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17 de septiembre [ Greektown Casino]
Eran sus ultimas semanas en Detroit, pronto tomaría susmaletas para no mirar atrás y regresar al lugar del que se había ido hacia diezaños, aun no lograba asimilar ese hecho y la decisión que había tomado junto asu pareja; Frank, pero una parte de él siempre había querido regresar a suciudad de origen así que no le había costado empezar a despedirse de Detroit.Esa noche en el casino GreekTown se llevaría acabo un evento por parte deldepartamento de policía, evento al que Terrise no pensaba faltar (no era unsecreto que era un fiestero), y una razón de peso para asistir es que eraprobablemente el último evento que le tocaría con sus compañeros. ¿El problema?Era que la fiesta terminaba a las doce, justo a la hora que el casino cerraba,por lo que cuando las horas pasaron y el eventó concluyó, Gaspard aun con unabebida en su mano, se acercó a una de las personas, pensando que era alguno desus compañeros de trabajo –Y bien ¿adónde vamos ahora?-
¿Dónde se había visto que a las doce se acabara la diversión? Eso no estaba bien, no eran personajes de cuento y a dicha hora se esfumaba todo. Debía de alguna manera de seguir, el cazador se negaba a dejar de lado las copas y el pasarlo bien... Era la última ciudad y se tenía que aprovechar hasta el último segundo. Estaba apunto de reunirse a su grupo a ver si alguien quería buscar un local o un bar que les diera cobijo hasta las altas horas de la madrugada, cuando una voz lo sacó de sus intenciones. Parecía que se hubiera adelantado a lo que el cazador pensaba. -Me has leído la mente. Bromeó y le echó un vistazo. -Iremos a dónde siga la diversión. ¿Te parece?
13 de Septiembre / Kiss & Fly
¡Último día en Nueva York! ¡Y había sobrevivido! (Y no, no se refería precisamente al itinerario, sino al hecho de haber compartido habitación con su hermano y que los dos continuaran con vida *???*). Eran varios los locales que les habían propuesto pero, a pesar de que era consciente de que no podía gastarse mucho dinero y que el alcohol no le causaba ningún efecto, Liv decidió ir al primero que le llamó la atención, dispuesta a disfrutar de las ultimas horas en la ciudad por todo lo alto y retrasar así también su retorno al hotel.
Lo primero que hizo al llegar fue buscar a alguien de sus cercanos, dirigiéndose directamente a la barra después de haber fracasado en el intento. Pidió una copa de la bebida más barata y luego otra y otra… Sintiéndose cada vez más liberada y animada a medida que continuaba bebiendo. Conocía aquella sensación y lo que implicaba… Ya la había experimentado antes… Pero en vez de dejar de beber, lo único que pudo pensar su cabeza en ese momento fue que ¡aquello parecía mejorar! Incluso empezaba a sentirse más cómoda con el ambiente, sin darle vergüenza intentar bailotear allí mismo cuando nunca había sido mucho de fiestas.
- Siiiiiiiirrr, ¡Tráigame otra copa de estas! -le dijo a uno de los camareros antes de mirar de un lado a otro mientras esperaba a que le sirvieran. Entonces fue cuando logró ver a alguien mas del grupo de Montreal, sin poder evitar hacer un gesto de saludo con la mano para captar su atención.- ¡Deberías probar esta delicia! -exclamó a la vez que alzaba la bebida que acababan de servirle.
¿Dónde se encontraba...? A veces se veía a sí mismo como un completo inútil. ¿Qué cazador no era capaz de dar con “su presa”? Se decía a sí mismo que se debía a que Mer era muy escurridiza y difícil de atrapar, pero otra voz le aseguraba de que era estúpido y patético, de ahí que siempre acabara dando miles de vueltas sin lograr lo que se proponía. Resopló y pasó una mano por el rostro para quitare la mueca de desesperación. No es que hubiera una emergencia... Pero si a veces Mer se desestabilizaba y lo necesitaba... En otras ocasiones era él quién la requería con todo su ser.
