Metamorfosis de lo tradicional
Hace unos días asistí a una presentación del Dr. Agustín Espada en la UFV sobre la transformación de los medios en Argentina - seguidamente del mundo entero-. Y me dejó con muchas ideas rondando la cabeza. No fue solo una exposición sobre medios, sino una radiografía de cómo Argentina está reconfigurando su manera de comunicar. Lo que antes era radio y televisión, hoy se transforma en algo más fluido, más cercano, más digital.
Lo que más me llamó la atención no fue la caída de la audiencia o los ingresos publicitarios - eso ya lo conocíamos -, sino el surgimiento de una nueva forma de hacer medios que no busca parecerse a lo anterior. Es como si los creadores actuales hubieran tomado lo mejor de cada formato (la espontaneidad de la radio, la imagen de la TV, la interacción del streaming) y lo hubieran mezclado en algo nuevo, algo que no necesita permiso para existir. Ya no se trata de emitir desde una torre, sino de conectar desde una habitación, un estudio o incluso un móvil. Lo que importa es la capacidad de generar conversación real, de construir una comunidad que no solo mira, sino que participa, comenta, comparte y hasta financia.
Me pareció fascinante ver cómo los contenidos se fragmentan y se esparcen como semillas en Tik Tok, Instagram o Youtube. Un programa en vivo ya no termina cuando se apagan las cámaras; empieza a vivir en clips, memes y comentarios. Es una forma de comunicación que respira en tiempo real y se multiplica después. Y aunque esta nueva economía de creadores tiene sus sombras -algoritmos que deciden quién se ve y quién no, precariedad laboral, dependencia de plataformas- también abre puertas que antes estaban cerradas. Hoy, cualquiera con una idea y una conexión puede construir su propio medio. Para acabar, más que una evolución tecnológica, lo que estamos viendo es un cambio de paradigma. Los medios ya no son solo canales de información: son espacios de encuentro, de identidad, de resistencia y de juego.


















