A short fic of if sammy was in the fnaf 6 fire based on my au
The fire surrounded the inside and outside of the building. On the inside, sammy was trapped in the fire, engulfing him hole as he used all his might to scream.
"MICHAEL!!"
His screams were muffled by the shrieks of spirits. He hoped someone would be able to hear him. Maybe Mike would decide how was innocent and help him through the fire.
"I'm sorry to interrupt you, Elizabeth.."
A voice rang through the pizzeria. It sounded familiar to Sammy, but that was the least of his worries right now.
Michael sat calmly in his office, watching the fire bury the place. It was time to let this place go. The memories, the place, the people. He hears the screams of sammy, and he knows deep down that it really wasn't Sammy's fault he got involved at the last minute, but he still got involved. So he must burn with the rest of his family.
Sammy laid on the now dirty floor of the pizzeria hopelessly as the man on the speaker rambled on about a labyrinth, peace and warmth, and an old friend.
"My daughter, if you can hear me,"
Sammy felt the burns on his body get worse and worse, and all he could think about was everyone who he'd met in his life. His father, his sister, his mother, the aftons, Mike schmidt, who told him his father really was alive, and his sister was possessing a robot. Mike schmidt, who told him what remnant was. Mike schmidt, who secretly gave him free pizza anytime he'd come during the mornings. Michael afton, who was his friend.
Después de leer la carta de Ymir, Historia decide escribirle una que nunca le llegará para lidiar con la pérdida.
[texto:]
Ymir,
el tuyo es el nombre con el que me acuesto todas las noches y con el que mis labios despiertan de todos mis sueños y la mitad de mis pesadillas. Tengo aún muchas cosas que decirte. Tengo aún muchas cosas que confesarte. Sé que esta carta nunca te llegará, porque lo primero que haré al terminarla será viajar hasta el mar y dejar que la corriente se la lleve hasta que no quede nada.
¿Queda algo de ti, Ymir?
¿Queda algún santuario al que pueda ir?
¿Podrás leerla si la abandono en el desierto, bajo el manto de pequeñas luces blancas que me describiste?
Deseo que hubieras sido más egoísta. Querría haber muerto contigo a tener un futuro donde lo único que me queda de ti es un papel y los recuerdos.
Recuerdo lo que era estar tumbada a tu lado, y lo mucho que te gustaba mirar al cielo nocturno. Solías decirme que odiabas la Luna porque tapaba demasiadas estrellas, pero yo te dije que me recordaba a ti porque iluminaba toda la oscuridad por la que no podía ver, y me miraste de una forma en la que nunca antes nadie me había mirado ni quiero que me mire nadie más después.
Siempre recordaré ese beso, Ymir. Y siempre me arrepentiré de que fuera el último.
Aunque me alivia que te hayas ido sin sentir ningún remordimiento, no puedo decir lo mismo. Me arrepiento de no haberte besado otra vez cuando me confiaste tu secreto. De no haberte dicho cuánto te quería con mis propias palabras, o de explicarte la forma en la que nunca tenía frío cuando estabas cerca.
Me gustaría haber tenido más tiempo para demostrártelo todo con más que acciones.
Soy una ilusa y no puedo vivir pensando que no volveré a verte, así que esta no será la última carta que te escriba de noche y bajo la ventana, como sé que tú lo harías. Si eres una diosa, asegúrate de darme una segunda oportunidad para poder preguntarte algo, en voz alta y con mi promesa ya cumplida.
Me ha salido más largo de lo que pensaba, oops. Será cosa de la emoción por el cumple de Lance. ¡Gracias por darme el prompt!
Prompt 13: why are you blushing? (español)
Aburrido. Aburrido, aburrido, aburrido. ¿Por qué tenían queirse a dormir tan temprano si en medio del espacio ni siquiera tenían una horafija? Lance no lo podía (ni quería) entender, pero eran más de las once de lanoche, tras un día libre, y no había manera humana de que le entrara sueño pormucho que Allura insistiera en que el descanso era lo más importante para unbuen entrenamiento. Bueno, pues mirar al techo o dar vueltas en la cama tampocoera descansar, así que nadie le podría decir nada si se levantaba paraentretenerse. Bajó de la cama casi a rastras y buscó sus zapatillas, pero nolas encontró. Esperaba que Pidge no se las hubiera vuelto a robar y a tirar conla excusa de que olían mal.
Al final fue descalzo por todo el pasillo, pensando en quéharía para que le entrara el sueño y no ser un zombie al día siguiente, pero seencontró a Keith sentado en la alfombra del gran salón. Lance pensaba que seríael único despierto, aunque debió suponer que Keith tenía que ser errático enabsolutamente todo. Incluidos sus horarios.
Lance se le acercó sigilosamente por la espalda –normalmente su compañero tenía buenos reflejos, y más en mitad de la «noche»,pero parecía concentrado en lo que sea que tuviera en las manos y tenía puestamúsica rock en el pequeño reproductor al lado del sofá. Lance quería quemarletodos los discos del tal Fall Out nosequé, pero tampoco quería morir joven. Seaproximó hasta estar a menos de un paso de su espalda y miró el suelo plagadode papeles.
—¿Qué haces a estas horas, Keef?
Desearía haber grabado su reacción, porque Keith por poco nosaltó en el sitio y se puso de pie. Se giró a medias, abrazando lo que sea quetuviera antes en las manos, con cara de susto.
—¡¿Pero qué haces acercándote así?!