Daba vueltas por aquel bar, sin catar ni una copa, sin probar ni un sorbo ni mojar sus labios. No quería caer en el alcohol para olvidar sus problemas y sus propósitos... Por muy tentador que pudiera resultar. Miraba a su alrededor... Viendo algún que otro rostro conocido, los ganadores del sorteo de Montreal...
Hasta que una de ellas le llamó la atención. Estaba afectada por el alcohol y lo invitaba a probar una de ellas. -No, gracias. Rechistó con mal humor y emitió un resoplido. -Estoy buscando a alguien y no quiero perder el tiempo contigo. Ni siquiera tuvo la sensación de estar siendo grosero, pero lo había sido y mucho.
7 de Septiembre / Southbank Centre
¿Había un lugar mejor para despedirse de aquella maravillosa ciudad? En aquel momento no podía pensar en otra opción que no fuera un centro cultural. Arte, música, teatro… ¡tantas cosas que le gustaban en un mismo sitio! Después de haber tomado algo para beber, Chuck había decidido acercarse hacía una de las salas para disfrutar de la actuación que estaban ofreciendo, que se trataba ni mas ni menos que de un concierto.
A pesar de que tal vez le había llamado más la atención el ambiente de los pubs irlandeses, aquello no quitaba que pudiera disfrutar por igual de esa ocasión. Además el grupo era bueno y, cuando menos se lo esperó, la druida ya se encontraba bailoteando dentro de los limites de sus capacidades (?) al ritmo de la música, ensanchando su sonrisa cuando creyó ver de refilón a alguien de los ganadores de Montreal.- ¡Me encanta este sitio! -exclamó para que se la pudiera escuchar por encima del sonido.- ¡Deberías unirte!
Para variar, había perdido a su esposa entre el gentío... Mer era muy escurridiza y apenas le había dado tiempo a decir una palabra. Suspiró y se dedicó a buscarla, abriéndose paso entre la gente que bailaba y cantaba al son de un concierto. La música no le decía gran cosa pero la disfrutaba un poco, al menos no era molesta ni un martirio. El grupo tocaba bien y hacía que fuera fácil estar en la sala sin sentirse molesto.
Avanzó entre la gente, buscando el rostro de la cazadora o su pelo que tan bien conocía... Estaba concentrado en aquello, pero cuando una voz le llamó la atención no tuvo más remedio que posponer un segundo la búsqueda. Se trataba de una de las ganadoras del sorteo aunque no sabía su nombre, ni tampoco nada de ella. -Es un buen sitio. Concordó con una sonrisa amistosa en el rostro. Se le daba bien mostrarse agradable e incluso coqueto de ser el caso.
No pudo evitar echarse a reír y miró a su alrededor, no veía a nadie que bailara con tanta energía como ella. Le hizo gracia... Pero no lo suficiente como para convencerlo. -No, gracias, declinaré tu oferta... No me gustaría hacerte sombra ni quitarte atención, eres digna de ver.
3 de Septiembre [London Eye]
Dante no perdió la oportunidad de recorrer Londres en aquel tour, sin duda se trataba de una ciudad hermosa y una a la que siempre había querido viajar desde que era un adolescente, ahora que tenía la oportunidad, no dejaba de desear que Bianca estuviese a su lado para disfrutar de ello al igual que él.
Aún así su ánimo era inquebrantable, pues una sonrisa enorme estaba plasmada en su expresión cuando el final del recorrido había llegado en el London Eye y estaba ansioso por estar en la cima y poder observar toda la ciudad británica desde las alturas, aunque como era de esperarse, de momento era el último en la fila.
Dante se paraba sobre la punta de sus pies como si fuera necesario con su altura y agradecía que realmente no hubiera muchas personas; se sentía como un pequeño a punto de subir a una de las mejores atracciones en un parque de diversiones y el solo pensamiento le robó una risa que logró que mas de un par de personas se giraran a verle como si hubiese enloquecido “Lamento reírme de mi mismo…” Mencionó al aire, alzando sus manos y rodando los ojos, aunque aquello no logró que su sonrisa se borrara.
