EL PARADIGMA DEL OFICIAL DE CABALLERÍA
Recuerdo haber leído hace tiempo, en un libro sobre la representación del Tercer Reich en el cine, que el estilo narrativo de Hollywood era incapaz de hacerse cargo del Holocausto.
Durante el Holocausto, las víctimas perdieron su agencia, y se vieron sometidas a fuerzas estructurales (el desarrollo de la guerra, decisiones internas de las SS o acuerdos diplomáticos entre países). Por otro lado, la estructura narrativa de Hollywood tiene en su esencia una apología de la agencia: está basada en la capacidad de cambiar algo (a sí mismo, una situación injusta, el mundo). Esto significa que son incompatibles. El ejemplo perfecto sería La lista de Schindler, que representa el Holocausto acudiendo a la historia de aquellos que fueron salvados: una minoría ínfima que es elegida no porque ayude a entender el Holocausto, sino porque permite una narrativa de salvación a través de la acción.
Algo parecido sucede con la ciencia ficción de hoy día. Vivimos en un mundo que se caracteriza por la pérdida de agencia política, y que está mediado más que nunca por los movimientos del capital financiero y su uso del data&algorithms, definido por la desaparición de la Política y el reino de la Economía y el Management. Y sin embargo las narrativas que ofrece la ciencia ficción toman la agencia como un presupuesto incuestionable.
A principios del siglo XX, el boom de la alfabetización y de la impresión en papel barato propició el nacimiento del "pulp", nicho literario definido por plegarse a los deseos de las masas. Si bien durante esa misma época la ciencia ficción Modernista (Huxley, Zamiatin, Capek) habían tratado temas políticos y también descrito -y criticado- que el sujeto no tiene capacidad de acción, el pulp inauguraría narrativas basadas en un personaje, generalmente masculino, que toma las riendas de su destino y se abre camino en un mundo que siempre acaba transformando.
El primero en dar forma a este paradigma fue Edgar Rice Burroughs, un ex-oficial de caballería americano. Su narrativa es "una aventura de ritmo rápido con énfasis en un combate violento pero estilizado", que "redefine la Voluntad de Poder como un héroe de acción" y donde "una figura masculina demuestra su valentía y su fuerza a través de diversos sufrimientos, pruebas de resistencia y especialmente a través del combate físico". Con estas palabras describe Adam Roberts este estilo, que definió el pulp durante los siguientes 40 años, y no hay que esforzarse mucho para ver en él cualquier película de acción hollywoodiense.
En el caso de la ciencia ficción se le puede dar una vuelta más, porque a la vez que nuestro mundo nos ha arrebatado la agencia, las representaciones audiovisuales se han caracterizado por un renacimiento de lo político, ofreciéndonos en pantalla lo que nuestras manos ya no pueden ejercer. Así que la sci-fi de nuestros días termina combinando la preocupación política de la antigua sci-fi Modernista con los tópicos prometeicos del pulp, lo cual tiene como vástago el paradigma de la revolución bolchevique o de la guerrilla (The Last Jedi es el perfecto ejemplo), o las aún más delirantes series donde un sólo detective pone en jaque las estructuras más poderosas.
Cuando en la Antigua Grecia alcanzaron conocimientos amplios de navegación, los griegos escribieron novelas donde el barco les llevaba a la Luna, porque la gran audiencia siempre ha sido antirealista y sólo consume imágenes de lo que no tiene. Por eso adoramos las narrativas revolucionarias: porque nos engañan diciéndonos que la revolución aún es posible*.
*PS: Es mentira, sí es posible. Pero otra revolución, con una nueva agencia encarnada en el paradigma de la Guerrilla Biológica, el Tecnocomunismo y la Terraformación. De eso hablamos otro día que menuda chapa os ha caído.
** Imagen de Chromedestroyer












