ENTRE SÁBANAS BLANCAS
No sabría decir cómo empezó todo ese retorcido mundo, no podría recordar cuando sus labios aceptaron sus besos. Recuerda que le hizo prometer sólo una madrugada que quedara como testigo, que ahí todo acabaría; pero se desató una serie de encuentros nocturnos, de quedadas amistosas que envolvían la habitación de un infernal calor.
— Kein…
Esas delicadas manos del pelinegro arañaron la ancha espalda del entrenador de Karasuno, al mismo tiempo que su columna se arquea en esa incomoda y placentera posición, sobre horcajadas en los muslos ajenos. Ukai admiraba cada detalle, cada expresión que era imposible no querer más, tal vez era eso lo que les había llevado hasta ese punto; la traición.
Sabe que es un tercero en discordia que le ha seducido, le arrastró sin pensarlo dos veces, porque después de esa primera vez ya no sabía cómo pararlo. Los gemidos del pelinegro le hacían estremecer, sentir como temblaba lleno de placer en sus brazos, producía los mejores orgasmos que jamás imaginó.
La mañana llegó, el sol apenas se asomaba por el horizonte y esa era la señal para que aquella droga se levantara, tomará sus lentes y se fuera, dejando el lado de su cama tan cálido como su cuerpo. Él sólo le ve partir, deseando tanto poder atarlo a una pata, cerrar la puerta con llave y esconder su existencia del mundo, pero nunca podía llegar a ser tan egoísta como para no pensar en lo que, seguramente el otro querría. Cuando dejó de escuchar los pasos dentro de la casa, sintió ese dolor de mil demonios, pues le embriagaban los sentimientos contradictorios. Con pesar movió su cuerpo después de unas horas, con el fin de alistarse para las prácticas, a veces hubiera deseado no aceptar ese trabajo, aunque al final fue bueno para no hacerle pensar día y noche en esa situación, que sólo haría que ambos terminaran destruidos.
No hacía mucho que se había enterado de la relación que estaban llevando sus dos amigos, de hecho, ni siquiera se sorprendió cuando ellos se atrevieron a confesarlo; pero no por ello estaba menos herido de saber que sus oportunidades habían muerto en ese mismo momento en que Makoto sonreía tan alegremente, ya que por fin podrían dejar de esconderse ante esas personas importantes. Que crueles pueden ser aquellos que están llenos de dicha con los otros que sólo pueden mirar de lejos.
Para no hacer crecer ese terror, que ambos sentían al pensar en que podían no ser aceptados, pero eso no los haría separarse, sólo sería una terrible desgracia, los aceptó con los brazos abiertos, sin juzgarlos ni regañarlos, después de todo cada quien lleva su vida como más le plazca; el mundo tampoco gira a su alrededor como para pensar que tenía que enterarse de cada cosa que pasaba.
Pero, efectivamente, le hizo plantearse su vida romántica, ya que siempre había sido reticente con las propuestas de matrimonio que su madre le conseguía con urgencia, al parecer en busca de un nieto antes de que la hora le llegara; pero esa mujer estaba loca, para eso aún faltaban muchos años, eso pensaba Keinshi sin falta cada que recibía una llamada para quedar a una cita. De todos modos, su orgullo, y ese mismo miedo que por un tiempo había consumido a sus amigos, podían más que la atracción que sentía por ese hombre desde hace algunos años, y si Yusuke podía ofrecerle ese confort, entonces lo dejaría en sus manos.
Estaba completamente seguro de que todavía no quería casarse, no quería iniciar con una vida así, tener una mujer con la cual despertar todas las mañanas, ni siquiera se veía con hijos en un futuro, aunque no lo descartaba, tampoco le hacía ilusión la idea.
— ¿Qué pasa por tu mente, Ukai? — al parecer el consejero era muy perceptivo con sus estados de ánimo. Y eso seguramente se debía a que había sido un gran acosador hace tan sólo poco tiempo, que parecerían años — he notado que estabas muy distraído
— Nada
— Cuando la gente dice eso, significa que se trata de algo importante v otra vez esos ojos astutos
— Se le pasan ideas muy extrañas por la cabeza, profesor - le sonrió ladinamente, quisiera poderle ocultar sus pensamientos a ese hombre
— ¿Algo malo te ha sucedido?
