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Elizabeth Brewster (1922): De donde vengo
La gente está hecha de lugares. Llevan con ellos
fragmentos de selvas o montañas, la gracia del trópico
o los fríos ojos que miran al mar. Atmósfera de ciudades
tan distintas gotea en ellos, el olor a humo
o el casi inexistente de los tulipanes en primavera,
la naturaleza ordenada en cuidadas plazas
con una fuente en su mitad; olor a museo,
el arte también ordenado en una guía;
o el olor a trabajo, quizá a fábricas de pegamento,
oficinas de cromo plateado; olor a metros
abarrotados en hora punta.
Allí de donde vengo, la gente
lleva bosques en su mente, acres de pinar;
retales de grosellas en el arbusto exhausto;
granjas de madera, viejas, con falta de pintura;
corrales donde gallos y gallinas dan vueltas,
cloqueando sin sentido; temblorosas escuelas
donde crecen violetas. Primavera e invierno
son las estaciones de la mente: el hielo y la rotura del hielo.
Una puerta abierta hay en la mente, allí sopla
el viento helado desde campos de nieve.
Traducción de Fruela Fernández
El que se vive
- Mi hermano es una de las escasísimas personas que me resultan conocidas -dijo Johanna-, y a veces tengo la impresión de que la realidad no le resulta creíble hasta que, fotografiada por uno de sus aparatos, la ve ante sí y puede perderla por sus bolsillos y mapas y traerla de vuelta a la luz; por eso no experimenta nada hasta que ha pasado y se ha ido hace mucho, hasta que sencillamente se le ha escapado. Antes de poder experimentar algo, a menudo debe haberse pasado muchas horas sentado en su cámara oscura.
Gert Jonke (1977): Schule der Geläufigkeit
El traductor no es automático
Gottfried Benn (1886 - 1956): Novia de negro
Acostada yacía en cojines de sangre oscura
la rubia nuca de una mujer blanca.
El sol se enfurecía en su cabello
y lamía el claro muslo
y se arrodillaba ante los pechos, más oscuros,
no deformados aún por vicio y parto.
Un negro junto a ella, deshechos por coz de caballo
los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo metidos
en la blanca orejita de la mujer.
Y ella aun así yacía, dormida como una novia:
al borde de la felicidad del primer amor,
justo antes de iniciar las ascensiones
de la cálida sangre joven.
Hasta que se hundió
la cuchilla en la garganta blanca
y un delantal de sangre muerta
le cubrió las caderas.
Traducción de Fruela Fernández
Kenneth Koch (1925-2002): La magia de los números
1 Qué extraño fue oír cómo arrastraban los muebles por el apartamento de arriba. Yo tenía veintiséis, tú veinte. 2 Me preguntaste si quería correr, dije que no y seguí de largo. Yo tenía diecinueve, tú siete. 3 Sí, pero ¿de veras le gustamos a X? Ambos teníamos veintisiete. 4 Te pareces a Jerry Lewis (1950). 5 El abuelo y la abuela quieren que vayas a cenar a su casa. Tenían sesenta y nueve, yo dos y medio. 6 Un día, cuando tenía veintinueve años, me encontré contigo y no pasó nada. 7 No, por supuesto que no era yo el que vino a la biblioteca. Ojos marrones, mejillas sonrojadas, pelo castaño. Yo tenía veintinueve, tú dieciséis. 8 Después de que hiciéramos el amor una noche en Rockport, salí y besé la carretera. Me dejaba llevar. Tenía veintitrés, tú diecinueve. 9 Yo tenía veintinueve, tú también. Fue un tiempo apasionado. Todo cuanto leía se convertía en una historia sobre nosotros, y todo cuanto hacía se convertía en un poema.
Traducción de Fruela Fernández
Diario mudanza
algunas traducciones para un traslado en las Vacaciones aún más críticas de DVD Ediciones.
Bertolt Brecht (1898-1956): Cuando fui a Saint Nazaire
Cuando fui a Saint Nazaire me volví sin pantalones. Pronto hubo un griterío: ¿Dónde están tus pantalones? Dije: casi en Saint Nazaire, está muy azul el cielo - demasiado alta la avena, demasiado azul el cielo.
Traducción de Fruela Fernández