FOR THE TIME BEING
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FOR THE TIME BEING
You don't understand how much hope this words gave me
Tweetlonger da Camila
"Então, é isso. Então, harmonizers, é isso. Finalmente chegou o dia (ênfase no FINALMENTE !!!!!). Além destas palavras reside nosso primeiro álbum de estréia como Fifth Harmony: REFLECTION. Nós estendemos a vocês um convite formal para a jornada que iniciou no ano passado. Mas você sabe o que tornou isso possível? Você. Sim, você aí mesmo. E aqui está o que eu quero dizer para você. Se você está em uma festa do pijama com sua melhor amiga mostrando suas habilidades de rap inspiradora, eu queria que eu estivesse lá com você para bagunçar as palavras do rap do Tyga em Like Mariah. Se você estiver ouvindo uma das canções tristes sozinho em seu quarto porque alguém deixou você para baixo, eu queria que eu estivesse lá com você dizendo para você aumentar os alto-falantes, porque a batida de We Know / This Is How We Roll pode curar qualquer coisa que está quebrado. Se você precisa de um pouco de impulso de confiança, eu desejo que eu estivesse lá com você para procurar um tutorial de dança de Reflection pedindo para você me ensinar a fazer o Nae Nae porque Deus sabe que eu não consigo. Nós cantaríamos Brave Honest Beatiful no topo dos nossos pulmões quando nos sentimos que precisamos celebrar a nós mesmos. Depois de tudo que nós iríamos rachar de rir e eu gostaria de te dizer que eu tenho sorte de ter você e relembrar o quanto nós crescemos no ano passado, porque, assim como nós crescemos, vocês estiveram lá conosco. Acho que o que estou tentando dizer é: este álbum é para você. É pra isso que a música serve. É para estar ali com você. É para todas as lágrimas nos shows e todos os gritos de vitória este ano, é para os abraços no meet and greets e as piadas do fandom e por estarem lá como uma família. O maior obrigado do mundo vai para você. Temos a sorte de ter pessoas como você nos apoiando. Obrigado por me inspirar, espero que este álbum inspire. Eu te amo."
"Yes I was cheated on. Yes it does suck. Yes I was left for another man. And this happens everyday to so many people of every age, gender, race. I happen to be one of those people and I'm in a situation where I am constantly reminded of it every day. Like anyone who has been cheated on, it has been tough for me but I'm finally ready to move on. Once you are cheated on you should never go back and I did because I wasn't ready to give up on love and something that was everything to me. I wasn't ready to give up on something that was causing me to smile and be happy day in and day out. That's what relationships do, they make you the happiest person in the world and all of a sudden a miserable wreck. That is why if you know someone who is in a relationship, I'm begging you to please not interfere with that, because you are going to destroy someone and crush their world. Nathan may be a top bloke or a sweet person, but what he did was just completely wrong. He interfered with my life and did not respect my relationship, his actions caused me to not be able to sleep at night and not see the world as a beautiful place. Nathan if you read this, when you hold her hand you better hold it tight because you are holding my world. I do wish you two happiness and a good life and hope everything works out. Through all of this I have been able to mature as a person and grow up and have learnt a lot about myself. I have learnt how to find happiness on my own without relying on anyone else. I'm not going to go into the full story of what happened because it isn't anyone else's business and I'm just not ready to. Today was supposed to be our one year anniversary but instead I'm writing this. Do you know how shit this makes me feel? How crushed it makes me feel? But I'm doing this to protect myself from the endless hate I am getting and for those who have lost respect for me when I haven't done anything wrong. I'm seeing this post as moving on, ending peoples continuous questions to me which keeps reminding me about what happened. I hope you can read this and it is enough for your questions to stop because I really can't keep being reminded of it every single day of my life and it is not healthy. It's better to end everyone's questions now than to keep it going for the rest of my life which will slowly destroy me and not allow me to move on. I'm starting to get back on my feet and smile again. Yes I do miss her and still love her but I need to start thinking of myself and do what is best for me. You may or may not believe me, that is up to you and I'm not going to force you to, but just know I would never make up a lie about something like this, it's far too serious. She may not respond to this post, may ignore it, may deny it or may own up to it, she is going to do what's best for her and do what she thinks is right, which is what I'm doing, doing what I think is the best for me- I hope you can respect that. Please stop the endless questions to me and move on with me and let's put everything behind us. Thank you to those who have been supporting me, helping me smile and being there for me through a day to day basis. Like I said this post does make me feel like shit but I feel it's the best thing for me, I'm looking out for myself. Thank you everyone. Here is to a great life."
If this didn't make you cry then nothing can do it </3
Ishknar, el Jinete niño.