Stephen esperaba en la cola del London Eye, tratando de vislumbrar a su esposa delante o detrás. ¿Dónde se había metido Mer? Iban a ser unas vistas espectaculares y no quería que se las perdiera, además él ya se había subido a la noria tiempo atrás... Pero quería compartir esa experiencia con ella. Suspiró, no se la veía por ningún lado... Esperaba que no hubiera subido sin él. Resignado decidió volver al final de la cola, era mucho mejor que la gente pasara por delante mientras él esperaba pacientemente a que la castaña apareciera.
Estaba retrocediendo cuando vio una cara “amiga”, o conocida más bien. El cazador se detuvo enfrente suyo, robándole un puesto por delante en la cola y se encogió de hombros como sino se hubiera dado cuenta. Le había llamado la atención porque se había puesto a reír sin venir a cuento de nada, lo que para él fue un indicativo de posible psicópata.
-¿Eres tu propio bufón? Le preguntó con tono juguetón y sonrió divertido. -¿Y qué es lo que te ha hecho tanta gracia?
1 de Septiembre // Acantilados de Moher
Estúpida gente, siempre parecen tan felices cuando no son más que cascarones vacíos, buscando cosas con que llenarse; Ropa, autos, familia, hijos, amantes, sexo y otra gente. Para no sentirse solos, para no ver la realidad que los rodea: Que incluso en ese lugar hermoso lleno de briza fresca y un sol que no quema, sólo causa calidez, incluso ahí todos están solos. Todos se dirigen a una distancia prudente de la orilla, sacan sus teléfonos o sus cámaras para tomar cientos de fotos. Yo sólo veo el horizonte, quizá lo que siento es nostalgia, pero no del tipo que todos sienten, aunque odie admitirlo siento celos de todos esos idiotas, sus vidas son aburridas y están bien con ello, pero yo tengo que asesinar y causar caos, y aunque me resulta altamente satisfactorio, siempre tendré que escapar, hacía el horizonte. Por algún tiempo me gustaría quedarme, sólo por un par de años, para sentir lo que es vivir sin huir; Pero claro, más imbéciles tratarán de arrancarme la cabeza así que pueden irse al infierno, seguiré escapando, soy bueno en ello.
Me acercó lo más que puedo a la orilla, me siento en el borde del acantilado y veo abajo, hay cosas afiladas, el agua e incluso puedo sentir algunos peces nadando, nada mejor que poderes más sensibles para pescar, sino fuese porque es aburrido del carajo. De un momento a otro llega uno de los guías para decirme que no puedo sentarme al borde, me levanto en un movimiento veloz, lo levanto sobre mi cabeza y exploto. - NADIE ME DICE QUÉ JODIDOS HACER, MISERO PEDAZO DE CARNE. - Y lo lanzó al acantilado, miró y cae en el agua, toda la gente corre y grita. - ¡Oh cierren la boca! Estará bien. - Sigo mirando, la gente se aleja de mí. Y los gritos regresan con energía mejorada cuando en el agua se nota el color carmesí, una mancha de muerte. - Mierda… Bueno, al parecer colgó los tenis. - Saco la lengua y me pongo las manos en el cuello, porque, por qué no.
No le hacía mucha gracia que su esposa compartiera habitación con un completo desconocido... Stephen era desconfiado y últimamente mucho más desde que Meredith había sufrido aquel desequilibrio. Por eso mismo había esperado que volviera a tocarles en la misma habitación, pero no había sido posible. En cambio le tocaba repetir con el chico de Madrid. Stephen no lo conocía, pero había algo en él que no le gustaba nada.
Por ejemplo que se pusiera a gritar en medio de los acantilados a aquel guía que solo trataba de advertirle por su bien. La caída desde allí no era fácil y seguramente en casi todos los casos mortal. Solo estaba haciendo su trabajo, era un tema prioritario de seguridad... ¿Qué le pasaba a ese desequilibrado? Además ni siquiera se refería a él como una persona, sino como “un mísero pedazo de carne”. Era repugnante.
