un gran bostezo se le escapa cuando los autitos no hacen más que girar y están todos concentrados en ello. igual de descuidada es su postura, languida con las piernas ligeramente abiertas mientras el posabrazos cumplía con la tarea de sostener su codo. no es hasta una décima de tiempo después que recae en pequeño detalle: ‘ oh, mierda — ¿donde están mis modales? ’ se recompone, cruzando las piernas con la mayor delicadeza que pudo reunir como si tuviera la mirada de su madre clavada en la nuca. endereza la espalda, gesto que le arranca una pequeña mueca de incomodidad en lo que amplía sus comisuras en gesto ligeramente forzado: ‘ ¿champagne? ’ ofrece la copa más cercana de la bandeja a disposición, con una sonrisa aún permaneciendo como si así pudiera borrar de la memoria ajena que la perteneciente a la dinastía puede ser una maleducada. vestigios de su personalidad que aún no logra arrancar. — terraza del hotel.













