“No lo sé, no creo poder bailar... eso” comentó el rubio con su suave y terso ceño fruncido. “Es decir... ¿me ves a mí, Anthony Sousa, bailando semejante cosa tan... ridícula?” Preguntó, arqueando una de sus cejas en interrogación mientras sus escrutadores ojos azules se hallaban clavados en el coreográfo. Al ver como éste asentía, el bailarín soltó un potente bufido, negando con su cabeza antes comenzar a comer las palomitas que minutos antes había pedido. “Lo siento, pero no. No pienso bajar mi categoría de mejor bailarín para repetir esos pasos tan mediocres” finalizó diciendo, usando ese tono que, dejaba más que claro, era su última palabra. “Ahora, hazme el favor de retirarte” pidió, soltando un suspiro cansado cuando el mayor se hubo retirado y lo hubo dejado con su cuenco de palomitas.







