Me río porque es mi droga, es mi olvido. Me río de gusto en los momentos divinos y en los que mi vida parece no tener sentido.
Me río, simplemente me río. Encuentro en la risa una medicina para las penas mejor que cualquier vino, pero con efectos igual de fuertes cuando termino.
Me odio por admitirlo, sin embargo, no puedo negar que amo la risa porque me da el olvido, familiares y amigos que ya no están, que por su mano se arrebataron de mi vista, de penas anteriores, de errores mayores, de amores mal puestos y daños menores, así de los tiempos de depresión.
Amo reír, amo el sonido de la risa en todos, aunque sea una entre días de llanto, me ayuda a seguir sin caer, me ayuda a seguir en esta vida que veo horrible sin embargo confieso que la amo.
Por esas risas, por esas pasiones de la vida entre suspiros de la falta de aire, el dolor de los costados, de los ojos llorosos de tanto olvidar y disfrutar. Por ese manjar en la amargura yo propongo un brindis porque siempre nos levante, dándonos inevitable la dulce mañana con su sol despiadado del cual nos reiremos antes del trabajo, cual nos llevara a nuestro lecho de muerte; dándonos solo los grandes momentos, aquellos que nos hacen reír. Ya que, aunque odie admitirlo, recordar inclusive a los que se fueron es mejor con risa entre amigos. La vida se vive mejor entre bromas e imprudencias mientras tienes no una copa en mano, pero los brazos de tus amigos y un piso donde caer borracho de risa.
Escribo, sonrío, carcajeo entre este intento de texto olvidando que la primera línea fue de un muerto, por eso amo la risa, por eso amo la risa.
















