Vida. ¿Qué era eso? Algo efímero. Un hilo que en cualquier momento puede perder su brío y ser cortado con extrema facilidad, acabando de esta manera con la continuidad de éste al tener atado parte del alma en el cuerpo y que así siga coexistiendo. Cameron sabía demasiado bien que su hilo estaba empezando a soltar pequeños hilillos y el nudo, quisiera o no, también comenzaba a desatarse. Un reloj invisible en su interior marcaba el años, los meses, semanas y días que le quedaban al joven castaño de vida. Se restaban con asombrosa rapidez y cuando menos se diera cuenta, estaría tumbado de nuevo en esas quejumbrosas camillas del hospital a un paso más cerca de la puerta de inframundo. Pero, ¿Cameron tenía miedo de morir? No. Porque quizás muriera en paz o quizás no. No obstante, el temor era perder la vida no vivida. Sólo era un crío con edad de adulto y… aún le quedaban tantas cosas por ver y descubrir con sus propias hazañas. Sus padres no perdían la esperanza y a él le resultaba absurdo. Ellos seguían pensando que encontrarían de verdad a un paciente de corazón compatible y que con la operación podía salvarse. Mas cuanto más donantes buscaban, ninguno servía por minoritarias causas. Dejaron de buscar, limitándose a esperar algún tipo de señal o mensaje que Cameron en cambio tenía claro que nunca llegaría. Y sí lo hacía lo haría tarde, como siempre. El destino era incierto y bien egoísta.
Pero ahora ocurría algo sorprendente. Una cosa que el joven no tuvo pensamiento de que pudiese ocurrir y se trataba de dormir con otra persona que no resultase de su familia, es decir, compartir lecho con… una chica. Cameron siempre se había reservado de guardar relaciones más que amistosas con las mujeres. Nunca había tenido ni querido eso a lo que llaman “relación” ya que no deseaba en ningún momento que al contarles lo de su enfermedad pasaran un mal rato, como lo hacían continuamente sus padres, o simplemente tomarle compasión, lástima… Pero Tennesse había esquivado esas barreras tan cortantes y duras cual icebergs y ahí se encontraba, a su vera. Y él le estaba abrazando, y sentía el dulce aroma de su champú o colonia, y la calidez que ésta misma desprendía con tanta naturalidad. Su tez morena contrastaba enormemente con la palidez del muchacho y por alguna extraña razón, eso le hice apreciarla como una Cleopatra contemporánea. Astuta, suspicaz y letal. El tiempo que la estuvo observando era indescifrable pero al darse cuenta de tal error, se puso nervioso y sin querer obligó a ambos a caer de manera brusca en el suelo del apartamento de la joven.
La muchacha apenas parece darse cuenta de la caída y es que en golpe en sí lo ha recibido todo Cameron, ya que la morena se ha mantenido intacta encima suya. Ella no se da cuenta de la situación hasta que termina de estirarse y centrar sus ojos algo dormilados en las pupilas de exaltación de él.—Buenos días a ti también.—murmura, todavía adolorido por la caída repentina. No, si es que encima él se va a llevar el pato y no ha hecho nada malo…—¿Podrías calmarte? No son horas para comenzar a gritar como una histérica mujer de las cavernas. Apuesto a que tus vecinos no les hará ni un mínimo de gracia escuchar esa linda voz que tienes en ese varitono.—resopla, pasándose una mano por el cabello desordenado y le mira de reojo.—A mí no me pasa nada, simplemente estaba en el borde y sin querer te he llevado a ti de paso al suelo, eso es todo.—rueda lo ojos. Cuando se pone de esa manera tan insufrible es casi un milagro seguir vivito y coleando, porque justo ahora parece una leona bien molesta.—¿Te debo recordar que fuiste tú la que se empeñó en que me quedara aquí? ¿Huh? Qué yo te pongo… Mira, Marin, te confundes de cabo a rabo.—menea la cabeza, suspirando.—Ya te he dicho que ha sido sin querer. Mira, te agradezco enormemente tu hospitalidad y demás, pero creo que va siendo hora de que me vaya largando.—comenta mientras se levanta del suelo y se quita el polvo que ha podido quedar.
—¿Dices que tu me pones qué? Bueno, ya no importa. Sencillamente eres un indecente, Oztreicher—. Responde en voz baja, aún enojada de haber caído sobre el castaño. No solo enojada, si no también confundida, algo alterada y una mezcla de emociones que solo él lograba que Tennessee tuviera en su mente.
