A UN PALMO DE TI
.
.
.
La tristeza de estar sin poder estar. El dolor del sueño roto, desgarrado, destrozado. De despertar a una realidad ignorada. Algo inevitable que cae por su propio peso.
Que hay luz, pero la noche es gris, oscura y sin sentido ni sabor. Pasan las nubes, cubren la luna siempre lejana que por eones me iluminó. Y ahora, tristemente habituada y abandonada, no veo a un palmo de mi.
El tiempo inexorable, cruel y siempre corriendo me dejan su marca y recuerdo, alertando de una realidad que no quiero aceptar. Que siempre estuvo ahí a la vuelta de un beso mal dado, acechando una felicidad tan frágil como real. Y fue tan real.
Ahora se precavida y que el universo te vuelva a esconder del mundo, que cada noche sea una mentira en un colchón de plumas flotando entre lágrimas.
La certeza de haber errado, de un deseo equivocado. No poder devolver el tiempo y no haber entrado, gritar "alto" a tiempo y habernos evitado tanto dolor, tanta trizteza, haberte dejado cerrar esa puerta que abriste y que tantas veces me renegaste haber dejado abierta para mi.
Y no veo a un palmo de mi.
Yo te deseo, te anhelo, te sueño, pero no lo vale si te daño. Eres mi fantasía cumplida, mi deseo anhelado, mi sueño realizado. Pero no lo vale... si me daño.
Mi Reina de carmín que con letras de fuego ha podido derribar mis miedos, desaparecer mis inseguridades y pintarme un mundo de posibilidades. Mi Reina de carmín... mi Reina Carmesí, que te alejarás con tu Rey y yo solo me podré despedir. Adiós, adiós, adiós. Espero me sepas perdonar.










