Humedeció sus labios con discreción, en tanto su mirada se había sostenido de un punto incierto en la pared; mirarlo a los ojos no era una opción, aunque sabía que debía hacerlo en algún momento. Un corto suspiro escapó por su delgados labios, y de inmediato una lacónica sonrisa se formó en ellos; imposible no recordar el café que le preparaba con tanto cariño. —Sí, claro que lo recuerdo. Espérame aquí, uh, siéntate. Ya regreso. —y aunque no quería preparar nada para Peter, el huir a la cocina sonaba como una mejor idea, bastante precisa a decir verdad. Tardó, probablemente, más de lo acostumbrado, sin embargo, necesitaba un minuto para despejarse, para no fallar. —Aquí tienes —añadió, con un tono más relajado. —Es bueno verte. —y era cierto, había extrañado mucho a su ex pareja, sus brazos, sus labios, sus risas compartidas… Y ahora, como el nuevo Kurt maduro que era, debía aprender a tratarlo como… ¿Amigo? No sería fácil, pero no veía demasiadas opciones— ¿Qué te trae por aquí, uh?
Sonrió para sí mismo ante la respuesta. Claro que lo recordaba. No era como si alguien pudiera olvidarse de todas las cosas que compartió con una pareja de mucho tiempo, ¿no es así? Porque habían estado mucho tiempo juntos, aunque quizá no más de lo que él hubiese querido. Asintió ante la respuesta y optó por sentarse en el sofá de la sala de estar, preguntándose por qué estaba ahí, exactamente, ¿qué quería probar con ir a visitarlo? No podía llegar y decirle 'hey, Kurt. Te extrañé. Volvamos, ¿vale? Deja al cara de lagartija de Thad y ven conmigo', porque él había sido el que terminó la relación en un inicio. ¿Iría Kurt a creerle si le decía la verdad? Ciertamente tenía miedo de asustarlo... por suerte la melodiosa voz del menor lo distrajo de su espiral de pensamientos. Le sonrió, agradeciéndole por la taza de café. Le alegraba que, al menos, no le haya cerrado la puerta en la cara. Soltó un suspiro, y después de darle un sorbo al delicioso café que su ex-pareja hacía, contestó en voz baja: --También es bueno verte. Haces el mejor café --se relamió los labios--, ahora. Lo importante. Sí, vine a verte porque estaba en Nueva York y supuse que era una buena idea ver cómo estabas. ¿Estás bien? Oí que tú y ese Thad están juntos --lo último lo dijo entre dientes, dedicándole una falsa sonrisa. El solo pensar que aquél imbécil tenía el derecho de tocarlo y besarlo como él solía hacerlo hacía que le hirviera la sangre.













