Primer vetusta a un amor soñado.
Las palabras se cruzan en mis labios, y no consigo acertar a ningún dicho que pueda impresionarte. El sentimiento creciente en mi pecho me corta la respiración, y con mi aliento se escapa toda valentía alguna a hablar.
Pero aún todo el miedo, y la presión no son suficientes para acallar mi amor por ti. La inspiración crece dentro de mis entrañas, y no puede esperar más ni una sola palabra, porque todas tienen la urgencia de llegar a ti: y sé que sólo entintándolas te van a alcanzar.
Busco por la noche los senderos que tendrían que recorrer, y buscando puedo ver las estrellas adornando el cielo desde mi ventana, y me percato de que no importa cuántas noches seguidas las mire: ya no puedo evitar pensar que tus ojos que brillan más que todas ellas.
Espero en medio del anochecer que amanezca, y aunque la luz del sol entre flagrante a través del cristal, el solo recuerdo de tu sonrisa me deslumbra mucho más.
¡Cuán metido estás y qué tan pronto!
Si apenas te he visto,
si apenas te he hablado,
si apenas me notas...
Pero veo tu rostro cada vez que cierro los ojos.
Me recuerdas canciones de amor no escritas, que nadie escucha o que nadie interpreta: pero que resuenan en mi interior cual orquesta siempre que mis ojos por fin te encuentran.
Pocas veces te he visto, y aún más pocas me has llamado por mi nombre, pero reproduzco infinitamente tu voz llamándome, dentro de mi cabeza, y no puedo evitar que el corazón se me expanda y busque salir de mi pecho para allegarse al tuyo.
Siento emoción de sólo pensar en verte, aunque sepa que no te voy a encontrar.
Cuán ingenua me siento por vivir enamorada de quien no me conoce.
Y por miedo a declarar el amor que yo sé que tú no sientes, viviré en este eterno sufrir de verte ir y venir con mujeres que no sabrán amarte como yo.
Ahora bien, no sé si eres tú aquél que deba amarme toda la vida. Pero aún si no es por toda mi vida, te invito, porque yo espero amarte sin cesar.