Hace no demasiado tiempo, en un pequeño pueblecito al norte de Terim, vivía un muchacho llamado Ishknar. Era un poco mas pequeño que tu, tendría unos 6 años. Ishknar había crecido oyendo las historias que contaban los mayores sobre los Jinetes y sobre la caída del malvado rey Galbatorix, así que sus sueños y fantasías estaban poblados por grandes dragones de escamas brillantes que surcaban el cielo con sus Jinetes.
Un día, a su aldea llegaron unos visitantes. Eran dos elfos altos y fuertes que tiraban de un carro con sus corceles blancos. Todo el pueblo les recibió con gran alegría pues eran los portadores del huevo de dragón entregado a los humanos por la Orden de los Jinetes, que iba viajando de pueblo en pueblo en busca de aquel que fuera elegido por el dragón para ser su Jinete. Esa noche se organizó una gran fiesta con bailes y bebida para todos. Estaban muy emocionados porque, aunque sabían que las posibilidades de ser elegidos eran escasas, la esperanza hacia latir sus corazones un poco más deprisa. Ishknar, en cambio, estaba tranquilo. Estaba seguro de que el dragón no le escogería a el. Era un niño menudo, no demasiado fuerte, ni demasiado hábil… Si alguien de aquel pueblo iba a convertirse en Jinete de Dragón no iba a ser él. Sin embargo, en lo mas profundo de su ser, aquello le llenaba de pesar.
Al día siguiente, Ishknar hizo su lugar en la cola como todos los demás. En cierto modo, temiendo el momento en el que posara la mano sobre el huevo y nada sucediera. Así que, cuando, un rato más tarde, aquel orbe plateado comenzó a vibrar y a resquebrajarse al contacto de su piel, no pudo hacer mas que abrir unos ojos como platos y contemplar el nacimiento de su dragón.
Le llamó Bokmal y se convirtieron en grandes amigos. Al principio, no abultaba más que una rata grande o un gato e iba siempre subido a los hombros de Ishknar. La gente pronto se acostumbró a pensar en ellos como una unidad. Y es que hasta para dormir, el pequeño dragón se acurrucaba en el regazo del niño y pasaban la noche abrazados. Tenia las escamas blancas como la nieve, tan brillantes que por la mañana resultaba incómodo mirarle directamente. A todos menos a su Jinete. A él nunca le molestaba que su dragón deslumbrara un poco. Según fue creciendo, comenzó a corretear detrás de él mientras jugaban con el resto de chicos del pueblo. Fueron días de gran felicidad para ellos.
Sin embargo, una mañana, el día que se cumplía exactamente un mes de la llegada de la comitiva del huevo al pueblo, los elfos fueron a la casa de Ishknar con terribles noticias. Había llegado el momento de partir. Al principio, el niño pensó que se referían a ellos. Que tenían que irse a su casa. Lo cual le daba pena porque los elfos eran grandes cuentacuentos, pero pronto comprendió que lo que querían decir era que él tenia que irse. Como todo Jinete, tenia que viajar y enfrentarse a su entrenamiento y eso suponía separarse de sus seres queridos. De la tierra donde había nacido.
Ishknar se negó. Se abrazó a la pierna de su madre y lloró durante un día entero pidiendo que le dejaran quedarse allí. Que no quería irse con ellos. Bokmal, el pequeño dragón blanco, lo pasó verdaderamente mal. Se le veía vagando como un alma en pena alrededor de su Jinete. Mientras éste se deshacía en lágrimas, el pobre Bokmal sufría su angustia a través del vínculo mental y además se sentía responsable de la terrible situación. Pero espera, lo peor llegó a la noche. Con los ojos enrojecidos por el llanto, Ishknar se acercó a la pareja de elfos y les dijo señalando a Bokmal:
- Podéis llevároslo. Yo no lo quiero. Me quedo aquí. Que otro sea Jinete en mi lugar!
Un silencioculpable alrededor de su Jinete mientr sepulcral se hizo en el rellano de la casa. Los padres de Ishknar se habían quedado blancos ante el despropósito que había salido por la boca de su hijo. Para ellos, ser Jinete de Dragón era el mayor honor que una persona podría llegar a soñar, y él lo estaba rechazando. Sin embargo la mirada de los elfos no tenia nada que ver con la consternación de los padres. Sus ojos destilaban furia y hablaron en un tono autoritario que no habían empleado antes en ningún momento:
- ¿Que no lo quieres?, ¿Es eso lo que estás diciendo? No se si eres consciente de que no hablas de un perro o un pájaro que puedes tener como mascota y luego soltarlo en el campo si te cansas de el. Los dragones son seres libres. E inteligentes. Él te eligió a ti. Por alguna razón que no acierto a comprender, y ahora vuestros destinos están ligados, para siempre. Pero eso, y que tu, mocoso, poseas a tu dragón, son cosas muy distintas. No es tuyo. No es tu mascota. No es un mero animal. Es tu compañero. Hasta el final de tus días. Así que vete acostumbrando.