—¿Qué escondes?
Lance entrecerró los ojos, ignorando su queja completamente,y se agachó para intentar quitarle el objeto misterioso de las manos. Keith nole dejó, obviamente, pero Lance no se rindió, y ambos acabaron en el suelo encuestión de segundos luchando por defender y robar el cachivache. Keith nocontroló las distancias cuando se intentó alejar por tercera vez, por lo queterminó acorralándose contra un mueble y Lance se le echó encima paraarrebatarle por fin el secreto.
Se quedó mirando el envoltorio que tenía en las manos. Erade color azul marino y llevaba una pegatina en forma de estrella para pegar laspuntas donde se juntaban. A Lance le brillaron los ojos.
—Te voy a matar un día de estos, Lance, te lo juro. Nopuedes abrirlo —dijo Keith, tratando de apartarle de encima y creyendo quepodía dar miedo ahí tirado en el suelo.
Lance quiso molestarle a propósito y se acomodó más en elsitio, sentado sobre él para que no se moviera y no le quitara su regalo de lasmanos. Estaba tan centrado en su falta de sueño que se le había olvidadocompletamente que el día siguiente era su cumpleaños según el calendario humanopor el que aún se guiaban. Que Keith le estuviera preparando algo era todavíamás inusual, una cascada de calidez en su pecho. Le costaba ocultar suentusiasmo.
—Claro que puedo —Lance esbozó una sonrisa ladina y señalóel reloj digital en la pared. Eran más de las doce—. Ya soy el cumpleañero.
Keith gruñó con frustración y trató de quitarle el regalootra vez, pero Lance fue más rápido en desenvolverlo.
Lo primero que vio fue un marco de madera con un mosaico enforma geométrica, tallado claramente a mano. Luego estaba lo que contenía. Erauna foto, pero no cualquier foto. Era la primera que se habían hecho todosjuntos poco después de conseguir formar Voltron – Pidge, Hunk, Allura, Coran,Shiro, Keith y él, incluso los ratones de Allura, todos sonrientes y medioabrazados.
—Sé que echas de menos a tu familia —Keith dijo en voz baja,dejando de lado el empujarle. Lance apartó la vista de la foto con dificultadpara mirarle desde arriba—, pero también tienes una aquí.
Lance continuó sin moverse unos segundos más, sin esperarseabsolutamente nada de lo que acababa de pasar. Keith puso una cara rara,seguramente pensando que no le había gustado el regalo o su comentario, pero esedetalle le hizo reaccionar y se le volvió a tirar encima. Esta vez acabódándole un fuerte abrazo en lugar de aplastarle, aunque lo estuviera haciendotambién igualmente. Keith se quedó completamente quieto.
—Gracias, Keith. Sé que he pedido un montón de cosas, pero enrealidad este es el mejor regalo que podría tener.
Lance se apegó un poco más a él con cariño por todo suagradecimiento y le estrujó un poco más antes de soltarle y alzarse un poco. Susonrisa cambió por una expresión de sorpresa en cuanto vio el color de cara deKeith.
—¿Por qué te has puesto rojo? —preguntó con una confusiónque le duró poco; empezó a sonreír otra vez.
—Hhhgggggffff… —Keith gruñó algo ininteligible, tapándose elrostro con el brazo.
—Deja de esconder cosas —Lance dejó la fotografía a un ladoen el suelo, le apartó el brazo y se inclinó más cerca sobre él, de nuevosonriendo ampliamente. Significaba algo que esa fuera la primera vez que leveía así—. Estás mono. Incluso haces juego con tu ropa y tus problemas decontrol de ira.
Keith giró la cabeza y se cruzó de brazos sobre su pecho,con un gesto tanto molesto como increíblemente avergonzado.
—No pienso hacerte más regalos de cumpleaños —refunfuñó.
—Entonces será mejor que aproveche y me los lleve todosahora.
Lance se agachó del todo y le besó muy rápido, apenas unachispa entre fuego y agua – y se levantó corriendo antes de que Keith de verdadle matara.
Pero Keith no le persiguió. Para eso, tendría que poderrespirar con normalidad primero y levantarse sin que le temblasen las piernas.
"I always tell you about how happy we're together in a lot of different universes too, but I can’t today. I’m sad," Even whispered, voice low, gaze still.
"Why?" Isak asked, already knowing how sometimes there simply wasn’t any reason.
"I don’t know,” Even caressed his cheek slowly. “Maybe today I just can’t stop thinking how alone you must feel in the ones we're not."
Levi doesn’t feel anything too deeply these days, not even resentment. His colleagues - a word too close to “friends” to even sound real - are surprised by him showing more compassion than ever, while nobody mistakes it for forgiveness. He’s just tired of being angry. Rage has been accompanying him all his life and he feels sort of naked without it, but it doesn’t serve any purpose now.
Exhaustion sticks his bones to the ground and his skin burns every time someone touches him. His body is not a trophy, nor a weapon. Not anymore, at least. Not when his stomach sinks with the smell of blood or when the feeling he can’t name keeps him from eating or sleeping without feeling sick. And the nightmares aren’t the worst part.
For the first time in his life, he fears oblivion. Everything he has left of Erwin is a cold stone, an old jacket, a bolo tie and memories, and his worn-out mind keeps erasing them as if more destruction would lessen the hole in his chest. Knowledge is something hurtful.
“I wanted your death to mean more than this,” Levi says to the stone.
“I don’t blame you,” Erwin would say. But not even the wind stills.