Resumir mi infancia hasta los 8 años en una palabra (feliz).
De ahí en adelante dolor, incertidumbre, inseguridad, miedo. Comencé a trabajar junto a mi madre en las ferias vendiendo confites, en los parques helados, puerta a puerta en edificios chalecos, también tuve que vender diferentes dulces entre mis compañeras para comprarme los útiles escolares, sufrí bullying.
Pase a ser la mamá de mis hermanos un tiempo y solo quedo uno de ellos al cual tenía que cuidar. Los otros, sabían cuidarse.
Crecí Siendo una adolescente tímida muy buena para leer. Los libros mis mejores amigos y guías.
Tenía alguna duda como niña...libro de biología. Tenía pena…libro de psicología. Tenía incertidumbre de la existencia de Dios…la Biblia. Mi amor por la naturaleza…libro de metafísica...quería entender al ser humano…libro de filosofía, en fin.
Me convertí en adolescente siempre a la defensiva, pero amando al ser humano. Participaba en una parroquia y tenía un grupo de buenos amigos ahi. Confusa en mi carrera profesional. No sabía si seguir una carrera militar o entrar al convento. Al final me fui al convento. Salí de ahí pues ya estaba comprendiendo que no era el propósito de Dios.
Seguí mi vida cómo joven cometiendo muchos errores que me perjudicaron, pero fueron grandes enseñanzas. No fumaba, no tomaba. Me convertí al evangelio empecé a crecer humana, psicológica y emocionalmente; alcanzando logros. Esto me gustó y me inspiró. Terminé Quinto medio y salí con el título de técnico profesional en servicio social. Trabajé en juzgado de Menores y después me cambié a tribunal penal. Y seguí después de unos años estudiando. Estudié teología me trazaba una meta y la alcanzaba me gustó empatizar con las personas y su dolor. Estudié mediación para ayudar a una mejor convivencia social y comunal estudié cuidado en el adulto mayor, principalmente para cuidar a mi madre y ponerlo al servicio de mis vecinos que eran los más cercanos, estudié reflexología para evitar el consumo de tanta pastilla y medicamentos que sirven para una cosa y malogran otra.
Me enferme no por descuido sino por qué me tocó, era lo que tenía que vivir para seguir aplicando lo aprendido y seguir aprendiendo. Un año postrada en la cama de un hospital, pesando 34 kilos. Perdí 100 por ciento de hidratación, perdí estómago, perdí mi pelo, perdí el pulmón derecho, perdí pigmentación. Pero no perdí la FE, la confianza de que hay un propósito en cada vida. Y si estaba en ese lugar. Es por qué tenía que estar ahí en ese momento.
Después de un año en semana Santa Dios dio su última Palabra. Pues la ciencia ya me daba una semana de vida. Más el Señor. Dios Todopoderoso, en quien creí con todo mi ser me levantó.
Comencé a mover los dedos de mis pies, mis manos, después me sostuve en ambos pies, después comencé a beber agua, después quise comer. Y se fue restaurando mi estómago, fui recuperando la hidratación, recupere mi pelo, recupere mi pulmón después de ejercicios fuertes.
A pesar de que la ciencia decía que quedaría con una secuela, o inválida o tartamuda y ni decir de ser madre. No iba a poder tener hijos.
Pude comenzar a caminar de a poco y hoy camino sin dificultad y puedo correr, ando en bicicleta (hasta que llegó la pandemia) ahora en casa junto a mis hijos hermosos. Una parejita. 2 adolescentes.
Soy emprendedora, jefa de hogar y sigo entregando o interviniendo en el área social comunitaria mis conocimientos totalmente gratis como siempre lo hice. Hoy mayo del 2021 soy monitora de prevención contra la violencia.
Tú puedes hacer lo que quieras hacer. El pasado ya no tiene solución hoy es el día de comenzar a vivir.
Abrazo llenito de Bendiciones.