Con su pequeño designado tomado de la mano, la doncella se dirigió a la primera persona que cruzó el corredor principal del palacio; el infante sostenía un lápiz y un cuaderno que estaba dispuesto a dar uso en un momento. “Estoy segurísima de que querrías ser modelo para este hermoso artista. El primer retrato será gratis, sólo para demostrar el talento que tiene. El resto serán de precios acomodados al bolsillo de cada uno, ¿verdad, Valentin?” preguntó al menor, quien esbozó una sonrisa al escuchar las palabras amables de la castaña; ella a su vez, dejó un casto beso sobre la frente de él. “Di que sí, es un verdadero Da Vinci” pidió otra vez la muchacha.












