Enrique Fogwill por Mondongo, 2006

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Enrique Fogwill por Mondongo, 2006
Fogwill - No son temas de poesía
Las Flores Rotas Blog de Poesía
https://www.instagram.com/lasfloresrotas/
Decisión
Soy un ratón. Por eso, cuando anuncié mi plan de marchar por el mundo no me creyeron. Ahora que regresé, ahora que finalmente he restregado en todos los hocicos todas y cada una de las pruebas de mis marchas por el mundo, lo aceptan, pero se consuelan a su modo, diciéndose:
—Sí, en verdad ha viajado por el mundo, pero no por tanto viaje y aventura dejará alguna vez lo que siempre ha sido: un ratón.
Y así, de una u otra manera, la gente se consuela. Sea pensando que el prójimo no es capaz de hacer tal o cual cosa o, rendidos a la evidencia de que el otro fue capaz de hacer aquello para lo que no lo calificaron capaz, sueñan que a fin de cuentas sigue siendo lo que siempre han creído de él. Por tal o cual razón, así vive la gente y cada uno vive así como es y no cambia y sólo puede ajustarse a lo que es. Uno, el otro, aquél, éste, el vecino o el de más allá: ¡todo igual! Yo, en mi caso, soy lo que soy y mientras viva seguiré siendo lo que siempre fui: un ratón. Y jamás volveré a discutir este punto con nadie.
- Rodolfo Enrique Fogwill, La buena nueva de los libros del caminante. Anagrama
- Ratón, siglo 19, período Edo, Japón (1603–1867). Tinta y sepia sobre papel (19.1 x 16.2 cm). Brooklyn Museum
Vivir afuera de Enrique Fogwill
Fogwill
Según Wikipedia, el cuento Muchacha Punk de Fogwiil se publicó en el año 1992, junto con otros cuentos de menor importancia. La muchacha punk tenia entonces veintitantos años y vivia en Londres; el protagonista argentino, es decir fogwill, cincuenta y uno y vivia en Buenos Aires o en Bernal.
A la fecha actual (dos mil veintiseis) la muchacha punk tendría cincuenta y tantos años, y tal vez siga viviendo en Londres o se haya mudado alguna ciudad más tranquila del norte de la isla de Inglaterra como la ciudad de York, con sus murallas medievales mohosas como aceptable fondo para llevar adelante actividades estrictamente punks como el graffti, o la ciudad de Durham, junto al rio Wear de color petróleo por los aceites de las fábricas corriendo y burbujeando junto a calles adoquinadas, que permiten otro tipo de actividades, no tan estrictamente punk pero igualmente punks cuando las lleva adelante Coreen, que es el nombre de la muchacha punk de la que estamos hablando; ya no tan muchacha pero sin duda más punk o aristocrática que antes, con la aleta de su nariz adornada sutilmente con un aro plateado coronado por una estrella plateada, unos aros circulares pendientes orgullosos de los lóbulos de sus delicadas orejas que terminan en punta (como esos seres mitológicos de los bosques de sajonia o de los arroyos susurrantes helénicos tan habitados por hadas en aquella época como deshabitados por esos seres celestiales o demoniacos en estas), y unos brillos también plateados en la parte más alta de sus mejillas casi llegando a la piel inferior de los párpados, que parecian resumir el encanto de los ojos de la noche en su atractivo y agraciado rostro punk.
Actividades en Durham, decia, como caminar por la vereda opuesta al rio Wear fumando un join sacado del bolsillo deshilachado de su camisa con cuello Oxford que sobresale sobre la rasposa confección de su traje masculino y de lana preferido, paseandose no con una mirada despectiva para con los automovilistas y transeúntes que corren a su lado, sino con la mirada posada sobre objetos y cuestiones lejanas, como aquel velero, a la derecha, donde dos personas sujetan unas cuerdas y lucha por salir indemnes de las aguas color petróleo del Wear y de los vientos que golpean la tela blanca de la embaración inclinándola peligrosamente hacia un lado y hacia el otro, o aquel polvo antipulgas que debe retirar por el local a dos cuadras de su departamento para empolvar como corresponde al gato lleno de pulgas que se invita cada noche con asombrsa puntualidad a entrar su departamento por alguna de las ventanas con marco pintado de color rojo ladrillo que tan poco le agrada (el color ladrillo, no el gato, que es de color gris ceniza).
"Los pichiciegos", de Rodolfo Fogwill
mis tardes con Lilith 🖤