No era alguien que creyera mucho en las coincidencias, mucho menos en las casualidades. Ademas, a todo eso, había que agregarle que su sexto sentido nunca fallaba (bueno...muy pocas veces). Tenia instintos muy fuertes, y estos lo habían mantenido alerta los últimos días recordandole que alguien le seguía. Siempre tenía la sensación de que alguien estaba a sus espaldas y no era precisamente su sombra. Había estado atento y se cruzó con un rostro más de una vez en diferentes ocasiones, y una de ellas era ese preciso momento. Tenía que ser él, ¿verdad? ¡Si! Estaba seguro, pero realmente no lo conocía. Entonces, ¿por qué le estaba siguiendo? No pensó mucho sus acciones, simplemente se acerco a él y con toda la confianza del mundo le palmeó la espalda. “Que tal” saludo, como un amigo a otro amigo. “Si me vas a acosar mas vale que me invites un trago, ¿no lo crees? Sería tan descortés de tu parte” acusó, la mano que se mantenía en su espalda se deslizó a su hombro par darle un apretón.