Lo peor estaba por llegar. De repente lo alzó por encima de su cabeza y ante la mirada de todos lo lanzó al agua. El cazador no se movió, no se asomó para ver lo sucedido. Se mantenía frente a él, mirándolo con severidad -por suerte desde esa posición no vio el charco de sangre, de lo contrario habría sacado ya sus armas. -No seas tan despreocupado. Gruñó al verlo sacar la lengua de ese modo y ese comentario tan poco empático. -Como el hombre no salga de ésta... Tú serás el siguiente en probar el agua.
20 agosto [Gran vía]
Estaba maravillado, cada estructura que detallaba al alzar la mirada le fascinaba mas que la anterior ya que a pesar de haber vivido toda su vida en un país europeo, Dante jamás había tenido la oportunidad de visitar Madrid y “La Gran Vía” era exactamente como le habían llegado a describir: preciosa, una belleza en arquitectura, un arte que apreciaba de tal manera que no se permitía el dejar de tomar fotografías con su celular. Se mantenía distraído, lo suficiente como para tropezar con las personas de la agitadas calles por las que transitaba y como para mantenerle fuera de su cabeza, aún así había personas que no abandonaban sus pensamientos. Le habría gustado que Bianca observara eso con él… Pero no se permitiría arruinar su ánimo al extrañarla, aunque ya estuviese pensando en enviar las fotografías a la menor.
D’Altrui no detenía su paso y ahora su diestra cargaba de algunas bolsas de compras, un par de chaquetas, lentes oscuros y estaba en busca de un detalle para alguien especial, tampoco desaprovechaba la oportunidad de gastar sus ahorros en aquella ocasión. Pero fue al lograr abrir aquella puerta del local con la intención de alejarse sin haber comprado nada cuando la presencia de alguien que pretendía entrar le detiene “Me hago a un lado y pasas adelante, o podemos practicarlo de otra manera” Menciona, bromeando ligeramente al mantener la puerta abierta.
No tenía mucho dinero que gastar... Dado que de momento era el único de los dos que tenía un empleo fijo y un sueldo con el que ir tirando, tenía que ahorrar cada dolar que ganara. Sin embargo de vez en cuando no estaba mal salirse un poco de lo establecido... Había estado paseando por las tiendas de la gran vía, ninguna de momento le había llamado la atención pero estaba decidido a conseguir algo. Un regalo para su esposa, hacía mucho que no le regalaba nada a Mer y le apetecía tener aquel detalle con ella -además sería una excusa para pasar tiempo lejos de su habitación.
Algo pareció llamar su atención... Pero justo cuando iba a entrar, otra persona estaba saliendo. Stephen no se había fijado mucho en los demás ganadores, por lo que cuando le habló en inglés se sorprendió... Tardó un poco en caer en la cuenta que bien podía ser de Montreal o puede que otro turista. -¿De otra manera? Negó con la cabeza y con todo su orgullo dio un paso al frente, si tenía que escoger prefería ser el primero en pasar. -Has dicho que ibas a apartarte.
[ puerta del sol ] II True love's kiss?
} Se encuentra tan lejos de casa… En una ciudad desconocida… En un lugar dónde no se habla su idioma… Dónde todo es diferente… La construcción de los edificios… El clima… La gente va y viene sin percatarse de su presencia (eso es lo que le fastidia más, que nadie se pare a mirarlo cuando es una obra de arte andante, le tienen hasta envidia las pinturas del Prado)… Toda esa atmósfera de soledad que se genera en su cabeza es perfecta para ambientar su expresión nostálgica en ese último día en la capital española, Madrid.
Allí están muchos de los viajeros de Montreal que han tenido la misma suerte que él de ganar boletos para aquel premio. Se acerca a unx aleatorio. { Me sentía muy solo en esta ciudad desconocida… Pero tu presencia a guiado a la mía hasta ti. } Ahora que está en Madrid quiere disfrutar un poco del ambiente de fiesta de la ciudad pero no tiene dinero para copas. Ese es su plan. Conseguir robar, para variar, es un hombre de costumbres. { La soledad me carcome como una enfermedad… Deberías de darme un beso de amor verdadero para curarme. Es una situación de urgencia. }
Ya había estado en la capital española antes, en un viaje de negocio con sus padres quiénes siempre aprovechaban todas las oportunidades para salir y visitar el mundo. Ahora que estaba desheredado su única oportunidad de realizar aquellas escapadas era por haber ganado un concurso... Que vueltas podía dar la vida. Su yo más joven nunca lo hubiera creído. Suspiró mientras se masajeaba las sienes. Igualmente no cambiaría una vida por otra... Ahora tenía una esposa a la que amaba mucho y eso era suficiente para él.
