Te sigo queriendo como el primer día,
ése en el que me sonreíste, con los brazos abiertos,
como si nos hubiéramos reconocido
en el encuentro fortuito
de algo que no sabíamos anhelábamos hacía tanto tiempo.
Sigo eligiendo ese recuerdo cuando no te encuentro en mi presente.
Qué insólita la memoria, que nos lleva sin escalas justo allí donde estamos necesitando una bocanada.
¿En qué momento te convertiste en la mía?
Te anhelo. Y ya no siento ni un ápice de culpa, de vergüenza o falsa moralina.
Te anhelo. Ahora es sólo cuestión de tiempo.













