La esperanza como ancla
Los últimos meses me he sentido devastada. Los estudios me agobian y siento cómo, poco a poco, mi salud mental y emocional se desgasta. La carga de responsabilidades a veces me hace sentir diminuta, como si fuera una gota en medio de un océano que no deja de rugir. Este mundo puede ser feroz, exigente, inquisidor… y muchas veces parece que no hay respiro. Pero me aferro a una imagen, a una esperanza: la de algún día estar en paz, haciendo lo que amo, con quienes amo, en un lugar que parezca un sueño hecho realidad.
Supongo que esa visión es lo que me da la fuerza para seguir. Porque incluso los desafíos más duros, en algún momento, nos recompensan. O al menos eso quiero creer.