— Nada que merezca una completa atención, sólo pienso en mi vida a esta edad
— Ah, así que piensa sobre la longevidad, eso es muy bueno, está en una edad adecuada para casarse y comenzar todo lo que un hombre adulto debe hacer
Inevitablemente Ukai reía por lo que acababa de escuchar, y es que incluso su estómago comenzó a doler.
— ¿De qué me habla? Le recuerdo que usted es mayor que yo, y no ha hecho ninguna de esas cosas que menciona
Haber accedido a ese trabajo, había sido una de sus mejores decisiones; con esas personas, todas tan diferentes, no podía estar con la cabeza tranquila o hacerse un lio con sus extremos líos.
Era veintiuno de diciembre y navidad estaba a la vuelta de la esquina, entrenamientos, cenas y conocer, seguramente, a muchas mujeres, que su madre habría conseguido, para que eligiera una buena novia y por fin casarse. Enteramente eso no le preocupaba ahora que estaba sentado detrás del mostrador, mirando fijamente hacia la puerta esperando a algún cliente, mientras fumaba un cigarrillo.
Dejó salir el humo de entre sus labios con parsimonia, cuando intentó inhalar un poco más se encontró solamente con una seca colilla, tuvo que tomar otra caja que estaban en el estante para continuar con su onceavo cigarro, pues que mejor forma de terminar por morir, Keinshi deseaba la muerte lenta, silenciosa y dolorosamente por algo que no fuera un viejo amigo por el que tenía un amor que estaba condenado a quedarse entre las sombras.
Su tranquilidad fue interrumpida por la llegada de los miembros del club de voleibol, para comprar los cotidianos suvenires; verlos sentados fuera, hablando de todo y nada, de tantas cosas triviales que no importarían en un futuro, que envidia le daban esos jóvenes, si en ese tiempo se hubiera dado cuenta de la atracción que sentía por el pelinegro, entonces habría intentado hacer un par de movimientos sin preocuparse mucho por los demás, era algo que se podría perdonar por ser un niño inmaduro, ahora ya tenía encima muchas responsabilidades.
— Entrenador Ukai
Miles de excusas servían para su actitud derrotista.
— ¿Entrenador?
Una voz le sacó de su ensoñación.
— ¿Sucede algo, Yamaguchi?
— Nada realmente, sólo quería pagar el jugo – aunque la verdad no hubiera deseado interrumpir al mayor con lo que sea que estuviera ocupado mentalmente.
— Sí, claro
Cobró de inmediato, pero también miraba atentamente al muchacho con pecas en el rostro, quien, en efecto era otra persona que se había ganado el cariño de Shimada sin mucho esfuerzo, con tanta naturalidad que le daba rabia, pero sería inmaduro odiar a un niño cuando no era así hacia Yosuke.
— ¿Cómo van las practicas extras?
— Geniales, Shimada es muy atento, además es paciente explicándome las cosas, a veces no quisiera hacerle perder el tiempo – bien, cuando se le hacía hablar era muy difícil volver a callarlo; aunque sonaba tan feliz charlando del mayor – pero al menos me deja ayudarlo un poco, con cualquier cosa en la tienda y quisiera poder hacer más…
— Ya entendí, Makoto lo está haciendo bien
La enorme sonrisa del pelioliva lo decía todo, y se notaba en ese aumento de confianza que presentaba cuando se paraba en la cancha, su amigo sonaba como un excelente maestro.
— ¿Podrías hacerme un favor?
— Sin problema – y ahí estaba, encajando una sonrisa como si fueran gratis
— Necesito que le lleves unas viejas cosas, iba a hacerlo yo, pero me surgieron unos asuntos con mi abuelo, entonces…
— No sé preocupe, me encargaré de llevarlas lo más rápido que pueda
— Tranquilo, tampoco es muy urgente, no quiero que vayas a tener un accidente
Así se despidió de él y el resto del equipo que se disponía a irse después de haber terminado ese pequeño aperitivo.
Yamaguchi una hora después se encontraba pasando por las puertas eléctricas y saludando a algunos empelados que ya conocía, gracias al tiempo de calidad que pasaba ahí; después de todo sentía que debía retribuir con algo toda esa ayuda brindada.
— Qué sorpresa Tadashi, creí que hoy no teníamos…
— No tenemos, es sólo que Ukai me pidió que le trajera esto
Le mostró al pelinegro una bolsa de lona mediana, que fue a dejarle hasta la caja registradora en donde estaba. A lo que el tendero quedó un poco sorprendido por eso; aunque intentó que su rostro no mostrara esa afectación.
