Instrucciones para olvidar
Desesperado por el recuerdo de su presencia todos los días en mitad del desierto que dejo al irse, busqué una salida fácil luego de incontables intentos de escapar de su recuerdo, un libro llamado "instrucciones para olvidar" me encontró mientras me perdía en mi y al agarrarlo vi que era delgado, pequeño y escuálido en letras, demoré un par de hojas para encontrar las instrucciones y me sorprendí con lo que decía.
"Instrucciones para olvidar
Primer paso: Avanza. Segundo paso: No te vuelvas de sal. Tercer paso: Sé como los arrieros"
Nada de eso tenia sentido, pasaba y pasaba hojas en blanco y no encontraba ninguna explicación, solo un breve pie de pagina en una hoja vacía casi al final del libro que decía "Recuerda que la tierra es esférica"
"¿Que clase de autor escribió esto?", me pregunté, tire el libro con decepción al suelo y continué observando a esa presencia que no sacaba de mi cabeza, que era igual a ella pero siempre me daba la espalda.
Entré en desesperación, lloré, grité, traté de hablarle una y otra vez, repasaba cada momento en mi cabeza, cada cosa que no noté, que hice y no hice, que dije y no dije y ahí a la vista, su presencia tapándome la luz simplemente dándome la espalda. Entre llantos y sollozos me vi a mi mismo como un perro herido que se lame sus heridas sin saber que se lastima mas. Y por un momento sentí la necesidad de usar el cono de la vergüenza, al menos para dejar de lastimarme, y en medio de mi vergüenza auto infligida vi el libro tirado en el piso, abierto entre paginas vacías y entre ideas y preguntas me asaltó la curiosidad entonces lo volví a tomar y leí nuevamente en voz alta "Punto uno: Avanza".
Lo intente, me levanté y comencé a andar, me costaba poner un pie delante del otro, los primeros pasos eran difíciles, me sentía oxidado, me pesaban las piernas, me faltaba el aire, pero se hacía más fácil sin ser fácil, un paso delante del otro, levanté mi mirada y sin dejarla de ver a ella, de espaldas, empecé a gritarle "Mírame, mírame, te estoy olvidando", y ella, inamovible mientras yo andaba, como si fuera la luna que me perseguía cuando niño, se mantenía a la misma distancia, ni mas cerca, ni mas lejos, siempre ahí, y yo convencido que me seguía...
Tropecé por andar mirándola a ella, y al casi caer mire hacia el suelo, vi mis huellas adelante de donde apoyé mi mano para no aporrearme, y sorprendido caí en cuenta que había caminado en círculos rodeando a esa presencia durante tiempo. Al repasar mi camino de huellas entendí que estaba en el mismo punto que empece a andar y entendí que no avance... Me mordí el cachete por dentro, gire mi boca hacia todos los lados, apreté mis dientes, empuñe mis manos, suspire profundamente, mire al cielo con los ojos cerrado y grite para mis adentros "Malparido libro"
Baje la cabeza y mire la presencia de ella ahí, luego giré y no vi nada, la nada misma, y en ese momento lo decidí, y fue como si cada parte de mi ser pesaran 100 elefantes, gire mi cuerpo hacia la nada, y dándole la espalda a ella le grité "Venite conmigo" y comencé a andar.
Al principio lo hice como cuando bailaba salsa con ella "un pasito adelante, un pasito para atrás", me reí conmigo sintiendo que era un chiste que a ella le encantaría escuchar, y seguí andando solo porque estaba seguro que ella me seguía, como el Coyote al Correcaminos, cerca pero cuando volteara no la vería, así que seguí, sin voltear, convenido que escuchaba sus pasos, su respiración, que la escuchaba tropezar y luego sonreír, a veces corría para perdermele... a veces deambulaba para que me alcanzara... Caminaba lento, esperando que ella me tocara el hombro, me pidiera que volviera, que la esperara, que me dijera que se entretuvo viendo el cielo o como en las películas, me girara y sin decirme nada me besara mientras me inclinaba sin dejarme caer justo cuando la banda sonora llegaba al punto máximo del crescendo... pero la música nunca sonó.
Distraído viendo películas en mi cabeza mire hacia el piso y no vi huellas hacia adelante, me detuve por un momento y busque en el suelo mis huellas y solo las vi atrás de mi, deje de andar en círculos y sentí un miedo gigante, cerré mis ojos con fuerza, suspiré... y mire hacia atrás, y la vi, mas pequeña, casi diminuta, solo reconocía que era ella porque era yo, el que la miraba cada noche y sabía perfectamente quien era, así que giré y avance otro poco, y volví a mirar atras y avance un poco mas y cada cierta cantidad de pasos la veía mas y mas pequeña, como cuando los barcos zarpan al mar, que por la forma de tierra en algún punto los dejas de ver. Seguí y ya casi no la veía, o no la recordaba, intentaba mejorar mi visión haciendo mis ojos mas chinos para poder acordarme al menos de su color de pelo. Desde esa distancia se me hacia imposible identificarlo, y ahí lo sentí, otro pasó mas y la perdería de vista. Me quede un momento quieto mirándola, y poco a poco vi mis pasos a través del camino, algunas huellas habían desaparecido, otras apenas recordaba cuando las hice, y el camino que creía que había sido recto, se veía serpenteante, irregular, casi chistoso. Y comencé a perderme a mi mismo, sentía el sol evaporarme sin siquiera ver su luz, solo buscaba desesperadamente en el horizonte como se veía, como sonaba su voz, su risa, como se sentían sus abrazos o sus caricias, y sentía que el sol arrebataba el agua de mi cuerpo oceánico y solo quedaba una pila de sal
Abrí los ojos e intente devolverme pero mis pies estaban quietos, con mis manos agarre mis piernas pero seguía sin poderlas mover, comencé a sentirme arenoso, desértico, y un poco sin suerte. Probé uno de mis dedos y degusté tanta sal que seguramente hablaría lengüisopa los siguientes 3 días, y ahí lo entendí. Quedarme ahí sería volverme una estatua, ahí tan lejos para convencerme que si me fui, pero cerca por si ella me llama, rápidamente podré volver.
Entonces gire, me trague las lagrimas que venían como una erupción desde lo mas profundo del pecho y solo di el paso, y cayó una lagrima y luego otro paso, luego otro y luego otro, y en medio de un aguacero que inundó ese desierto, obra de mis lagrimales, continué mi camino por lugares mas verdes, a veces caminando lento, a veces caminando pesado para dejar huella. Ya cuando volteaba no la veía, veía un punto en su dirección, y sabía que donde estuviera siempre ese punto estaría, pero ya no es la presencia que me eclipsa, es solo un pixel en el firmamento, y caminando volví a leer el libro, y pensando en el punto tres decidí no caminar en linea recta, coger atajos, nadar ríos contra la corriente, caminar en letra cursiva, correr a veces, y otras veces solo flotar, ir en linea curva para evadir el miedo que ella y yo seamos paralelos, sin negar la esperanza que el siguiente giro sea el que nos cruce, y cuando pase sé que no sera la misma, ni yo el mismo, porque el camino se hace al andar, y como arrieros somos, en el camino nos encontraremos.








