Después de leer la carta de Ymir, Historia decide escribirle una que nunca le llegará para lidiar con la pérdida.
[texto:]
Ymir,
el tuyo es el nombre con el que me acuesto todas las noches y con el que mis labios despiertan de todos mis sueños y la mitad de mis pesadillas. Tengo aún muchas cosas que decirte. Tengo aún muchas cosas que confesarte. Sé que esta carta nunca te llegará, porque lo primero que haré al terminarla será viajar hasta el mar y dejar que la corriente se la lleve hasta que no quede nada.
¿Queda algo de ti, Ymir?
¿Queda algún santuario al que pueda ir?
¿Podrás leerla si la abandono en el desierto, bajo el manto de pequeñas luces blancas que me describiste?
Deseo que hubieras sido más egoísta. Querría haber muerto contigo a tener un futuro donde lo único que me queda de ti es un papel y los recuerdos.
Recuerdo lo que era estar tumbada a tu lado, y lo mucho que te gustaba mirar al cielo nocturno. Solías decirme que odiabas la Luna porque tapaba demasiadas estrellas, pero yo te dije que me recordaba a ti porque iluminaba toda la oscuridad por la que no podía ver, y me miraste de una forma en la que nunca antes nadie me había mirado ni quiero que me mire nadie más después.
Siempre recordaré ese beso, Ymir. Y siempre me arrepentiré de que fuera el último.
Aunque me alivia que te hayas ido sin sentir ningún remordimiento, no puedo decir lo mismo. Me arrepiento de no haberte besado otra vez cuando me confiaste tu secreto. De no haberte dicho cuánto te quería con mis propias palabras, o de explicarte la forma en la que nunca tenía frío cuando estabas cerca.
Me gustaría haber tenido más tiempo para demostrártelo todo con más que acciones.
Soy una ilusa y no puedo vivir pensando que no volveré a verte, así que esta no será la última carta que te escriba de noche y bajo la ventana, como sé que tú lo harías. Si eres una diosa, asegúrate de darme una segunda oportunidad para poder preguntarte algo, en voz alta y con mi promesa ya cumplida.
¿Te casarás conmigo?
Siempre tuya,
Historia









