más tardé— se despidió con esas palabras y clavó su vista en el cielo se veía tan cerca desde ese punto. ¿Y ahora que iba a pasar?. Odiaba a la hija de Neville por ser tan estúpidamente atrevida. Ya se había metido en ese problema, así que costara lo que costará por mas difícil que fuera, encontraría una solución.
Escuchó un sonido venir de las escaleras y rápidamente sacó su varita comenzando a apuntar al lugar donde se escuchó el sonido.
—Tranquilo Dolohov..
—Creí que no vendrías. Me alegra que lo hicieras— dijo al ver al mayor frente a él. —¿Crees que podrías hacer algo por mi?.
Después de muchos años deseando poder ir a Hogwarts... el gran día había llegado. La pequeña Lily Luna no había podido dormir la noche anterior debido a la emoción, por lo que, a primera hora, ya se encontraba en el comedor en compañía de sus padres, mismos que no paraban de reír al escuchar las atropelladas palabras de la pequeña sobre lo bien que se la pasaría en Hogwarts y lo mucho que aprendería allá.
Cuando sus hermanos finalmente despertaron, la pequeña ya había terminado de guardar sus pertenencias en el baúl que llevaría en el castillo, cepillado sus dientes y cabello, dejado pequeñas caricias en Bruce (su pequeña mascota, la cuál, era un pequeño gatito de color negro) y vuelto a su lugar en la mesa, esperando a que James y Albus se dignaran a bajar para finalmente ir a King Cross, donde la pequeña por fin experimentaría su primer viaje al mejor colegio de magia y hechicería en el mundo entero. Los chicos estuvieron listos para partir a las 10:15 de la mañana, llevando a Harry a decidir que la mejor manera de llegar a la estación de trenes era con la ayuda del transporte muggle, por lo que el papá de los jóvenes decidió llamar un taxi que los recogería en un punto cerca del Valle de Godric. Tras quince minutos de viaje, la familia Potter Weasley llegó a su destino, con una pequeña Lilu que no cabía de la emoción al encontrarse, por fin, ante su primer año acompañando a sus hermanos mayores al lugar con el que estuvo soñando visitar durante años.
Tras despedirse de sus papás (y prometer que trataría de portarse bien una y otra vez), Lily Luna subió al tren junto a sus hermanos, mismos que se encontraban en un vagón que compartían con un par de sus primos: la pelirroja, con emoción, corrió a saludar a Fred, Molly, Lucy... sonrió con emoción a Hugo y alzó una mano que movía de lado a lado en el aire hacia Rose. A pesar del nerviosismo, a la más pequeña de los Potter le servía el hecho de estar rodeada de sus primos, en un ambiente cargado de positivismo, mismo en el que se sentía apoyada por las personas que más quería en el mundo.
Cuando finalmente llegaron a Hogwarts, Lily y Hugo se despidieron de sus familiares, mismos que les recordaban una y otra vez que todo estaría bien... y que no había porqué estar nerviosos. Con emoción contenida, los primos se miraron fijamente durante un par de segundos y, tras asentir suavemente, unieron sus manos para armarse de valor y comenzaron a caminar hacia la grave voz de Hagrid, el cuál, estaba llamando a los de primer año para iniciar su pequeño viaje al castillo. Al estar frente al semi-gigante, éste los saludó con efusividad, felicitando a ambos por seguir con la tradición familiar. Los tres hablaron durante un par de minutos hasta que el momento de partir llegó, y Hagrid los invitó a ir en la misma barca que él, en compañía de otros dos jóvenes que, como era de esperarse, no conocían.
El primero era de cabello rubio como el sol, mismo que Lily pensó que podría llegar a tener un par de destellos dorados durante el día. Sus ojos eran tan azules como el cielo, y parecía menos nervioso que Hugo y su persona. El segundo era completamente lo opuesto: su cabello era castaño (¿tal vez chocolate?), así como sus ojos, los cuales, demostraban cierto temor a esta nueva aventura. Sobre el bote, el segundo joven se presentó ante Lily y Hugo, dejándoles saber que su nombre era Samuel Finnigan. A pesar de que el joven de cabello rubio no hablaba, Lily estaba disfrutando en demasía su primer viaje a través del lago, mientras miraba a su alrededor para tratar de encontrar al calamar gigante.