Estaba en la plaza del sol esperando a Meredith, de un momento a otro debería de llegar... Escuchó pasos y volteó, estaba seguro de que no era ella por el tipo de pisada... Y efectivamente no lo era. Se trataba de un rubio... Un rubio muy dramático. Stephen puso los ojos en blanco, pensó en rodearlo y marcharse... Pero se echó a reír sin poder evitarlo. Aquel chico le recordaba a él antes de conocer a Mer, hubiera usado esas mismas excusas patéticas.
-Buen truco, casanova, pero no creo que vaya a funcionarte muchas veces. Le sonríe amistosamente y luego le da unas palmadas en la espalda. -Te lo digo por experiencia. Se encogió de hombros.
Childhood Questions: ☺, ☻ |Meme #3 ☯, ♌, ♓
☺ : Best childhood memory?Cuando pudo sostener por primera vez un arma, cuando la agarró con consistencia y acertó el primer disparo a una diana -después de muchos fallos por supuesto.
☻: Worst childhood memory?Cuando Riley nació… Le quitó por completo toda la atención a sus padres y sabía de sobras que la preferían a ella como la niña de sus ojos por su carácter y ver las cosas.
☯: is my muse more idealistic or cynical?Es cínica.
♌: three things my muse is enthusiastic aboutLas armas, la muerte de las criaturas y la soledad -sin tener que soportar a la gente inútil.
♓: my muse’s biggest secretEs rubia natural (?). okno jajajajaja es que no se me ocurría uno.
Meme #3: ☎, ♫, ★, ✄ & ▲
☎ : my muse’s ringtoneBlack Black Heart
♫: three of my muse’s favorite songsSmell like teen spirit, sweet child o’mine, bohemian Rhapsody
★: a wish my muse hasQue todas las criaturas y aquellos que las protejan desaparezcan -en realidad que mueran directamente de la forma más dolorosa (?).
✄: is my muse creative?A no ser que sea creativa con las torturas…
▲: my muse’s happiest memoryCuando sus abuelos paternos “la adoptaron” y le enseñaron de verdad a ser una cazadora, compartían su punto de vista acerca de los monstruos y no se andaban con contemplaciones. Fue la mejor época de su vida.
Cuánto más lejos de la gente, mucho mejor. No quería que nadie se interpusiera o acabaría recibiendo algún ataque sin quererlo, además nadie sería capaz de separarlas en ese momento. Así también no se distraía pensando y preocupándose por el resto. Solo ellas. Hermana contra hermana. Lena siempre le buscaba las cosquillas, la manera de enfrentarla… ¿Eso era lo que quería? Entonces también tendría su dosis. Ya era hora que aprendiera que también era hija de sus padres, había sido entrenada y era capaz de patear su trasero Silchester.
-A veces hasta me pregunto si tienes órganos y no eres un robot malvado enviado a la tierra para destruirnos. Bromeó pero no estaba distraída. Tenía todos los sentidos puestos en el enfrentamiento. No la dejaría ganar de nuevo ventaja. Riley sonrió con cinismo y ladeado. -Creo que es el cumplido más bonito que me has hecho nunca. Chasqueó la lengua. Aunque en labios de Lena parecía todo un insulto, Riley no consideraba que la falta de corazón fuera algo malo… Sino todo lo contrario. Estaba orgullosa de cada amigo al que quería y no pensaba cambiar de opinión.
Allí no tenía sus armas. Su preciado arco se había quedado en la mochila dentro de la tienda de acampar… Quizás si corría podía ir a por él. Pero darle la espalda a Lena podía ser el peor error de su vida. -Tendrás que pasar por encima de mí. Y no lo iba a tener fácil. Además ninguno de los Sullivan eran presa fácil, si ella caía tampoco sería un camino de rosas conseguir sus cabezas. -Ya estoy entrometida. ¿Es que no me ves? Gruñó, amenazante, mientras la miraba con fiereza. -¿Qué va a hacer ahora? ¿Enfrentarte a mí?
