«Ninguna maldad mayor que vestirse de la virtud para exercitar mejor la malicia. Cometer los vicios es fragilidad. Disimular virtudes, malicia. Los hombres se compadecen de los vicios y aborrecen la hipocresía; porque en aquéllos se engaña uno a sí mismo, y en ésta a los demás. Aun las acciones buenas se desprecian si nacen del arte, y no de la virtud. Por bajeza se tuvo lo que hacía Vitelio para ganar la gracia del pueblo; porque, si bien era loable, conocían todos que era fingido y que no nacía de virtud propia. Y ¿para qué fingir virtudes; si han de costar el mismo cuidado que las verdaderas? Si éstas por la depravación de las costumbres apenas tienen fuerza, ¿cómo la tendrán las fingidas?»
Diego Saavedra Fajardo: Empresas políticas 1. Editora Nacional, pág. 207. Madrid, 1976.
TGO
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