Acto seguido miraron a los padres de Ishknar y ordenaron:
- Que esté listo para mañana. Partiremos al despuntar el alba.
Y salieron de la casa dando un portazo.
Unos sonidos lastimeros eran lo único que hendía el denso silencio que había quedado tras la marcha de los elfos. Los padres estaban abrazados al pie de la escalera, aun en tensión. Tratando de asimilar lo que había ocurrido. Ishknar estaba en medio del recibidor, asustado. De tanto en tanto un temblor sacuda su pequeño cuerpo como si fuera a romper a llorar de nuevo pero ningún sonido salía de su boca, ninguna lagrima corría por sus mejillas. Bokmal, en cambio, estaba acurrucado en una esquina y se tapaba la cabeza con las alas mientras emitía leves quejidos. El joven Jinete tenia sentimientos encontrados. No quería irse. Por nada del mundo. Pero lo que habían dicho los elfos era verdad. Él lo sabía. Notaba la tristeza de Bokmal al sentirse rechazado a través del vinculo que había entre ellos y, de repente, todos los recuerdos del último mes junto a él atravesaron su memoria a toda velocidad. El muchacho sintió nauseas. Comprendió la magnitud de lo que había dicho y se lanzó hacia la esquina tomando al dragón en brazos.
- Bokmal, amigo, ¿podrás perdonarme?, De veras que no quería decir eso! Tu sabes que no lo pienso! Tu sabes lo que siento de verdad! Igual que yo se lo que sientes tú…
Miró al dragón con el corazón en un puño, preparado para recibir su reproche, pero, en cambio solo percibió comprensión. Miraba al niño y a sus padres alternativamente y enviaba esa cálida sensación de comprensión. Dragón y Jinete se fundieron en un largo abrazo.
- Siempre estaremos juntos. No dejaré que nada se vuelva a interponer entre nosotros como la Orden de los Jinetes se ha interpuesto entre mi familia yo. – dijo Ishknar.
Ese fue el momento en el que se creó uno de los lazos mas fuertes que ha habido nunca entre un Jinete y su dragón. Pero al mismo tiempo, también se forjó un odio secreto hacia la Orden que tardaría bastante en extinguirse del todo.
A la mañana siguiente con las primeras luces del dia, ambos compañeros se despedían de la vida que habían conocido y partían en el carromato donde viniera el huevo. Mientras veían alejarse a los padres de Ishknar y éste agitaba una mano en señal de despedida, el nudo de su garganta fue derivando en sueño gracias al traqueteo y pronto se quedó dormido acurrucado con Bokmal como si juntos pudieran superar las penas de aquel forzoso viaje.
Viajaron durante muchos días y muchas noches. De tanto en tanto paraban en algún pueblo para reponer provisiones y dejar descansar a lo caballos, pero éstos no parecían sufrir las adversidades del viaje. Dado que la situación con los dos elfos era un tanto tirante, Ishknar pasaba todo el tiempo hablando con Bokmal. Le habló de todo lo que una persona puede hablar, del pueblo, sus costumbres, sus amigos, de la escuela… Al principio el dragón solo respondía por medio de sensaciones e imágenes mentales pero según fueron pasando los días, comenzó a utilizar algunas palabras y al cabo de un tiempo ambos podían tener una conversación perfectamente fluida en el lenguaje humano. También el niño aprendió a dominar el vinculo que les unía, de modo que ya no tenia que articular cada palabra en voz alta sino que se comunicaban a través de la mente.
Unas tres semanas después de su partida, llegaron a Du Weldenvarden. El bosque era impresionante. Los árboles se alzaban por encima de sus cabezas hasta casi perderse de vista y los arbustos colonizaban el suelo. Recorrieron un sendero que les llevó hasta la capital del reino de los elfos, donde conocieron a la reina. Su nueva maestra. Era joven y hermosa y junto a su dragón verde esmeralda formaba un dúo hechizante. Sin embargo era dura y exigente e Ishknar y Bokmal no querían saber nada de entrenamientos. Solo querían volver a su aldea, donde eran tan felices. Por más que trataron de explicarle esto a su maestra, no les comprendió. Ella solo veía su negativa a aprender. Les daba voluminosos tratados del idioma de los elfos para que lo estudiaran y les obligaba a practicar con la espada. Pero no se puede obligar a alguien a aprender si no quiere hacerlo. Y la elfa pronto se dio cuenta. Y no volvieron a verla hasta mucho, mucho tiempo después.
