Si te recostaras en mi pecho del lado del corazón, escucharías tu voz en cada latido, sentirías las caricias que, sin destino, habitan tu recuerdo. Ahí guardo nuestro amor.
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@theitalianking
Si te recostaras en mi pecho del lado del corazón, escucharías tu voz en cada latido, sentirías las caricias que, sin destino, habitan tu recuerdo. Ahí guardo nuestro amor.
Si te recostaras en mi pecho del lado del corazón, escucharías tu voz en cada latido, sentirías las caricias que, sin destino, habitan tu recuerdo. Ahí guardo nuestro amor.
radiohead // creep
Era suave y tranquila, pero con ese antiguo carácter de amazona que no está hecho para amoldarse a los hombres.
Ficha.
Nombre: Jeromé Alessandro Foissard Nacionalidad: Italiano. Edad: 30 años. Ocupación: Arquitecto. Cargo: Estratega encargado de cerrar tratos, enlace y mando del negocio familiar. Negocio: Tráfico de drogas. Familia: -Derek Foissard, hermano. -Aryelle Everdale, hermana.
Relación: Casado con Liesje Schenck.
Residencia: Roma, Italia. Estatus: Miembro activo. Símbolo familiar: Lobo. Lema familiar: Lealtad.
Datos de interés.
aPrimogénito de los Foissard, en él recae el negocio al morir su padre.
aLa ciudad que más frecuenta es Roma, aunque se le ve alrededor de otros continentes en constante comunicación con los socios de su clan.
aÉl último lugar en que se cree que reside es su ciudad natal, aunque desde cerca de un año que no está ahí.
aSu prioridad es la familia, mantiene extrema seguridad en cualquier cosa en relación con sus hermanos.
aEl segundo nombre únicamente lo conocen personas cercanas a él, con la primera identidad establece los negocios.
Breve descripción.
Jeromé es un hombre que a simple vista refleja un aspecto serio, impermeable, analítico y narcisista, perfil que le ha sido perfecto para el cargo que ocupa. Es difícil llegar a establecer una conexión con él ya que la mayor parte se muestra con desinterés para temas que no son familiares o laborales. Se considera una persona difícil de atrapar, debido a que las experiencias lo han vuelto un perfecto estratega y está constantemente anticipando el panorama de consecuencias que pueden emerger. No se le ha conocido alguna pareja sentimental, es muy hermético a compartir con alguien algo más que lo carnal y bastante selectivo en esto último.
‹Se continuará desarrollando en historias...›
EXTRAS: –Experto en infiltrarse en cualquier lugar. –Se dedica bastante en entrenar alpinismo, lo cual lo hace un perfecto escurridizo y gran trepador.
–Él y su hermano son dueños de varios establecimientos alrededor de la ciudad, entre los cuales destaca un club nocturno y un bar.
–Labora legalmente en una empresa constructora de la cuál es co-dueño con su tío.
La salida.
/ Club LeSoire, Manhattan / / Diciembre, 2019 /
—No me parece que esta sea tu idea más sensata, Liesje.
En el otro punto de la sala, Sebastián la observaba como rápidamente cambiaba su ropa, o mejor dicho se ponía algo por encima de la lencería fluorescente, esa misma que había usado para el show de esa noche. Se veía radiante y confusamente para él, muy feliz.
—Ya sé lo que vas a decir, que es muy impropio de mí, que debo hilar más fino… que irme con un desconocido sólo podría salir mal. —replicó ella una vez que su cabeza emergió del cuello de aquel sweater blanco.
…
Afuera la nieve cubría las calles casi desoladas en Manhattan, el frío de diciembre azotaba y la alerta de una futura tormenta no había hecho retroceder a los clientes del club. Con el salón principal casi a reventar, ella salió a escena con el número del mes. Todos tenían temáticas diferentes y ese mes, particularmente, los colores neón resaltaban entre los presentes, dejando en evidencia a todos los trabajadores de LeSoire, pero especialmente a ella, la mujer que se abrazaba al tubo metálico capturando todas las miradas. Cuando ella se bajó del escenario y volvía a la oficina, Jeromé la había interceptado llevándola consigo a una de las salas vacías y oscuras.
Lo primero que intentó fue gritar, pero el moreno se había encargado de cubrirle la boca con una mano para que eso no sucediera. Con lo que no contaba es que, las altas plataformas acrílicas que ella estaba usando, podrían funcionar perfectamente como un arma. Y pisándolo se lo hizo notar… la castaña se rió de él.
—Qué criatura perversa, ¿otra vez te infiltraste?
