@pvntodefvga
Tristal Grisha, hijo de campesinos, demostró aptitudes mágicas desde una temprana edad. El niño, apenas alcanzando la pubertad, fue enviado a la prestigiosa escuela de Ban Ard, proclamando su honor entre otros varones hechiceros y moldeándose como un prometedor discípulo. El mago, con altas habilidades, se volvió una pieza crucial en el engranaje de la academia, encontrando su posición en el rango interno y olvidando la pobreza que una vez carcomió sus huesos. Desde entonces, se convirtió en un humilde siervo.
En los días anteriores, Tristal cabalgó extensos terrenos, con el cielo abierto y las rocas en su camino. El rubio fue encargado de un crucial recado, portando una pieza incalculable hasta su codiciado destino… superando la sequedad de sus labios y los temores del camino. El hombre se adentró sin remilgos en una zona boscosa, cautivándose del cantar apagado de los pájaros y el roce del viento contra las ramas de los árboles… cuando una bestia de proporciones nefastas aterró el relieve de su caballo.
Grisha se lanzó hacia un lado, brotando sobre la tierra y demacrando una expresión tensa, mientras la tela de su capa danzaba en el éter. La joven promesa encontró el equilibrio a duras penas, mientras resurgía el alto de su anatomía y creaba un hechizo maniobrando sus manos… hasta formar una esfera de aire que impulsó contra la terca piel de la criatura. El impacto fue mínimo, rompiendo el silencio con un gutural rugido y dibujando desafiante sus oscuros ojos. El hechicero jadeó, tensando los músculos y preparándose para una emboscada…