Solo hacía 10 días que habían llegado a la ciudad y ya estaban de nuevo camino. Por un instante creyeron que les harían caso, que les devolverían a su casa por fin. Nada mas lejos de la realidad. Montaron en un barco y navegaron de un rió a otro dejando atrás el bosque y una gran llanura, adentrándose en una región rocosa y abrupta donde no crecía gran cosa. Bokmal aprendió a volar durante ese viaje y pasaba el tiempo revoloteando alrededor del barco mientras Ishknar le miraba y soñaba con el día en que pudiera montar sobre el y huyeran juntos de vuelta a casa.
- Podríamos intentarlo - Le decía Bokmal mentalmente.
- De ninguna manera, Bokmal. ¡Peso demasiado! Aun tienes que crecer más y lo sabes. Además, ¿Adonde iríamos? No tenemos ni idea de dónde estamos ahora mismo. – Respondía Ishknar de modo tajante, aunque apesadumbrado.
Así que la travesía continuó durante prácticamente un mes más, cuando llegaron a un gran lago de aguas oscuras. De la superficie del agua emergían grandes formaciones rocosas de color blanco con diferentes formas a cual más retorcida. Algunas formaban incluso agujeros y túneles. Ishknar comenzaba a hacerse una idea de donde se encontraban. Había leído sobre Du Argetfell en la escuela. La montaña de Plata. La sede central de la Orden de los Jinetes de Dragón. Donde estaban los corazones de los antiguos dragones y residían y aprendían los Jinetes que habían superado su entrenamiento en Alagaësia. Un lugar de ubicación secreta solo revelada a aquellos que era estrictamente necesario.
De pronto los vieron. Volaban en formación, trazando una punta de flecha en el aire y sin desviarse lo más mínimo. Todo un escuadrón de dragones de distintas tonalidades, con sus Jinetes a la espalda surcaban el cielo desde la fortaleza que estaba en lo alto de la montaña que se alzaba en el medio del lago, en dirección a su barco. La tripulación, unos elfos muy silenciosos, salieron a aguardar al comité de bienvenida, mientras que Bokmal se posaba en la cubierta y se agazapaba junto a Ishknar en la popa.
El Jinete que abría la formación bajó hasta su altura y, con un ágil salto, se dejó caer en la embarcación mientras su majestuosa montura volvía volando al risco en el que esperaban los demás. Intercambió unas pocas palabras con los elfos pero enseguida les disculpó con una inclinación de cabeza y mientras ellos volvían al interior, se acercó al niño y al dragón. Vestía ropa sencilla y gastada, nada de lujos ni distintivos, sin embargo era él. Ishknar no tenía ninguna duda. Él era Eragon, Asesino de Sombra y de Rey. El líder de los Jinetes. Se agachó para ponerse a la altura del pequeño y cogiendo su mano y mirándole a los ojos con una tranquilizadora sonrisa dijo:
- ¡Bienvenido Ishknar! – acto seguido se dirigió al dragón – Y bienvenido tu también, Bokmal. Es un placer daros la bienvenida a Du Argetfell, mi casa, la vuestra y la de todos nosotros – señaló al grupo de Jinetes que esperaban sobre las rocas. – Aquí siempre seréis bien recibidos.
El pobre chico no sabía que decir. No esperaba que supiera su nombre, ni que fuera tan amable. Esperaba más bien a alguien aun más inflexible que su maestra anterior. Que les exigiera explicaciones por su mal comportamiento y les castigara de alguna manera. De modo que lo único que pudo hacer fue quedarse mirando alternativamente a Bokmal y a Eragon con la boca medio abierta.
- Oh, vamos! – Se rio Eragon – No pensarías que no iba a preguntar como se llamaba el nuevo Jinete que venía, ¿no?
Ishknar se vio obligado a recuperar el control de sus labios para responder. Sacudió la cabeza y balbuceó:
- N-no, no, claro que no…señor – añadió apresuradamente.
La expresión del hombre cambió de golpe, pasando de una sonrisa tranquilizadora a una divertida, como si le hubieran contado un chiste.
- ¿Señor?, ¿De verdad? – Se rió con ganas – No, por favor, llámame solo Eragon, o en todo caso ebrithil, pero eso dejémoslo para cuando empieces tu entrenamiento.
Una sombra de tristeza cruzó el rostro de Ishknar. Al final todo se resumía en lo mismo. Ellos no querían formar parte de eso. Ya lo habían decidido. Y no iban a cambiar de opinión por mucho que les llevaran a todos los lugares secretos del universo. Eragon se dio cuenta rápidamente de que algo no iba bien así que le preguntó:
- ¿Que te preocupa, pequeño? – Miró hacia atrás y pronunció unas palabras que Ishknar no comprendía. – Ahora puedes decírmelo. Nadie mas que yo puede oírte. ¡Es magia! – De nuevo aquella sonrisa.