— ¿Keinshi te dijo que me lo dieras?
— Sí, aunque no pregunte mucho, pero me comento que tenía que ir a ver a su abuelo y por eso no podía venir – y aunque el mayor quería pasar desapercibido, él lo había notado, era un experto en leer aquellos pequeños gestos
— Ya veo,
— ¿Pasa algo?
— No, nada importante… Ya que estás aquí, ¿no quieres ir allá atrás? – tal vez desviar el tema podría resultar
— ¡Me encantaría! Pero realmente no quiero molestarlo, tiene clientes
— Sería un desperdicio que vinieras solo a dejarme estos cachivaches – porque eso eran, cosas sin utilidad que había usado sólo como excusa para que Ukai fuera a verlo; ya que necesitaba hablar urgentemente con él
— Si te quedas ahí parado la gente va a llamar a la policía pensando que eres alguna clase de acosador… ¿Te has estado juntando últimamente con el profesor? – le regalo una sarnosa sonrisa al pelinegro que estaba a un lado de los cestos de basura; le había notado desde hace un rato y era por eso que había salido con un par de bolsas negras.
— Si eso pasa, sé que irás a mi rescate; a menos que quieras verme entre las rejas
— Podría fingir que no te conozco
— No lo harías – enarcó una ceja, dudando si creerlo o no posible
— Mejor entra o terminaras congelándote – tiró las bolsas y comenzó su andar de nuevo hacia el interior de la tienda.
El pelinegro instintivamente le siguió, pero ya lo sabía, aquel teñido le estaba evitando, asqueroso e infantil.
— Ayer… No tenías por qué mandar a Tadashi
— Me cayó de milagro, y no podía pasarme por tu tienda más tarde, no quería hacerte esperar
— ¿Es eso?
Todavía le seguía rehuyendo, pasando por algunos anaqueles acomodando los productos, pero el verse descubierto le hizo tensar.
— No sé de qué me hablas…
— No querías hacerme esperar, o ¿sólo querías retrasar lo inevitable?
— Pensar que es el fin me pone enfermo
— ¡No podemos seguir con esto! – estaba exaltado, pero sentía que, si duraba un minuto más, habría un momento en el que ya no había vuelta atrás
Entonces le miró, con tanta fuerza que el pelinegro tuvo que dar un par de pasos atrás para no caer ante ellos de nuevo. Abrió la boca, queriendo gritar también la impotencia de sólo poder tenerlo por unas cuantas noches, pero era su culpa, todo. Esa persona que quería no tenía por qué pasar por ello, cuando sólo había cedido para no verlo sufrir.
— Tienes razón, debemos parar esto de una vez… Yusuke no merece que yo le haga esto, tú no mereces que te esté controlando de esta manera
— Basta – habló con un tono desgarrado – no te estoy pidiendo que te culpes, porque yo no debí permitirlo desde un principio. Pero no es justo para ninguno de los tres
Uno de los dos debía ser el fuerte, esa carga sólo le correspondía a él, así como lo había iniciado tenía que darle final.
Aún podía recordar esa noche que fueron a beber, para celebrar que por fin se hayan decidido a contarle lo que sucedía entre ellos; pero a Takinoue le había llamado del trabajo, así que se marchó a mitad de los tragos y entonces sólo quedo Makoto y él junto con un montón de cervezas. Hablaron tanto, y Ukai escuchaba todos los buenos momentos de los que no había sido testigo para que esos dos llegaran a tener una relación. Después de unas horas, con la cabeza mareada y poco control en el cuerpo decidieron seguir con la bebida en el pequeño departamento que recientemente había rentado, queriendo iniciar una vida independiente de su insistente madre. La lengua se le soltó, sin pedir permiso ni perdón, tan herido confesó que estaba celoso de que alguien más haya tenido el valor de conseguir a una persona tan excepcional.
“Sólo un poco”, pronunció en aquella noche de otoño y Shimada sin tener un juicio completo le recibió con los brazos abiertos, se besaron sin descanso como si de eso dependieran sus vidas. Probando la carne del otro, ahí se dio esa incontrolable adicción; y aunque al día siguiente se sintieran culpables y prometieran no hacerlo más, las sábanas eran confidentes de todas aquellas muestras de afecto y esa necesidad de pasión.
Pero esta vez debía ser la definitiva, y quería luchar contra sus impulsos, pero si esa sería el fin entonces se encargaría de tomar todo lo que pudiera, para no sentirse tan solo en esa cama que ya sería sólo para él.