Con la fuerza matutina que pudo reunir, la castaña se incorpora rápidamente del cuerpo de Cameron, cubriendo con una manta su cuerpo. No era que estuviera revelando mucho con su camiseta de tirantes apretada que se había subido hasta un poco más arriba de su ombligo (y sumando a todos esto que se hallaba sin usar sujetador) o que sus pantalones de chándal le apretaran demasiado; pero no quería que el la viera así. Mira hacia la pared, específicamente hacia un pequeño calendario al lado donde dormía y se fija en que el día está marcado. Sábado. 10:00 am. Las compras de la semana. Ir al nuevo trabajo. Empezar a trabajar. —¡Oh, joder!—. ¡Se había olvidado que empezaba su nuevo trabajo en la cafetería cercana a la biblioteca de la universidad! ¿Y todo gracias a quién? Exacto, al idiota que le había sacado bruscamente de la cama y la hacía sentir como una boba colegiala enamorada del chico más popular de su escuela.
—Joder, joder, ¡maldita sea!—. Las maldiciones entre dientes se escuchaban aunque ella no quisiera que pasara y, corriendo a su armario, tiró a uno de los puffs cercanos, lo primero que encontró para ir al trabajo. Por suerte, hoy tenía medio turno, hacía un lindo día y luego de trabajar, iría a comprar las cosas para comer en la semana, además de útiles de aseo y lo que hiciera falta en el apartamento. Incluso, si le sobraba algo de dinero, podría ir a beber un trago con sus amigas a algún bar fuera de la universidad y pasar un rato solo entre chicas, una actividad que a Tess le encantaba desde que estaba en la secundaria.
Pero por ahora, su mente solo estaba ocupada en ducharse, arreglarse e ir a trabajar. Suerte que eran las 8:45,si no, ya estaba frita. ¡Y Cameron aún estaba allí! Debía ingeniárselas para echarlo antes de irse o que se ¿quedase allí? La última opción no le agradaba del todo, pero consideraba que sacarle a la fuerza sería una descortesía bastante grande. En fin. —La ducha—. Dice la castaña para si misma, yendo al baño con una toalla y el cargamento de ropa para el día. Una vez llegando allí, deja todo sobre la tapa del váter y larga el agua hasta que está tibia, rápidamente aplicando el champú de naranja en su largo cabello y el jabón de coco y limón en su cuerpo; el origen de su cítrico y dulce olor a la vez. Luego, se enjuaga y aplica el acondicionador a su pelo; el que estuviera apurada no daba lugar a olvidar que debía cuidar su aspecto. Finalmente, sale de la ducha y se seca rápidamente, vistiéndose en tiempo récord y sale del baño, peinando con sus dedos su larga cabellera color castaño oscuro, con algunos mechones dorados naturales. Mueve su pelo de un lado a otro, sacudiendo el agua de éste hasta quedar algo mareada, y mira a Cameron con una expresión algo seria. —Tienes suerte que hoy tenga que trabajar y deba ir de compras para no joderte la vida, ¿eh?—.
Alza una ceja dirigiéndose a la cocina; allí prepara una tortilla de huevos y patatas fritas sobrantes del día anterior, tarareando "Heads Will Roll", una canción que había escuchado hacía unas semanas de Yeah Yeah Yeahs, uno de sus grupos favoritos. Después, hace un té y sirve dos tazas, junto con la tortilla. Sin esperar a Cameron a que vaya a desayunar con ella, come en tiempo récord su desayuno, tirando los trastos al fregadero. —Ya lavaré esto después—. Masculla tomando su bolso con sus objetos personales, mirando al castaño de ojos azules con un intento de sonrisa, que se borra al recordar que debe estar seria ante él. Tennessee lucía como si fuera a salir en una cita: llevaba puesta una hermosa camiseta verde petróleo oscuro que dejaba ver un poco de su escote, lo justo y necesario, adornada con unos botones a juego en las mangas. También sus pantalones apretados de color negro hacían lucir sus largas y torneadas piernas, esculpidas por el constante ejercicio de jugar tenis con sus padres cuando vivía con ellos. Sus zapatos planos negros de diseñador también ayudaban con ese look casual y edgy a la vez que tenía, junto a la cazadora negra de cuero falso que se había puesto. Tennessee parecía una chica sacada de un sitio de moda para chicas y no lo advertía por estar concentrada... En asuntos más importantes.
—Vale, debo ir a trabajar ya o me van a despedir—. Le dice al castaño, revisando por última vez su bolso, comprobando que tuviera su tablet y su móvil allí, además de su maquillaje, peine, perfume, las gafas de sol, guantes y sus pastillas de menta fuerte. —Si te quedas, deja todo cerrado cuando te vayas, ¿vale?—. "Alto, ¿en serio que lo vas a dejar acá?" Susurra una voz en su mente, pero ya no hay tiempo de cuestionarse si eso está bien o no. Debía irse ya, estaba corriendo el tiempo como loco. Se acercó a Cameron y el impuso de besarlo se apoderó de ella, así que se acercó y besó suavemente sus labios; corriendo para salir de su apartamento. Lo que había olvidado -y era bastante importante- eran sus llaves para volver a entrar. Pero ni se había dado cuenta... Ya en el trabajo lo notaría probablemente.













