“¡Por Dios! No te aparezcas de ese modo.” — @xrosc.
Los vocablos lo tomaron por sorpresa (no esperaba que alguien se apareciera de la nada al cruzar el pasillo), y automáticamente usó la nueva linterna adquirida para esclarecer las dudas sobre su interlocutor. “Oh,” soltó, primero, parpadeando un par de veces, “lo siento, estaba—” agitó el pequeño papel con la siniestra, ese recuadro de apariencia inocente cuya consecuencia lo había dejado en algún punto entre estarse quejando y cuestionando sus decisiones de vida hasta ese día. “Yo, personalmente, te recomendaría que al menos no tengas nada que ocultar, no vayas a buscar una linterna con la jefa de las doncellas.” Aconsejó junto a un leve meneo de cabeza.