Sin duda alguna, con paso firme y una mano veloz le tomó del brazo para atraerlo hacia él; las palabras estaban de más, pues ya no había nada que decir, sólo tomar su aliento como si fuera una parte de su alma. Con esa reacción de excitación en el cuerpo contrario, el cual se estaba acostumbrando a sentir las yemas sobre su piel, pero que tenía que dejar ir, Keinshi era tan injusto.
— Apestas a cigarrillos
— Es la primera vez que te quejas
— Tan sólo porque desde hoy también debo dejarlos
Ukai sonrió, pues al menos sabía que había significado algo para el pelinegro, que había sido de esas personas que un simple aroma, un objeto o una palabra te hace recordar un millón de momentos.
No había pasado ni tres días y el entrenador ya estaba afectado, no podía volver a su cama sin que le envolviera ese ligero olor a vainilla, ese aroma que siempre le había identificado y que él amaba tanto. Incluso deshacerse de ella sonaba como una buena idea; pero, por qué seguía ahí, en el mismo tiempo de siempre. Podía odiarse por no ser capaz de desprenderse, pero cuando iniciaba algo le costaba tanto abandonar, por orgullo y dignidad, pero quedarse así, estaba perdiendo ambas.
Entonces, como si de una señal se tratara, para decirle que hacer con su vida a partir de ese punto, su celular sonó siendo la única salvación a su angustia mental.
Además, debía quitar esa pesadumbre ya que tenía que ir a varias reuniones al día siguiente, con el club, su familia y finalmente la asociación de vecinos, la ultima la esperaba con menos ganas, pero necesitaba mantenerse en pie por el bien de Makoto, ya que si se mostraba demasiado decaído entonces sólo volverían a lo mismo y no quería seguir aprisionando sus alas, cuando era hora de que volara con alguien más.
El veinticuatro había amanecido con una ligera caída de nieve que recubría lentamente, de ese manto blanco, todo a su paso, el frio no calaba los huesos por lo que las tiendas no se vieron con la necesidad de cerrar, después de todo, comercialmente, era un día concurrido por los jóvenes y uno que otro grupo adulto de personas. Ahora los de la asociación de encontraban en un reservado tomando un par de copas, riendo con las torpes historias y varios de ellos sufriendo porque no tenían con quien compartir ese día.
— Ustedes son idiotas, desperdiciando este día con nosotros – Hidenori, uno de sus compañeros se lamentó por la única pareja que estaba presente
— Pero qué dices, pocas veces podemos reunirnos todos para algo que no sea un entrenamiento – esta vez habló Shimada, intentando disuadir el tema de su relación, pues, aunque lo habían declarado aún le seguía avergonzando que hablaran de ello, consecuencias que tendría que aceptar
— Somos unos cuantos viejos bebiendo y hablando por de sus desventuras amorosas, no hay nada de interesante… Sólo mira a Ukai, que a pesar de su edad sigue sin querer tener una relación sería
— Pobre de su madre – se burló Takinoue
— Nada de eso
— Oh, no me digas que por fin has decidido sentar cabeza – se interesó Mori, el más joven de todos
— Que va, sólo que he decidido aceptar una de esas tantas reuniones que se ha encaprichado a buscar
— Eso sí que es nuevo, seguro que debe ser linda para que hayas aceptado
Ukai sólo levantó los hombros, dejando la duda sobre todo lo que aquella mujer representaba para los demás, pero incluso para él, ya que sólo había aceptado sin hacer muchas preguntas ni averiguar cómo era. Y el hecho de que lo dijera, así como si nada en frente de todos, era para que Makoto se sintiera más tranquilo y no le estuviera rondando la cabeza con qué pasaría después de ese día; porque conociendo lo cabeza dura que era estaría martirizándose con eso día y noche.
Pero cuando discretamente volteó a verlo, buscando una aprobación, se encontró con un rostro consternado por la noticia, que ninguno de los demás presentes notó, ya que se encontraban divirtiéndose a su costa; quería alejar ideas absurdas de su mente, pero en cuanto Shimada le devolvió la mirada y lo evadió tan pronto como pudo, su mente maquino un millón de escenarios donde el pelinegro sentía algo más que curiosidad y lastima por él.