Había algo en aquella expresión que le inspiraba confianza. Él no era como los otros que había conocido. Miró a Bokmal en busca de aprobación y éste envió una señal afirmativa con su mente. El dragón también quería confiar en aquel Jinete que había llegado, literalmente, del cielo.
- Verás, Bokmal y yo… – se detuvo porque no sabia como comenzar.
- Tómate el tiempo que necesites, no tenemos que ir a ningún sitio. – Trató de tranquilizarle Eragon.
- Nosotros no queremos estar aquí. – Logró articular finalmente. – Solo queremos volver a casa.
Según lo dijo se sintió tremendamente estúpido por pensar que aquel desconocido iba a entenderle. La voz se le quebró y comenzó a llorar de nuevo, con las lágrimas que habían quedado encalladas en sus ojos el día que abandonó su casa. Para su sorpresa, Eragon atrajo su cuerpo hacia sí y le ofreció amablemente su hombro mientras le abrazaba afectuosamente. A través de su vínculo mental, Ishknar notó como el avezado Jinete trataba de confortar también a Bokmal por medio del contacto mental. Lloró durante lo que le parecieron horas aunque en realidad solo fueron unos minutos y después, despegó la cara del hombro de Eragon. Se limpió los ojos con la manga de la camisa y le miró buscando respuestas. Él se tomó unos segundos antes de hablar y cuando lo hizo, comenzó a relatar una historia. Una historia de viajes, aventuras y peligros, de amor, amistad y traición. Una historia cuyo desenlace Ishknar conocía al dedillo, sin embargo no era eso lo que Eragon pretendía hacerle llegar. Le habló de los Ra-zac, de la muerte de su tío, de la muerte de su propio padre, cuando ni siquiera sabia que lo era; de una gran cantidad de pérdidas a las que no habría tenido que hacer si no hubiera sido Jinete de Dragón. Sin embargo siempre había tenido alguien a su lado que le animara a seguir adelante y no habría cambiado su vida por ninguna otra.
- Yo solo jamás habría sido capaz de acabar con la tiranía de Galbatorix – le dijo – Me habría quedado varado en el camino, ahogado en cualquiera de las dificultades que tuvimos que superar. Pero, por suerte, nunca lo estuve. De modo que ahora es mi deber ser ese apoyo para los nuevos Jinetes. Tú incluido. – Le dio unos golpecitos en el pecho con el dedo índice. – Te convertirás en un gran Jinete, ya lo verás. Aprenderás cosas que ni siquiera puedes soñar y luego volverás a casa y enseñaras a tus padres que te has convertido en alguien sabio, que vela por la paz de todas las razas y ellos estarán orgullosos.
Cuando Eragon terminó su discurso había hecho dudar a Ishknar, cuya cabeza estaba hecha un lio y buscaba cobijo en Bokmal. El pequeño dragón tampoco sabia que pensar. Por un lado seguía sin gustarle que les hubieran separado de su familia, pero por otro entendía que la formación de los Jinetes era fundamental para que éstos se mantuvieran unidos, tal como Eragon había dicho, y evitar que surgiera “otro Galbatorix”.
- Son tus padres, Ishknar, lo que tú decidas estará bien – le dijo. – Pero él es sincero, no nos quiere ningún mal.
El aleteo de la gran dragona azul les sacó de sus tribulaciones mentales.
- Esta es, como podéis suponer, Saphira –Indicó Eragon.
- Hola, Ishknar y Bokmal. Es un placer conoceros por fin. – Habló la dragona en sus mentes.
- He tenido una idea. – Continuó Eragon. – Por que no nos acompañáis? El barco no se irá hasta mañana así que no hay por qué quedarse sin ver la fortaleza, no creéis?
Sorprendido ante la insinuación de que, si querían, podrían volver por donde habían venido, Ishknar se mostró entusiasmado de poder ver el interior de la Montaña de Plata. De modo que subió a la grupa de Saphira junto a Eragon. Bokmal les siguió de cerca volando alrededor de la dragona, cuyo cráneo era casi tan grande como el cuerpo del joven dragón blanco. A un gesto de Eragon, los demás Jinetes se dispersaron y comenzaron a volar a su aire. Ninguno les siguió hacia la fortaleza. Ishknar supuso que Eragon se lo había ordenado.
Aterrizaron en un gran patio de armas adoquinado. En el centro había una pequeña construcción cuya puerta estaba tapada por una estatua de bronce con cabeza de dragón y cuerpo humano. Ishknar se preguntó qué sentido podía tener bloquear una entrada de esa manera, pero se guardó las preguntas para más tarde y siguió a sus anfitriones por unas escaleras de piedra hasta una puerta de madera, no demasiado grande. Eragon apoyó la mano en la madera y ésta se movió sin un quejido para franquearles el paso. La habitación era pequeña pero acogedora. Tenia un sillón junto a la chimenea, donde crepitaba una pequeña hoguera; una mesa destartalada y todas las paredes forradas de estantes. Por todos lados había montones de libros que llegaban casi a la altura de Ishknar. Éste lo encontró muy gracioso, parecía la guarida de un ermitaño.
