Por si las dudas, de volver a soñar
Sabe que está pensando en ella, y sabe muy bien que está pensando en él. Le pesan los ojos y cabecea dormida. Se deja hipnotizar por el ruido de las agujas del reloj, y el goteo incesante de una pérdida del baño contiguo a su habitación.
Se pierde en un sueño, y recuerda su tacto, su perfume y su piel. El tamaño de su espalda, y sus ojos marrones. La barbilla, inconfundible, y su pelo desordenado. Poco a poco, la habitación donde se encontraba queda a oscuras, y el ruido de las gotas se hace más intenso.
Se apaga el reloj, y el goteo empieza sobre su cabeza.
Desorientada, busca la presencia del que hace segundos antes estaba sobre ella, pero ahora solo siente el peso sobre sus extremidades.
Las gotas se hacen más densas, cayendo sobre su frente, y de a poco, aquella agua se convierte en algo más pesado, y caliente. Le cae por los ojos y rodea las mejillas, por la comisura de sus labios. Cuando llega a su lengua, nota el sabor inconfundible del metal de la sangre. El flujo continuo de gotas sigue creciendo hasta convertirse en un chorro imparable que comienza a ahogarla.
Toce y escupe, pero todavía no puede mover más que su cabeza, y es en vano querer escapar. Cada vez que tira, la sujetan más fuerte, hasta que se cansa, y deja de intentar.
Cuando cree que todo está perdido, de pronto, en el sórdido silencio, se escucha de vuelta el reloj.
Abre los ojos, agitada y agotada. Prende la luz de un velador cercano, y encuentra que está sobre un círculo de sangre.
Se levanta, fastidiada de la cama, y pone sus sábanas a lavar.
2 AM de la mañana, prende el lavarropa, lo programa a media hora, y decide abrir un vino, blanco. Por si las dudas, de volver a soñar.