Conforme los minutos pasaban, la joven gritó con emoción al ver un tentáculo asomarse por el agua, casi como si le diera la bienvenida al castillo. Sin pensarlo dos veces, ésta decidió acercarse más al agua, tratando de tocar con suavidad la piel del mismo. Debido al peso de la joven (y a la gravedad misma), sólo bastó un segundo para que Lily, dando un grito, cayera al agua, misma que se encontraba más fresca de lo que esperaba.
Temblando ligeramente, la joven comenzó a mover lentamente sus piernas; nadar para mantenerse a flote era primordial. Al alzar la mirada hacia Hagrid, escuchó a éste lanzar una maldición, pensando en qué hacer... mas un par de fuertes manos se le adelantó. Éstas tomaron a Lily con cuidado y, sin problema alguno, la depositó de nueva cuenta en la pequeña lancha. Sorprendida, y empapada de pies a cabeza, la joven admiró al rubio de ojos azules que la miraba con una ladina sonrisa, mirándola con cierta expectación en su rostro, como si esperara una respuesta sobre su estado.
Sin más, Lily alzó una mano hacia él, devolviendo la sonrisa juguetona que adornaba su rostro: “Hola, soy Lily Luna... y gracias por salvarme del lago.” Ante aquella frase, el rubio tomó la mano de la pelirroja, presentándose como Liam; acto seguido, el joven posó su túnica sobre los hombros de la pequeña Potter para ayudarla a entrar en calor.. Después de aquél pequeño intercambio, los cuatro jóvenes entablaron una amena conversación, emocionados ante la idea de ingresar finalmente al castillo y descubrir en qué casa quedarían.
Cuando entraron al lugar, los cuatro jóvenes entreabrieron los labios, sorprendidos por la belleza del mismo. Conforme continuaban con su camino, los nuevos estudiantes eran bienvenidos por los cuadros, mismos que les aseguraban que todo estaría bien. Cuando finalmente alcanzaron el punto mayor en la escalinata, el profesor Longbottom (o tío Neville, como ella le decía) estaba esperándolos, listo para dejarles saber a los alumnos de primer año que, tras entrar al Gran Comedor, lo primero que se llevaría a cabo sería la selección.
Después de aquel pequeño discurso, Neville los instó a seguirlo, recordándoles que no había nada que temer. Y así fue como, acto seguido, el sombrero seleccionador les dio la bienvenida con una canción, misma que hablaba sobre como el colegio había sido fundado. Al acabar la misma, los alumnos aplaudieron con emoción, dando así una apertura para que el profesor Longbottom comenzara a llamar a cada uno de los alumnos, mismos que pasaban de uno a uno para descubrir en qué casa quedarían.
Algunos eran asignados apenas el sombrero tocaba su cabeza, otros parecían necesitar más tiempo para ser asignados... Y conforme el tiempo pasaba, Lily se ponía más nerviosa. De los chicos con los que había compartido viaje, dos ya habían pasado: tanto Samuel Finnigan como Liam Dolohov habían quedado en la casa de los valientes, como casi toda la familia Weasley, también.
Finalmente, Lily escuchó como pronunciaban su nombre, casi como si esto sucediera a lo lejos: “Potter, Lily Luna.” Con nerviosismo, una Lily de piernas temblorosas caminó hacia el taburete, recibiendo una cálida sonrisa de parte de Neville... y de la directora del castillo, misma que parecía tratar de transmitir un poco de valor en ella. Acto seguido, la joven tomó asiento y permitió que le pusieran el sombrero, mismo que comenzó a hablar con la joven:
—Interesante, interesante... veo en ti el fulgor Weasley, ¿sabes? Eres tan valiente como tus padres, y serías un aporte increíble a la casa de los leones, pero... Aún hay más. Veo una gentileza digna de un Hufflepuff, así como la ambición de las serpientes... Vaya, pequeña Potter, eres todo un estuche de monerías, ¿no es así? Pero dime, anda... ¿tú te ves en alguna de estas casas?
—Bueno... siempre pensé en Gryffindor como la opción más segura para mi.
—Claro, claro... ¿pero sabes? Esta respuesta me indica que no eres una persona de impulsos, es algo que has pensado desde años atrás. Eres lista, muy lista... y por lo tanto, creo que la mejor opción para ti sería... ¡RAVENCLAW!
Aliviada, Lily pegó un pequeño salto del taburete, sonriendo a Neville antes de encaminarse a la mesa adornada con azul y plata, lugar donde la esperaba ya su prima Rose, felicitándola por haber quedado en la mejor casa del castillo (palabras de ella, mismas que Lily confimaría con el paso de los años). Así fue como la noche de Lily transcurrió con tranquilidad: entabló conversación con alguno de sus compañeros, conoció nuevas personas... y estaba emocionada por conocer la sala común de los Ravenclaw.