Eragon se acercó al único elemento de la habitación que no parecía pegar con el resto: frente al sillón había un espejo grande de pie, como los que usan los nobles para vestirse.
- ¿Crees que podrías enseñarme cómo es tu casa? – Dijo Eragon señalándose la sien.
- ¿Te refieres a… en tu mente? – dudó Ishknar – ¿Como hacemos Bokmal y yo? ¿Se puede hacer entre dos humanos también?
- Exacto. Requiere práctica, pero si me dejas te ayudaré – Volvió a agacharse para ponerse a su altura y mirarle a los ojos.
Ishknar dudó un momento. No sabia lo que iba a pasar, y no quería que aquel hombre, por bueno que estuviera siendo con ellos, tuviera libre acceso a sus pensamientos como lo tenia Bokmal. Miró a su dragón que se removía inquieto entre ellos.
- No sé que es lo que quiere. Noto su mente igual que noto la tuya, solo que no puedo ver nada, es como si la tuviera… cerrada. – Le dijo Bokmal.
- Bokmal dice que tu mente esta “cerrada”. ¿Eso es porque no estamos, de algún modo… conectados? ¿O lo haces tú? – Inquirió Ishknar.
- Muy agudos – Se sorprendió Eragon – Como has dicho, ocultar los pensamientos a las personas que pueden leerlos es algo que se aprende, y si quieres te enseñaré a hacerlo… pero más tarde, ahora me gustaría enseñarte otra cosa y para ello necesito saber como es tu casa.
Ishknar notó una presencia extraña en los bordes de su conciencia. Oyó la voz de Eragon pero éste no movía los labios. Estaba hablando dentro de su cabeza.
- Tranquilo. No miraré nada. Lo prometo. – Añadió unas palabras que el chico no entendió pero que le hicieron sentir que decía la verdad. – Piensa en tu casa, por favor.
La mente de Ishnar se paseó por todos y cada uno de los rincones de la casa en la que había pasado su infancia. Fue deteniéndose en cada rincón porque no sabia que era lo que Eragon andaba buscando. De repente, cuando llegó a la habitación de sus padres y pasó la vista por la cómoda donde había unas pocas tallas de madera decorativas y un pequeño espejo de mano que había pertenecido a su bisabuela, notó cómo la presencia de Eragon se difuminaba hasta desaparecer. Abrió los ojos y le miró, triste por la cantidad de recuerdos que le invadían.
- Lo has hecho muy bien, ya he visto lo que necesitaba, ahora verás – Le dijo poniéndole la mano en el hombro y guiñándole un ojo.
El Jinete se puso en pie, anduvo hasta el espejo y volvió a hablar en ese idioma desconocido para Ishknar. Esta vez fue como si el mundo entero vibrase ante sus palabras. La superficie del espejo se removió como el agua de un lago la lanzar una piedra y, unos instantes después recuperó la calma mostrando la imagen estupefacta de los padres de Ishknar.
- ¿Quién es usted? – Preguntaron asustados. – Y ¿Por qué está en el espejo?
Ishknar corrió hacia allí y se aferro al marco del espejo con los ojos como platos.
- ¡Mamá! ¡Papa! ¡Soy yo! ¿Podeis verme? – Gritó a la imagen.
- ¡Ishknar! ¿Eres tu de verdad? ¿Cómo estas? ¿Estas aprendiendo mucho? – La pareja se esforzaba por mostrar entereza pero era obvio que echaban mucho de menos a su hijo.
- ¡Quiero volver a casa! No quiero aprender, solo quiero estar con vosotros en casa, en el pueblo. Volver a correr con Bokmal por la hierba y… – ahogó un sollozo.
- Perdón por interrumpir. – Dijo Eragon poniendo la mano en el hombro de Ishknar. – Mi nombre es Eragon. Líder de los Jinetes del Este. Enseñaré personalmente a su hijo y a Bokmal… Si ellos me lo permiten. – Añadió. Dejó unos instantes para que el matrimonio asimilara con quién hablaban antes de continuar.– Esta es una situación nueva para todos nosotros. No había habido un Jinete tan joven desde los tiempos antiguos y tal vez no hayamos enfocado esto de la mejor manera. De modo que voy a dejaros solos para que habléis durante todo el tiempo que estiméis oportuno. Tratad de llegar a una conclusión lógica. Y yo trataré de apoyarla en la medida de lo posible. Sin embargo tenéis que ser conscientes – Miró a Ishknar antes de continuar – De que la formación de un Jinete es algo fundamental. Nosotros velamos por el orden y la paz entre las razas de Alagaësia, pero para que éstas puedan mantenerse unidas, nosotros también tenemos que estarlo. Todos sabemos el daño que puede causar un Jinete actuando por su cuenta. De hecho, les contaré un secreto. Durante todos los años del reinado de Galbatorix, el cual duró más de un siglo. Él nunca actuó movido por la mera maldad. No. Siempre estuvo seguro de que sus acciones estaban justificadas y de que traería la paz a Alagaësia. – Hizo una nueva pausa y miró a los ojos de sus cuatro interlocutores. – Deliberad pues. Y que la sabiduría os guíe en vuestra decisión.