— Iré a fumar
Necesitaba refrescar su memoria, darle una sacudida y volver al mundo real, uno donde las posibilidades no existían y debía dejar de pensarlo. Por qué, por qué reaccionaba de esa manera, sentía su vida hecha una tragedia. Por eso fue detrás del restaurante para evitar que algunos transeúntes le vieran.
Maldita la hora en que se fue a enamorar, maldito el momento en el que nunca se atrevió a hablar, pues, aunque había noches en que sus cuerpos eran uno, en ningún momento pudo pronunciar esas simples palabras. Con violencia intentaba prender el fuego, pero sus manos cada vez se desesperaban más y su frustración crecía.
— ¡Maldición!… maldición
Entonces una llama se encendió frente a su rostro, y el dueño de ese fuego era su demonio, siempre será él.
— Me sorprendiste hace un rato
— Imagínate
— Estoy feliz de que quieras salir con alguien
— No es por ti y lo sabes – mentía, claro que era por él – quería hacerlo desde hace algún tiempo – si fuera más valiente, habría dado todo para que no sucediera
— Lamento entonces haber sido un estorbo
— Esto no tiene que ver contigo
Volteó, porque no era capaz de enfrentarlo, de engañarlo viéndolo a los ojos.
— Sabes…
— Basta, no tienes nada de que sentirte culpable
— No es eso, es sólo que, no sé por qué me duele tanto, – se llevó una mano al pecho, y probablemente el alcohol produjo que unas lágrimas cayeran de su rostro – cuando dijiste que saldrías con alguien, dolió demasiado
Se impresionó, pero no se giró para verlo porque sabía que si lo hacía entonces dejaría que sus arrebatos actuaran sobre él y lo besaría, lo haría de tal forma para compensar esos días que no le pudo sentir, y llenar ese vacío que había dejado al pensar que ya no había más de esos días.
— Y es que no lo entiendo, porque de verdad amo a Yusuke, soy tan feliz cuando estoy con él
“¡Basta! No ves que me estas matando” pensaba, queriendo salir de ahí, pero otra parte quería escuchar hasta el final.
— … Pero, estos días, que han sido tan pocos me han hecho extrañarte y pensar que habrá días en los que ya no despertare a tu lado, me aterra. Soy una basura, porque le estoy haciendo lo peor a los dos. Y no sé cómo debo actuar o qué debo hacer
— Déjame convertirme en tu amante
Keinshi soltó esas palabras, cuando volteó a verlo con un rostro serio y atrapando a su compañía, a través de esa mirada, llena de amor que sólo podía ofrecerle a él.
— Quisiera poder decir eso – se acercó, tanto que invadía cualquier espacio personal; tomando su rostro entre sus manos y acercando el suyo, al contrario – pero entonces sólo te convertirías en algo de lo que te terminarías arrepintiendo
— Keinshi…
— Te amo Makoto, siempre lo hice, pero nunca tuve el valor como para enfrentarme a todo y hacértelo saber y cuando menos me di cuenta ya estabas con alguien más. Pero no podía soportar perderte he hice la peor de las locuras, me aproveché de ti, de tu amabilidad, tu inocencia y ese cariño infinito que sientes por los demás
— En el fondo yo quería
— No es verdad, sólo me ofreciste un poquito de tu amor a cambio de nada porque no deseabas verme sufriendo, te manipule de tal manera que pude lograrlo, me aproveche de que no estabas en todos tus sentidos para poder hacerlo
— Pero te necesito
— Y es por eso que debemos darle fin a esta locura; ya no quiero hacerte más daño. Es sólo mi culpa y yo debo cargar con ella, tú debes dedicarte a ser feliz. Sé que serás capaz de olvidarme, de esto, de todo
Era imposible que las cosas terminaran tan bien la última vez que hablaron, porque aún había mucho por decir, por parte de ambos, pero decidieron cerrar los ojos, tapar sus oídos y cubrir sus labios para no lastimar a alguien que no lo merecía, que estaba ajeno a todo ese engaño y esas sábanas blancas.
— Entonces, ¿es el fin?
— No voy a hacerte elegir entre Yusuke y yo, porque es obvio que lo que sientes es mayor que esto, y él es capaz de luchar contra todo lo que se interponga sin medio
— Sé que no debo retenerte más – entonces eliminó toda distancia y habló en un tono confidente a su oído – sólo una noche más
Y así la luna como testigo, selló ese pacto que no debía pasar de una madrugada.
PARA UNA QUERIDA AMIGA
















