El camino a la felicidad.
Lecturas del día (08-may-2020): Hch 13, 26-33 / Sal 2, 6-7.8-9.10-11 (R. Mt 16, 16b) / Jn 14, 1-6.
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.» (Jn 14, 6).
Hace dos días tuve la oportunidad de ver una película denominada "el cielo es real". Lo que más llamó mi atención, es una pregunta que hace el protagonista ante su comunidad cristiana, acerca del cielo: ¿el cielo es real? ¿Existe el cielo?, Pregunta a la que muchos no saben qué responder.
En el evangelio de hoy, Jesús manifiesta a sus discípulos que en la casa de su Padre hay muchas moradas y que Él se adelantará a preparar ese lugar para que cuando llegue el momento ellos puedan acompañarle. De esta manera, Jesús nos habla hoy de esa casa, que muchos, y me incluyo, la interpretamos como el cielo. ¿Qué debemos hacer para llegar a ese lugar del que habla Jesús? También lo explica en el evangelio al afirmar: «yo soy el camino la verdad y la vida.» (Jn 14, 6)
Así las cosas, la invitación es a vivir a la manera de Jesús, hacer las cosas como las haría Él, pensar y sentir como Él, esta es una de las tantas promesas de Dios, llevarnos a su casa si cumplimos sus preceptos y atendemos las enseñanzas que nos dejó su hijo en su paso por la tierra.
En lo personal creo que el cielo existe y que es incluso posible disfrutarlo antes de partir a la eternidad, yo veo el cielo, en el nacimiento de un niño, en la sonrisa de mi madre, en los abrazos de mis amigos, en la solidaridad de mis hermanos, veo el cielo en mi pequeña ahijada cuando me pide que la cargue, también lo veo en un árbol florecido en medio de la sequía, o cuando siento en mi pancita un revolotear de mariposas producto de la vidita que se gesta. ¡Es que Dios es maravilloso! Y su amor es tan grande, que incluso en este plano, si tenemos afinados nuestros sentidos es posible reconocerle y tener nuestro propio cielo.
Dios nos hace sensibles, la misma sensibilidad con la que Pablo expone que, aunque el pueblo de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús aun cuando escuchaban la Palabra de Dios cada sábado, nuestro Señor cumple su promesa y Jesús resucita para hacernos saber que Dios todo lo puede, que nos ama infinitamente y que todos estamos llamados a morar con Él en su casa, porque Él da vida aún después de la muerte.
Dejémonos entonces contagiar por las promesas de Dios que no tienen fecha de vencimiento, debemos dejar de vivir para sí mismos y comenzar a servir a los demás, a ejemplo de Jesús, dejemos que nuestro corazón sea lleno del amor de Dios para que seamos sensibles a todo lo que viene de Él.
Jesús definitivamente es el camino a la felicidad y nos conduce al Padre, y con ello a la plenitud que muchos buscan en lugares equivocados; con el Padre, el Hijo y su Santo Espíritu ¡lo tenemos todo!
Por: Andrea Lasso Guerra, Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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