Dicho esto, Le señaló el sillón a Ishknar para que se sentara si quería y abandonó la sala en silencio.
Pasaron horas hasta que la puerta volvió a abrirse. Ya hacia tiempo que había caído la noche y los Jinetes se habían retirado a sus respectivas habitaciones. Eragon y Saphira aguardaban en el patio de armas, sentados bajo la luz de las antorchas, pensando en como actuarían si volvía a darse el caso de que un huevo de dragón se abriera a un niño tan pequeño, cuando Ishknar salió al exterior y se dirigió hacia ellos con paso firme, seguido de Bokmal.
- Eragon, Saphira… – Comenzó a hablar – Yo… de quedarme aquí, ¿Podría usar ese espejo para hablar con mis padres siempre que quisiera? – Preguntó tímidamente.
Eragon sonrió. Era de esperar que pidiera algo por el estilo.
- No. Al menos no exactamente. – Alzó la mano indicando que no había terminado para ahogar la inminente protesta y suavizar el malestar que había generado aquella negativa en la cara del pequeño. – Ese espejo es el mío. Pero tendríais uno propio en vuestra habitación que Bokmal y tú podríais usar para hablar con ellos durante vuestros ratos libres.
Ishknar soltó un suspiro bastante largo. Aquello era incluso mejor. Cogió aire y miró a Bokmal en busca de fuerzas para volver a dirigirse a ellos:
- Entonces lo haremos, Ebrithil. Aprenderemos. Nos convertiremos en la mejor pareja de Dragón y Jinete que hayáis entrenado y cuando estemos listos, volveremos a nuestra tierra para velar por el bien de todos nuestros amigos y familiares.
Eragon abrió los brazos y recibió a sus dos nuevos pupilos con un gran abrazo.
- Sé que lo haréis. Os tenéis el uno al otro, y podéis contar con Saphira y conmigo, ¿de acuerdo?
Mientras decía esto, La gran dragona azul apoyó el morro en la frente del niño mostrando también su apoyo. Y en ese momento, algo hizo ‘click’ en la mente de Ishknar y de Bokmal. Ellos ni siquiera se dieron cuenta, estaban demasiado ocupados siendo felices por primera vez desde que salieran de su pueblo, pero Eragon y Saphira si lo notaron, era el sonido de una herida al cerrarse, el de un odio al aplacarse, y finalmente… morir.
Conversión
Ezero cayó al suelo derribado una vez más. Su túnica había perdido todo el lustre durante la reyerta. Donde antes hubiera un brillante color verde, ahora solo había manchurrones de barro mezclado con sangre. La lluvia caía sobre él desde un cielo el cual, los relámpagos, amenazadores, iluminaban cada pocos segundos. Sus cabellos, que tuvieran el color de la misma plata, yacían esparcidos en todas direcciones y los que no habían sido cercenados o calcinados por alguno de los conjuros de Agahnim, se habían teñido de un color marrón arcilloso. Su cuerpo apenas le respondía. Un solo impacto más y todo habría acabado. Había fracasado… Pensó en todos aquellos a quienes había fallado. La que se había convertido en su familia: Vaati, al que había visto crecer; Nabooru, que le había aceptado tan rápidamente y había sido tan amable con él; y los pequeños, Nayara y Sael… ¿En qué clase de mundo iban a vivir si Agahnim se hacía con el gorro de los deseos? Y Link, su compañero de aventuras… La princesa Zelda y él también habían formado una familia, ¿Podría el Héroe del Tiempo hacer frente a las fuerzas del mal y proteger a los suyos al mismo tiempo? Oh, Hylia! ¿Dónde estas cuando se te necesita? Levantó la vista con esfuerzo para ver como el mago tenebroso reía a carcajadas. No había sido rival para él. Había confiado en su poder, en su experiencia y había caído derrotado. Él, que era el último vivo de la orden de los antiguos magos minish, que había sobrevivido a eras y razas, que había visto a reyes nacer, luchar y morir por sus pueblos… vencido por un brujo humano. Mientras una luz roja tomaba forma en la mano de Agahnim, Ezero experimentó una nueva sensación, algo a lo que no estaba acostumbrado. Por encima del dolor físico, que era casi insoportable, una herida más profunda se había abierto paso en su alma. El hombre que tenía frente a sí había herido su orgullo. Apenas se dio cuenta, una chispa se encendió en su cerebro y comenzó a transformarlo todo. Rasgó el bolsillo secreto de su túnica y extrajo el gorro de los deseos, el que tanto empeñó había puesto en proteger. Cuán ridículo se le antojaba ahora, ¿Cómo había podido ser tan estúpido? – De modo que te rindes eh, viejo? Haces bien. Entrégame el gorro y tal vez te perdone la vida – Se mofó Agahnim. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Ezero se calzó el gorro hasta las orejas henchido de furia y deseó venganza. Deseó ser el mago más poderoso sobre la tierra de Hyrule, para desatar su ira sobre aquel que había osado desafiarle. La gema del gorro brilló por un segundo y un tremendo rayo cayó sobre el cuerpo maltrecho del hechicero. Agahnim retrocedió sorprendido, ante sus ojos, el cielo continuaba descargando energía de forma brutal sobre el lugar donde antes se encontrara Ezero. En medio del río de luz cegadora, dos ojos del color de la sangre se abrieron de repente. El torrente eléctrico comenzó a disiparse revelando una figura encapuchada y vestida de negro. Su pelo blanco impoluto con mechones negros se mecía suavemente ingrávido alrededor de su cabeza y sus labios dibujaban una tétrica sonrisa de suficiencia. De pronto, Agahnim sintió una mente extraña y poderosa que entraba en contacto con la suya. Era diferente a todas las que se le habían acercado nunca, y parecía contener una gran cantidad de voces, gritos, coros disonantes que le recordaban el ruido del viento en una tormenta. Antes de que pudiera reaccionar, aquella mente se abrió paso a través de sus defensas y se hizo con el control de sus pensamientos. Por mucho que tratara, no pudo detener el ataque; ni siquiera retardarlo. Era como intentar detener la subida de la marea con las manos. Una luz cegadora y un estruendo incoherente le rodearon mientras aquel coro de lamentos se extendía por todos los recovecos de su ser. Entonces sintió como si el invasor le partiera la mente en media docena de trozos —cada uno de ellos consciente de la presencia de los demás, pero ninguno capaz de actuar con libertad— y su visión se fragmentó como si viera la cámara a través de las facetas de una piedra tallada. Y así, Ezero uso su nuevo poder para violar hasta los más íntimos recuerdos de Agahnim, y debió de gustarle lo que encontró allí, porque acto seguido le soltó en el suelo y sentenció con una voz rota, que recordaba a un coro integrado por hombres cuya voz había sido ahogada en alcohol: – Ya no tengo nada contra ti, brujo. Jugamos en el mismo bando, el de la destrucción.
TweetLonger by Shonda Rhimes.
"WARNING. IF YOU HAVE NOT YET WATCHED THE SEASON 8 GREY'S ANATOMY FINALE, DO NOT READ THIS SUPER-LONG TWEET. Okay? Seriously. Last chance...
Okay. Callie said it best tonight: Life changes in an instant. Turns on a dime. This finale was incredibly hard to write. I did not enjoy it. It made me sick and it made me sad. We end the season not knowing ANYTHING about the future. Except for two things. We know we are definitely saying goodbye to two of my favorite people: Chyler Leigh (Lexie) and Kim Raver (Teddy). I know this season’s finale had some surprises for viewers and the exit of Kim Raver was one of the big ones. But Kim’s series option was up and she was ready to give Teddy Altman a much-needed vacation. It’s been a pleasure working with someone as talented and funny and kind as Kim; everyone is going to miss her terribly. I like to imagine that Teddy is still out there in the Grey’s Anatomy universe, running Army Medical Command and building a new life. I love Chyler and I love the character of Lexie Grey. She was an important member of my Grey's family. This was not an easy decision. But it was a decision that Chyler and I came to together. We had a lot of thoughtful discussion about it and ultimately we both decided this was the right time for her character's journey to end. As far as I'm concerned Chyler will always remain a part of the Shondaland family and I can't wait to work with her again in the future. I'd write more but I'm honestly too sad. I don't like life changing in an instant and turning on a dime. Thanks for watching Season Eight. We are, as always, grateful that you joined us for the ride."
"The Christian Superstitious Groupthink declares that since life is highly improbable in the Universe therefore life is a miracle of a #God that exisst. Despite the fact that a God existing is even more improbable than life to exist in a Universe. The massive stupidity of the Superstitious is only matched by their denial of reason & logic along with their refusal to dismiss groupthink and assert their natural born individuality " continued at link