Me gusta aprender, pero no me gusta la escuela y los exámenes. Quisiera aprender algo sin la presión de la acreditación, porque así termino odiando algo que en otras circunstancias me hubiera encantado hacer y aprender.
El problema son los examenes finales, no el hecho de hacerlos sino el formato que tienen, primero porque rompen con cualquier continuidad evaluativa. Es como un corte en el aprendizaje donde pareciera que todo lo que hiciste durante el año no sirve. Aparte, eso de tener a varios profesores sentados frente tuyo , cuál tribunal judicial donde tu inocencia se pone en duda, te genera una presión, nerviosismo y ansiedad terrible. La gente lidia de diferentes maneras con esta presión, recuerdo a una compañera que cuando estábamos por rendir se paseaba por toda la facultad, no había manera que se quedara quieta. Ella es lo contrario a mí, que cuanto menos me mueva menos nerviosa me siento.
Tambien hay que ver como estrés te pasa por el cuerpo, uno se da cuenta enseguida. Se te seca la boca, te tiemblan las manos o las piernas, te pones colorado y taratamudeas, te sudan las manos y otras partes del cuerpo, comienza a dolerte el estómago y te dan ganas de ir al baño, he visto gente que hasta vomita o llega a desmayarse. Aparte de que te pueden dar unas ganas terribles de salir corriendo, una sensación de apuro, de querer terminar lo más rápido posible. Yo creo que el cerebro te dice que estas en una situación de peligro y te impulsa a huir.
Ahora con la virtualidad se suman a los exámenes otras variables que generan incertidumbre, porque aparte de uno sentirse nervioso se puede ir el internet, las presentaciones pueden no aparecer en la pantalla, puede cortarse el audio o el video, entre muchas otras cosas más. Un suplicio.












