Como un cliché estaba sentada en aquel cuarto de interrogatorios solo alumbrado por una lámpara que apuntaba sobre ti mientras los oficiales con toda la calma tomaban las carpetas sobre el asesinato de mi ex-novio.
-¿Dónde te encontrabas ayer a las 8:30 de la noche?- me pregunto la mujer que parecía menos ruda, pero más observadora
-En mi casa, viendo una película mientras bebía vino- mencioné tranquilamente
-Un plan muy genérico- sonrió de lado el oficial queriendo denotar inteligencia- ¿algo más que nos pueda ayudar?
-Bajé a las 9:20 con mis pantuflas de colores por sushi, ahí me encontré a mi vecino del piso de arriba- le sonreí queriendo parecer tonta, y cuando la arruga entre su ceja desapareció supe que lo había logrado, me hicieron más preguntas ensayadas tantas veces que se sentían mecánicas, predecibles y yo ya tenía mi coartada planificada gracias a ellos.
-No la veo afectada por la noticia- me sugirió el oficial- no hacía mucho compartían el departamento donde fue hallado
-Como dije antes, me engañó y mintió tanto que decidí que no quería tener nada que ver con él y me alejé- suspiré- lamento mucho lo que su familia pueda sentir ahora, y yo misma me encuentro en conflicto sobre cómo sentirme
-¿No deseaba verlo muerto? - presionó para accionar la rabia que sentía
-En lo absoluto- una lágrima escapó de mis ojos- yo lo quería tanto y sentí tanto que deseaba que algún día pudiera tener tanto amor por alguien como lo tuvimos algún tiempo
Claro que era cierto que lo quería, pero cuando lo vi paseando por el parque con la chica a la que beso en aquel hombro huesudo como lo hacía conmigo despertó el monstruo en mi interior y así fue como empecé a poner en marcha mi plan, un plan sutil, pero llevándolo a la locura hasta que no quisiera volver a sentir nada.
Yo estaba loca de celos y de amor no correspondido sabiendo sus puntos más débiles lo único que tuve que hacer fue atacar su mente para sugestionarlo.
Correos electrónicos de sí mismo, llamadas silenciosas en medio de la noche, llamarlo por su nombre en las duchas del gimnasio, fotografías que aparecían en su celular, notas que parecía que él se dejaba por todo el departamento, cambiarle de lugar las cosas.
Poco a poco lo vi dejar de dormir, con grandes ojeras y pómulos prominentes por la alerta permanentemente y la falta de alimento, perdió su empleo por la irritabilidad que le causaba pensar que alguien de ellos lo estuviera acosando, su familia lo dejó de ver cuando los acusó y ellos al intentar ayudar lo irritaron más, se aisló, ya no salía, no encendía ni siquiera el teléfono.
Empecé a aparecerme entre las sombras de sus delirios, él parecía dormitar permanentemente entre la realidad y la mentira así que nunca percibió mi presencia real o al menos no supo que lo era
-¿Qué haces aquí?- me pregunto aquella tarde
-Yo no estoy aquí- me reí evitando tocarlo, pero acercándome lo suficiente para provocarle escalofríos- ¿pero quieres ir a donde estoy yo?
-Lo único que quiero es que me perdones- lloraba, se mecía en su lugar- pero dijiste que solo lo harías el día que me muriera
-Bingo- me reí fuerte y vi su vello erizarse- ya sabes lo que quiero y espero no tardes sabes lo mucho que odio esperar
Y regresé a mi casa sabiendo de su viejo hábito de tener armas, drogas y alcohol, tranquila sabiendo que su subconsciente estaba al límite y lo frágil y sencillo de manipular tan simple de mente y débil de carácter por lo tanto, sabía que muy pronto a mis oídos llegaría la noticia sin más.
-Así que sugiere que fue alguien más - especuló la oficial- ¿sabía de algún otro problema?
-Tenía muchos vicios- lloré desaforada- drogas, alcohol hasta armas
-Esperé- me frenó a mitad de la frase justo como esperaba- ¿qué clase de armas?
-No tengo idea la clase, cuando vivimos juntos tenía una pistola y cuchillos- me limpié la cara con la mano- y también por eso me alejé- se voltearon a ver
-Eso es todo, al menos por ahora si necesitamos algo más se lo dejaremos saber
Me acompañaron a la salida hasta verme arrancar el auto, donde me senté a sollozar un poco para darle poder a lo que había dicho, después de todo fingir que tú no habías sido el asesino era la clave