Cuando la cena finalmente acabó, la joven se vio rodeada de sus primos: Fred la había tomado entre sus brazos, felicitándola por demostrar que ella era la lista de la familia; James había revuelto ligeramente su cabello y besado su frente, y Albus simplemente la abrazó con firmeza, diciéndole que se sentía orgulloso de ella. Con emoción, los Weasley continuaron hablando antes de separarse para ir a sus casas: había varios grupos de alumnos a su alrededor, incluido un grupo de Slytherins que miraban en la dirección de éstos con gesto burlón.
Uno de ellos, que parecía de la edad de Albus, simplemente se acercó a él, aún con aquella sonrisa burlona en el rostro:
—Vaya, Potter... no sabía que tenías una hermana pequeña. ¿Ella también es como tú? ¿También tendrá a James atrás para defenderla de todo y todos? ¡O ya sé! Al profesor Longbottom... Y no es necesario que respondas, Potter: de seguro es tan patética como tú y el resto de tu familia.
Al escuchar aquello, un silencio cargado de tensión reinó en el ambiente. Fred había tomado a James del brazo, firmemente, mientras le pedía que no hiciera nada, que no se metiera en problemas... pero nadie le había prestado atención a la más joven de los Potter, misma que ahora caminaba con firmeza hacia el Slytherin. Las mejillas de Luna se encontraban casi tan rojas como su cabello, y su enojo la impulso a no usar las palabras... sino los puños.
Lily había aprendido a defenderse gracias a James y Fred, y en aquel punto, la joven ni siquiera escuchó a Hugo (que estaba en compañía de Liam y Sam) decir un “¡no lo hagas, Lily!” ya que se encontraba ocupada dejando un puñetazo en el rostro de aquella serpiente, mismo que cubrió su ahora ensangrentado labio con ambas manos, mirando a la joven en shock.
Sin más, esta se acercó a él, encarándolo para simplemente decir:
—Si te metes de nuevo con mi hermano o mi familia... Te prometo que te irá peor. Espero que te quede claro, o la próxima vez no será solo tu labio el que sufrirá, ¿entendiste?
Tras haber dicho aquello, la joven regresó sobre sus pasos, sonriendo de manera ladina ante la sorpresa de su familia: Lily siempre había sido tratada como una princesa, como si fuera de cristal... pero eso sólo la había llevado a querer aprender a defenderse, ¡y a defender a su familia! Con delicadeza, la joven posó una mano sobre el hombro de Albus y añadió:
Qué nudo, definitivamente había superado a George anudando corbatas. Era el último en la habitación, todavía tenía tiempo así que se fijó por última vez frente al espejo de cuerpo completo de James que su traje se viera bien. Acto seguido bajó a su sala común, donde chicos nerviosos y chicas ansiosas con vestidos de todos colores contaban los segundos para que el baile comenzara.
Salió por el retrato de la señora gorda y bajó con calma las escaleras, se sentía un poco extraño pues en los bailes anteriores las cosas no habían resultado exactamente tranquilas. Siguió su camino y al llegar a la escalinata principal y no tener señal a simple vista de su novia, decidió seguir descendiendo hacia las bodegas y husmear un poco en la sala común de los tejones. Llegó al ultimo tramo de escaleras y logró ver saliendo de la puerta circular a esa morena que sentía llevaba meses sin ver (aún cuando la invitó al baile casi en cuanto supo que era el campeón del colegio, después de todo es tradición del torneo). Sintió que bajaba en cámara lenta, mientras ella acomodaba su vestido en el suelo y volteaba hacia donde él estaba.
–Wow, esto si que es nuevo. Generalmente es la chica quien baja por las escaleras sonriéndole realizada al galán que la espera al pie– comentó Gala con esa hermosa sonrisa que siempre tenía para él. Fred la alcanzó, tomó su mano y dejó sobre ella un beso suave antes de ofrecer su brazo para escoltarla hacia arriba.
Cuando llegaron a la puerta del gran comedor Gala se disculpó un momento para ir a saludar a sus dos mejores amigos, quienes esperaban a sus citas. Weasley se acercó al umbral del gran comedor donde había otra persona mirando desde ahí todo el trabajo que la señora Greengrass había hecho con la decoración. –Se ve mucho mejor que el del último torneo ¿no?–