Algo en ellos se había modificado. Luego de la confrontación de hacía un par de semanas, él había continuado noche a noche asistiendo al club. A veces la veía bailando en alguna de las salas privadas sin que lo notara siquiera, otras, simplemente se aparecía en su oficina para saludarla. Siempre la sorprendía y ella, sin haberlo querido, esperaba con ansias a que esos fugaces encuentros sucedieran. ¿Qué conocía de él? Absolutamente nada. Detalles que eran evidentes como su notable acento italiano y el talento que tenía para introducirse en el club sin ser visto ni siquiera por Sebastián.
—Per l'amor di Dio!, ponte algo de ropa. Te morirás —le dijo.
—¿Y adivinas de quién será la culpa? —le respondió ella sin hacer ademán de obedecerle, se limitó a seguir sonriéndole.
—Confío en que no tendrás el descaro de insinuar que yo tengo algo que ver con tus pecaminosos actos.
Ella levantó la vista y lo evaluó con ojos penetrantes, la luz que se colaba por la puerta entreabierta era suficiente para que él la viera reírse otra vez.
—Eres humano y a los humanos, el pecado les atrae, sino ¿por qué estás aquí? —aclaró Liesje con una sonrisa serena.
—Può essere —Jeromé se inclinó hacia adelante, un solo paso la hizo retroceder como un conejo asustado y entonces se contuvo de avanzar otra vez —vengo a buscarte, vamos a comer.
…
—¿Y a dónde te llevará? —cuestionó Sebastián mientras le encendía el celular a ella que había estado guardando durante el número.
Schenck se encogió de hombros abrochándose el botón de sus jeans negros y se inclinaba para subir la cremallera de sus botas altas hasta la rodilla del mismo color.
—Dijo que a comer.
—… un interludio —susurró a entre dientes su agente de seguridad. Ella se mordió el interior de las mejillas para no romper en risas.
—Tendré cuidado, te lo prometo —ella hablaba con sinceridad, pues una parte suya evidentemente le temía a lo desconocido tanto como él, pero por más que quisiera mantenerse alejada, se veía atraída constantemente a seguirlo. Ya habrá tiempo para arrepentirse, se repitió internamente.
—Además tengo el rastreador, no me lo quitaré, ¿de acuerdo?
Liesje a su lado, puso en frente suyo la cadena plateada y el dije azul que colgaba de la misma. El zafiro que le había regalado su padre brillaba. Era, sin lugar a dudas, lo que más atesoraba, lo que más cuidaba. Incluso con magia se había encargado de que nunca jamás se le perdiera. Y exactamente ahí mismo, un pequeñísimo chip de rastreo le había sido instalado a petición de Sebastián.
—¿Me ayudas?
Liesje se levantó la larga melena castaña acomodándosela a un lado para que él pudiera colocarle el collar. Cuando terminó ella lo abrazó intentando tranquilizarlo. Nadie se preocupaba por ella más que su hermana o él y ambos en su vida tenían el peso que tiene la familia, el lazo inquebrantable del afecto y los años que él le había dedicado velando siempre por su seguridad.
—¡Te avisaré cuando llegue a casa! —le prometió mientras se guardaba el celular en el bolsillo trasero del pantalón, tomaba su chaqueta negra y se alejaba, pero pronto se apresuró a agregar— …sola, volveré sola.
La confrontación.
/ Club LeSoire, Manhattan / / Diciembre, 2019 /
Al fondo de la oficina, Liesje y Sebastián conversaban acerca del nuevo circuito de cámaras instalado en el Club. Eran una pareja demasiado despareja empezando principalmente por la altura; él medía un metro noventa y Liesje a su lado quedaba siempre por debajo de su hombro, sin contar que los rasgos de su agente de seguridad eran brutales, ese hombre podía ser capaz de matarte con solo una mirada. Si bien, físicamente eran muy distintos, se querían como un padre quiere a su hija y ella lo adoraba como tal. Eran distintos incluso en la elección de métodos y técnicas para resolver los problemas. Él solía ir por “el buen camino” esperando paciente a que la ley o cualquier otra fuerza hiciera lo debido justo a su tiempo, pero ella prefería ser el karma personal de aquellos que se entrometieran en su vida, no le gustaba esperar en absoluto. Aun así, ambos eran expertos en trabajar en las sombras, en lograr sus objetivos siguiendo los tortuosos senderos del secreto, la intriga y justamente por eso, ella confiaba en él ciegamente. —Igualmente no necesitas estar pegada a esa pantalla toda la noche, si sucede algo, los chicos nos avisarán. Sebastián le arrebató el celular a Liesje, bloqueándolo y guardándolo en el bolsillo delantero de su pantalón. Luego de haberle explicado el mecanismo de las cámaras y como ella podía monitorearlo todo cuando quisiera, había visto en sus ojos la chispa de quien espera a que su presa cayera en su trampa. La vida, al menos para él, no funcionaba así. Los dedos de ella tamborileaban sobre la madera lustrada del apoyabrazos del sillón. No dijo una sola palabra. Debía centrarse en su trabajo, se dijo a si misma intentando, inútilmente, de enterrar al menos por un rato, los ojos de aquel desconocido que había irrumpido en su turno hacía un par de noches, sin siquiera haberse dado cuenta. Liesje tenía una compañía que dirigir y personas que dependían de su labor ahí dentro. Lo de aquella noche… había sido inesperado, un poco divertido y hasta en cierto punto, el misterio lograba ser excitante, pero no podía repetirse. Entonces, golpearon la puerta de su oficina y en su interior tuvo la certeza de que nuevamente se lo encontraría.
