Dulces, pasteles, galletas, papas fritas, refrescos, hamburguesas, pizzas, sushi, pollo frito. Tan solo pensar en tan deliciosa comida te hace querer tenerla, te hace salivar y te imaginas lo rico que sería estar disfrutando de ella, ¿verdad?
Pues, gorditos míos, déjenme decirles que ustedes son adictos a ese delicioso sabor que ha destruido lentamente su cerebro. El azúcar y las grasas procesadas, tan deliciosas, son tan o más adictivas que algunas sustancias ilícitas, así que la mayor diferencia entre un junkie mugroso y tú, mi querido gordito, es que puedes conseguir tu droga en cualquier parte con solo hacer un par de clicks y a nadie le importa.
Creerías que ahora debería abogar por dejar su consumo y buscar azúcares naturales y otras mierdas por el estilo, pero NO, me rehúso a ello.
Es más, vuélvete adicto a esos alimentos ultraprocesados, deja que corrompan tu mente y arruinen tu sistema de recompensa; así la siguiente dosis tendrá que ser aún mayor que la anterior y que la anterior en un ciclo sin fin de gula y hedonismo. ¡Solo beneficios! Serás más grande, más gordo y más feliz; lo mejor de todo es legal. ¿Qué importa la diabetes y las enfermedades cardíacas si eres feliz?
Así que tres hurras por los alimentos ultraprocesados, que tan bien hacen a mis queridos cerditos, vaquitas y glotones; felicidad a un clic de distancia, felicidad a una notificación de distancia; ¿qué importa que parezcas el perro de Pavlov con la campana, si eres feliz?
¡Los dulces son tus amigos!
¡Las papas fritas no te juzgan!
¡El refresco te hace feliz!
¿No quieres ser feliz, glotón?
Entonces, ¿por qué pensar en lo malo si lo bueno es tan delicioso y perfecto?
Amén por los ultraprocesados, por Wendy's, Burger King, McDonald's, Subway.
¡Felicidad instantánea en la palma de tu mano!