Cuando unos ojos te atrapan, te atan de por vida. Te preguntas ¿por qué?, a mi parecer la respuesta es simple... los ojos son las puertas del alma y cuando entras por ellos, el camino inquietante te envuelve y las puertas se cierran tras tu entrada. Es difícil encontrar la llave para acceder a “esos ojos”, es difícil por el simple hecho de que son únicos, especiales. Se dice que ese encuentro sucede solamente una vez en la vida, que una vez que los ves ya nada vuelve a la normalidad. Muchos no entenderán, muchos otros dudarán y otros tantos lo vivirán. Es increíble como una mirada de esos ojos pueden cambiarte la vida, cuando crees que ya lo entendías todo, cuando crees que lo sabías todo... surgen más preguntas que respuestas, surgen mil maneras en el que el corazón quiere gritar lo que siente, el mundo se da vuelta completamente y se te pierde la mirada con dirección hacia el oeste, tú corazón empieza a latir cada vez más fuerte y sientes una brisa acariciar tu pelo. ¿Qué fue? Es la pregunta que normalmente surge, ¿alguien más lo sintió?, es difícil descifrarlo... no puedo saberlo con certeza, pero si de algo estoy segura es que fueron esos ojos, esos benditos ojos cafés que no puedo dejar de mirarlos. ¿Es normal? Maldita sea, quiero dejar de verlos... pero me he dado cuenta que también me miran a mi. Me siento extraña, no sé qué acaba de ocurrir, mis palabras son silenciosas y solamente un gesto podría salvarme. Tengo que actuar normal, ¿pero cómo? ¿Quién puede ir por la vida como si nada luego de lo que acaba de pasar? No encuentro la manera para acercarme hacia el y describir esto que acaba de pasar, pero no podría ni siquiera yo lo comprendo. Creo que la mejor opción será olvidar este momento y seguir hacia adelante, aunque pensándolo bien no creo que sea la mejor opción. ¿Qué hago? Dudas salen de mi mente como si fueran aves liberadas de su jaula, ¿y ahora? Maldita sea, esto se convirtió en un dilema... aunque grite por dentro, nadie escucha mis palabras y ahora es imposible que alguien más lo entienda. Recuerdo haber escuchado a mi madre decir que me cuidara de la maldad de allá afuera, ¿por qué nunca me advirtió sobre esto? Esos ojos entraron en mi ser y yo por temor coloqué cadenas en la entrada, sin darme cuenta antes que ellos se habían quedado atrapados en el interior... para siempre.