[…]
De camino a los salones de colores Sebastián intentó volver a interceptarla. Estaba cometiendo una locura, no conocía en absoluto a ese hombre y ¿simplemente iba a enfrentarlo? ¿Y si era una trampa? —Liesje… —No está en discusión, los quiero a todos afuera —respondió ella con firmeza sin aminorar ni por un momento su andar altanero y graciosamente furioso. Esa noche ella no bailaba, su ropa no era para nada llamativa especialmente por el hoodie negro que cubría gran parte de sus jeans, sus zapatillas blancas… detalles que la hacían lucir notablemente más pequeña de lo que en realidad era. Desde la noche del “incidente”, todos sus días libres de la semana, los había pasado dentro de LeSoire intentando encontrar alguna pista, lo que sea. No había rastro ni de su cliente y tampoco de su amigo. Puntualmente, era un grave problema de seguridad, sería incluso peor si su primo se enteraba del episodio y terminaba magnificando la situación, como siempre solía hacerlo. Pero, para ella, los finales abiertos no podían ganar las batallas, debía cerrar el círculo. Las puertas del salón azul las abrió de par en par. Era un sitio VIP con bailarines exclusivos que danzaban para un selecto grupo de personas. Esa noche, exactamente, un grupo bastante grande se quedó en silencio viéndola ingresar con algunos agentes de su seguridad, incluido Sebastián, a sus espaldas. —Damas y caballeros, me temo que deberán desalojar este salón. El silencio fue sepulcral, tensó el ambiente en un segundo. Algunos se miraban entre sí no entendiendo exactamente qué era lo que debían hacer y si esa “niña” estaba jugando una broma de mal gusto, pero entonces cayó una sombra sobre el semblante altivo de ella y comprendieron que estaba a punto de llevar sus palabras a la acción. Todos recogían sus tragos, algunos pasaban a su lado escoltados por las bailarinas que tampoco estaban entendiendo nada de la situación, pero acataban las ordenanzas de su superior sin preguntar nada. Mientras el salón azul se iba despejando, le fue muchísimo más sencillo encontrar lo que buscaba. Liesje frunció los labios, el fuego dentro suyo chisporreaba. La mirada de él fija en la suya, fue como una ráfaga de aire helado que encontró la forma de contrarrestar su ira y despertar, inclusive más, su curiosidad. No era un ser mágico, en efecto no eran muy difíciles de reconocer. No era su problema tampoco el descubrir qué hacía en su club -o si-, puesto a que esta vez, parecía tratar con un hombre distinto. A Schenck no le resultaban familiares ninguno de los dos sujetos; uno parecía pasar los cuarenta años y la yesca de su fuego difícilmente llegaba a los treinta. Pero estaban en su club, habían pasado desapercibidos, una vez más, por los parámetros de seguridad y ella necesitaba respuestas. —Caballeros, ustedes se quedan aquí. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, se habían quedado solos los tres. Hizo un gesto amplio con su mano invitándolos a sentarse en cualquiera de los asientos que estaban disponibles. La castaña ocupó uno cerca de la puerta. Era consciente de que no podía retener a nadie contra su voluntad, así que, si alguno de ellos decía irse sin darle las explicaciones que necesitaba, no iba a poder impedírselos. —¿Quién de ustedes dos es el “inteligente” que logra ingresar al club sin anunciarse? Ante la pregunta de su nueva anfitriona, el mayor de los tres respondió casi en un susurro que, evidentemente, él sí se había anunciado y sus datos los había tomado un señor en la entrada. —Entonces me disculpo con usted y lo invito que siga divirtiéndose en cualquiera de los otros salones de este pasillo —respondió la bailarina con una sonrisa bastante fingida esperando paciente a que él se levantara y saliera de allí. Liesje era muy poco sutil tratando de ocultar la vibración que sentía justo ahora que se habían quedado solos. Se hizo al silencio en un intento por acomodar las siguientes palabras que saldrían de su boca con la débil luz de la esperanza encendida; dentro suyo y sin entender por qué, esperaba, por su bien –dudosamente, por el bien propio también- que él no se fuera… —Déjame felicitarte; lograste infiltrarte en el sistema no una sino dos veces —y mientras se lo decía, Liesje observaba a su huésped acusado con ojos sagaces —comienzo a pensar que, inclusive el nuevo circuito de cámaras que acabamos de instalar, son una mierda también.
