—Creo que ahora es cuando digo esa preciosa frase de tres palabras, pero... Voy a esperar un poco para ver si esto mejora de alguna manera.

seen from Malaysia

seen from Canada
seen from Malaysia
seen from Spain

seen from Canada

seen from Spain

seen from United States

seen from Germany
seen from Singapore

seen from United States
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from Spain

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Singapore
seen from United States

seen from United States
—Creo que ahora es cuando digo esa preciosa frase de tres palabras, pero... Voy a esperar un poco para ver si esto mejora de alguna manera.
—Personalmente pienso que es mierda... Pero una mierda muy bien expresada y bastante interesante.
- Anoche me aburría y me saqué este permiso para poder oficiar bodas. ¿Cuándo dices que te casas?
- Dos años fuera y el pueblo parece otro - soltó las palabras al aire, dejando la funda de su guitarra a un lado mientras miraba a su alrededor y dejaba que el taxista sacara su equipaje. - ¿Seguro que esto es Wigston?
“No puedo creer lo larga que está la cola, ¡no voy a salir de aquí nunca!” Comentó la italiana, exasperada al sentir que se quedaría atascada horas en el súper mercado y con su niña en casa a cargo de la niñera.
“No es tan difícil, ¿ves? Con el tiempo se logra... a menos que en serio no seas para nada flexible.”
“Lo que eres es un imbécil” comenzó en un tono fuerte, feroz, importándole más bien poco si era escuchada por alguien más a su alrededor. Un pequeño felino, un cachorro, se encontraba asustado y escondido dentro de la corteza de un árbol sin atreverse a salir porque un adolescente idiota disfrutaba en darle con un palo para intentar sacarlo de allí y reírse de él. “¿Te doy con el palo yo en otro sitio?” dicho aquello tiró con fuerza del susodicho palo que sostenía entre sus dígitos, de mala manera. Por supuesto que estaba llamando la atención, pues algunos transeúntes se paraban a mirar y cuchichear por lo bajo, pero no había nadie que se acercara a la escena.
Por última vez, Ariel levantar la maleta para subir las escaleras, pero como todas las veces anteriores terminó dejándola caer cuando no la había levantado más de un palmo del suelo. Bastante frustrado, el muchacho de larga melena dio una fuerte patada al objeto causando que se cayese armando un estruendo. Suspiró y se cruzó de brazos, quizás esperase a que algún buen samaritano le ayudase a subir la estúpida maleta ahora que su padre se había ido a casa.