Es de esos libros que pasan colados, que en su simpleza sientes que algo te dejaron dentro pero no sabes muy bien qué. Como si hubiera una sabiduría que no supiste captar y no fueras capaz de hacerlo hasta que vuelvas a leerlo en diez años más cuando hayas vivido un poco más.
Es bastante macizo y fácil de leer a la vez. 50 capítulos de 3 páginas cada uno. Letra grande.
De qué se trata: voy a poner lo que dice el autor al principio. Este libro no es una obra de ficción. Es un soliloquio del autor con su hermano muerto. Al escribir, buscaba consuelo, no otra cosa. Le mortifica pensar que intuyó apenas, y demasiado tarde, la espiritualidad de su hermano. Estas páginas se ofrecen como una estéril expiación.
¿Por qué lo compré?: Porque la portada es muy linda, el tema me tincó y el vendedor me dijo que era una maravilla.
“Tu infancia transcurrió como en un acuario: sin lastimaduras en las rodillas, sin juguetes destrozados, sin la cara sucia de barro, sin secretos, sin amigos, en el gran silencio de la villa”.
“Pero el amor de los pobres es el más frágil: o las almas se ensamblan o todo se destroza y fragmenta, y el amor se convierte en embrutecimiento, desesperación, odio, incluso en tragedia [...] porque no tendrá más horizonte ante sí, porque su horizonte era el amor”.
“Frente a casos como el tuyo, el médico es como un escritor ante un personaje que debe ir develando línea tras línea. El escritor escribe: <<Era rubio y tenía los ojos...>>. Tacha la referencia a los ojos; queda sobre el papel una mancha negra. <<Era rubio, alto, de gestos francos>> Sigue siendo una frase genérica, el escritor la tacha totalmente. Cuando el escritor llega al final de la página, las manchas negras se han multiplicado como en un cuerpo lleno de llagas, las palabras rechazadas aparecen bajo las tachaduras como filigranas de sangre coagulada. Para el médico, el personaje es un mal misterioso que debe doblegar con las herramientas de su oficio: análisis, reacciones, transfusiones, operaciones. Así va escribiendo su relato línea tras línea, pero es un cuerpo humano el que padece las tachaduras, las heridas son heridas verdaderas y la sangre es sangre de verdad, oscura, caliente”.
“Estabas tan incómodo en aquella cama como un soldado en una trinchera improvisada”.
Le puede gustar a: personas más viejas, que han vivido la muerte de un hermano a lo mejor (no sé).
Le puede disgustar a: gente muy joven.