El encuentro.
/Club LeSoire, Manhattan / / Diciembre, 2019 / w/ Jeromé A.
Trató de ser graciosa, sigilosamente limpiar sus palmas sudorosas en la diminuta falda de piel roja antes de agarrar el borde de la blusa y empezar a moverla hacia arriba. Sintió el frío del aire acondicionado golpear el sudor nervioso que le brillaba en la piel; un certero golpe de realidad que necesitaba para conectarse con el siguiente movimiento. El moreno la observaba con atención, con hambre voraz desde el sofá al otro extremo de la pequeña sala llena de luces rojas y saturada de sonido. Sus ojos negros atravesaban a la joven bruja moviéndose sobre su cuerpo en un examen de tal intensidad que casi podía sentir su violenta “caricia”. El delgado cuerpo de la bailarina volvía a contonear sus caderas con gracia, recargada sobre las paredes del cuarto, haciendo giros lentos e interminables mientras terminaba de quitarse una de las prendas superiores y dejaba a la vista una especie de bikini de lurex color plomo y así retornaba al escenario acrílico. Las luces bajaron, cambiaron su color de rojo a azul eléctrico y los primeros acordes de la segunda canción elegida hizo sonreír a su nuevo cliente y único invitado. —Te quiero aquí —pronunció en voz baja la orden que pudo escucharse perfectamente. Él palmeaba su regazo y ella le sonreía con picardía mientras se aproximaba peligrosamente al borde el escenario con un andar altivo y seductoramente felino. Bajó de un encantador salto haciendo que sus botas negras hicieran eco en el espacio ocupado solo por ellos dos y un guardia de seguridad que observaba expectante entre las sombras del escenario. —Sí, señor —acató ella abriendo sus piernas para que estas se ubicaran a cada lado de las de su cliente una vez que estuvo frente suyo. Liesje se dejó caer con brusquedad sobre la erección visible del desconocido.
[…] la frustración que el caballero manifestaba con su inestable respiración y los sonidos guturales que morían dentro de su boca; él no podía tocarle un solo cabello. Era la única y más difícil regla para todos aquellos que solicitaran los shows privados. Frente suyo, ella se deshizo de su sostén dejando que la prenda cayera sobre el rostro del individuo extasiado. Su brazo derecho cubría su desnudez con exactitud y con su mano izquierda trazaba la línea de su nuevo camino; desde el brazo de él, subiendo hasta su hombro y pronto a su cuello. La precisa inclinación de la joven, permitió que el hombre disfrutara del cálido abrigo que podían brindarle sus senos, pero no fue por mucho el gusto. —"No tocar"—susurró pausadamente la bruja haciendo posible el deleite del masculino cuando la dulzura del aliento de ella, lo embriagó de deseo, de necesidad por poseerla pese al contrato que había firmado. Los idílicos planes del joven, no pudieron concretarse, pues en cuestión de segundos, el azote en la puerta de la habitación logró captar la atención de los presentes, siendo esta la entrada coronada de un hombre que hasta entonces, ella nunca había visto en el club. Mientras éste se aproximaba a ellos, ella se reincorporaba. La música ya se había detenido y a sabiendas de que Sebastián, su guardia de seguridad oculto detrás del escenario, estaría velando justamente por ella, Liesje elevó su mano libre deteniéndole la marcha en seco. Abrió la boca para interpelarlo ella misma, darle una orden y que saliera de la sala privada, pero entonces las palabras se le habían escapado. El brillo de esos ojos era como el resplandor de aquél fuego ardiente que ocultaba ella bajo la piel con tanto recelo. Y se sintió malditamente hipnotizada y vulnerable. Era obvio que esos dos se conocían, a pesar de que su cliente parecía tan desconcertado como ella, al verlo pareció palidecer. Con rapidez se puso de pie. Intercambiaron miradas y quizás algunas palabras que ella no supo, o quizás no quiso interpretar, pero en silencio los dos salieron de la sala dejando a Sebastián y a Liesje completamente confundidos. “Vaya modales de mierda”, pensó la bailarina recogiendo sus prendas que adornaban el suelo y preguntándose cómo demonios ese hombre había logrado escabullirse de ese modo dentro del club y las salas privadas. Ver menos
Lieromé
“Con la misma intensidad con la que se observa el fuego, ellos se vieron y les dolió en el cuerpo la certeza, la sombra de la fatalidad de que si unían sus caminos algo inolvidable, terrible e intenso iba a suceder. Pronto en el club, las luces neón comenzarán a parpadear dentro de una historia donde nada es lo que parece”.
Souls recognize each other by vibes, not by appearances.
Foissard Family.