Se echó a reír a carcajada limpia. Ella era mucho más eficaz que un robot... Aunque había captado el intento de ofensa y Lena sonrió de lado. No tener corazón no era una debilidad, sino una fortaleza. Permitía hacer lo que el resto de gente evitaba por miedo, por demasiados sentimientos inútiles. Ella no se frenaría, tenía la sangre fría y podía dormir después sin remordimiento alguno. -Solo a los que lo merecéis, Riley. No todos merecían morir... Solo esas abominaciones asquerosas y toda la gente que las protegía como si fueran dignos -como su hermana o hasta sus padres.
-No te acostumbres a ellos. Soltó con sarcasmo y fijó su mirada en la rubia. Tan estúpida... Se creía que podía hacer algo para frenarla. Había dedicado más años al entrenamiento. Debía de darle una lección. Una que la hiciera recapacitar -aunque ya creía que era tarde para ella y merecía ser castigada. Se inclinó sutilmente para recoger el cuchillo que tenía escondido. Sería fácil lanzarse contra ella y tratar de rebanarle la yugular, pero entonces no aprendería la lección que Lena trataba de inculcarle.
Sonrió con cinismo, sin perder un detalle de los movimientos de la rubia. -Tranquila, hermanita... Pasar por encima de ti no me supondrá un problema. Lena no estaba dispuesta a dejar su misión a un lado... Y Riley tampoco se apartaría hasta que no entendiera que era lo mejor. Estaban en un punto flojo. -¿Quieres saber lo que voy a hacer? Se encogió de hombros y seguidamente con suma rapidez, le lanzó en cuchillo en dirección a la pierna. Si acertaba no sería un golpe mortal, pero la retrasaría lo suficiente para ganar tiempo y ventaja. -Voy a ir a hacerle una visita a tus amigos.
Volteó y echó a correr lo más rápido que pudo. Tenía unos segundos de ventaja y no iba a desaprovecharlos. Era hora de que su hermana entrara en razón.
No lo duda ni un segundo. Fríe el teléfono de la chica de una sola sobrecarga eléctrica. No está para juegos ni palabras. La corriente le atraviesa el cuerpo pero no es visible. A esa distancia no podrá saber que se ha sido el responsable. Debería de ser más cauto con mostrar sus habilidades en público pero poco le importa ahora que su filosofía es “every man for himself”. Ahora está solo y necesita cuidarse de sí mismo.
Su naturaleza se hubiera expuesto en la fotografía. El aura del kitsune no se puede ocultar, no es tan sencillo como colocarse unas gafas de sol o cerrar los ojos. No tiene escapatoria y esa era la mejor opción de la que disponía. Ella nunca lo sabría lo que había sucedido.
{ Me parece que te has quedado sin fotografías. } Responde con tono de pocos amigos. No está de buen humor. Y aunque la chica es bella hay algo en ella que no despierta su habitual interés.
En cuanto la electricidad toca sus dedos, Lena suelta el teléfono que cae al suelo. Desde allí ve como se destroza. Sonríe para sí misma. Aquello no era un problema electrónico, no hubiera sido tan fuerte ni “electrificante”. Era sobrenatural... Alguien capaz de crear pequeñas -y seguramente grandes- descargas eléctricas. Alzó la vista, buscando con la mirada al posible o la posible culpable... Tiene que haber por ahí un kitsune trueno. Oh, ese zorro ya se podía dar por muerto.
A simple vista será difícil encontrarlo... Pero entonces una voz llama su atención y su cabeza hace click. No habrá sido tan estúpido como para delatarse a sí mismo... O quizás sí, esos seres son astutos pero en ocasiones les pierde la lengua. Giró su rostro para verlo, un chico joven. El posible zorro.
Sonríe de lado, concentrando toda su atención en él. -Quizás ya haya encontrado algo mucho mejor que una fotografía. Ahora solo tenía que pensar la manera de que se expusiera directamente y ya sería suyo.