¿Venderías la experiencia? No, ni por un millón de dólares. Ni por cinco millones de dólares. Porque no tiene precio, vale más que el oro. Ni siquiera es conocimiento. Es sapiencia. Es magia pura.
A ella le pude preguntar cosas que no había podido antes. Allí, en ese momento me vi respondiéndome a mi mismo. Entonces ya eres infinitamente rica. Me percaté de que era yo quien tenía musgos de miedo. Será que la obra había transmitido lo que sentía (?) O me había pasado 4 años de mi vida repitiendo un arpegio en re menor ?!
Pues allí estaba el cuatro ojos. Observándola, en su infinita complejidad; danzando, frente de él. Con esa suspicacia de querer estar en el más íntimo átomo de su ADN hasta mover la cola de lado a lado. Una media sonrisa y un destello de luz. Más bien un disparo de amor. De esos que no te escapas.
¿Sobre él? Allí estaba. Arrojado en una caja de fósforos a la merced de cualquier ninfa que se atreviera a descifrar la integridad de su apariencia. Allí estaba festejando. Sobre todo la vida, la familia y la inspiración. En todas sus formas. La luz sobre los espejos desataban algoritmos de pasión. Una escena tan bizarra como Freddy Mercury apareciendo en el escenario. Aun así real, sobre todo eso, real (...)
A este punto ¿Quién podría cuestionar la profundidad de su búsqueda?
Solo el suspiro en medio de la nostalgia de un meme cósmico 4.
La noche continúa. Y ella baila en medio de las fosforescentes sincopas de la madrugada. Toda la existencia exigía su atención. Un trap como soundtrack del viajero estacionado en las circunstancias de su propio laberinto. Un cuatro en espiral / un trago fuerte / un niño disfrazado / una hamaca de moriche en la apertura de su sinfonía / un brindis de amistad sincera / un foco fijo / un paso de sensualidad / un hombre en el posible encuentro con su destino.
Ya no era un sólo cuatro ojos mirando...ya eran muchos...! Una imagen perfecta para una discoteca de covid-19.
Y bueno, yo te doy un abrazo de verdad. No finjo tenerte ni tampoco siento empalagarte con mis líneas cursis. Pero mi luz es tan grande que sé que te podría calentar con una mirada neutralizadora - una nalgada telepática sin escrúpulos. La verdad es que en cualquier momento me bajo del pódium para abrazarte y decirte que te quiero y, que durante nuestra batalla constante emocional, has logrado conquistar parte de mi corazón. Así que siempre tendrás en tu buzón una de mis cartas.
Por ahora en esta dimensión no tengo más nada que escribir. Más allá de que esta noche será una noche camuflada. ¿Quién pensaría que aquí se escribe el final de una historia? Lo que en otra perspectiva sería que aquí comienza un nuevo capítulo. Un wiski de segunda / un reguetón de moda / una molécula de perreo intenso / Egipto manifestado en unos zarcillos / un efecto dominó / y un tonto haciendo monerías para llamar la atención. Un párrafo para transitar el pensamiento, o mejor, un paso para abrir otros aires del acertijo al encuentro con la verdadera libertad. Ella, la cuestionada Libertad.
Amar es sentir, querer es pensar. Y uno solo puede pensar en las cosas que uno cree (...) en cambio, uno puede sentir hasta los enigmas más profundos de la existencia.
El entierro de una cuenca
Entre otras cosas, estoy atravesando el duelo de una cuenca blanca. Una amiga que llegó para acompañarme a los escenarios más mágicos y bajo circunstancias poco imaginadas; en el aire vibrando desde un parapente / salas covid / y sobre todo: el estreno mundial de Los Cantos del Sur. Así que me vine a caminar al lugar donde me dijo que quería ser enterrada. En los perímetros de la naturaleza que rodea el lago más grande de Suramérica.
Aquí, me preguntan que cómo te conocí (?) Y podría comenzar diciendo que esa noche venía de visitar las estrellas y apareciste de repente, traída de la mano de un ángel. Yo apenas te escuché, sentí llorar. Eso lo recuerdo muy vívidamente porque no suele pasar con frecuencia. Había una luz blanca que sonreía. Un sonido que te hacía feliz y te recordaba que calmarse y respirar es una bonita manera de transitar las mareas fuertes de la vida. Esas que si te descuidas te estropea el timón...
El amarillo entona las palabras. Yo me dejo llevar por el sentimiento. Contemplo los árboles y descubro dos lagunas en esta caminata. Camino por la ciudad cósmica del Sur.
Un cuarzo gigante transformado en cuenca y una cuenca transmutada en semillas para plantar. Así que comienzo a buscar los puntos donde muy seguramente me hubiese parado para escucharla. Un compositor se sienta bajo un árbol a tocar su música. Casi como preguntando con sus instrumentos si en esos planos se entiende la intención (?) Las hormigas responden, así como pasó con las abejas.
Un fénix blanco comienza a volar sobre la ciudad. Lo sé porque en su cola tan larga el mismo sol se hace presente fuera de la sombra del árbol.
¿Y ves? - me dijo un día. Te das cuenta que las metáforas no son tan metáforas y que ojalá se pudiera repetir el sentimiento por cada vuelta al sol para apreciarlo mejor. Cada segundo de la historia.
El estreno mundial de una sinfonía
El 27 de Noviembre la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas estrenó mi ultima composición en el teatro municipal de la capital. Un concierto de gala que marcó la historia musical en Venezuela. Una estocada final a la sistemática batalla de los que juegan al bando atemorizado y limitado por las circunstancias de un pías en crisis y en quiebra, versus, a los que apostamos al arte de verdad. El que transforma, el que motiva y el que sana.
El concierto fue interpretado por una orquesta que reflejaba las cicatrices palpables de la desidia, el abandono, el éxodo y la escasez material que tarde o temprano permea a lo inmaterial. En una dimensión, todavía queda el aroma del descontento de un director que se sienta a contemplar un desorden organizado de tempos, de notas y rítmicas que desafinaban el discurso de una obra escrita para una institución que llegó a representar el nivel más alto de un país - o al menos eso dicen. Para esa orquesta, daba igual una obra bien o mal escrita, una gira con la envergadura de un recorrido bolivariano o la marca histórica de una composición residente digna de exportar a las grandes orquestas del mundo. En ese estado de consciencia se cumplía con un compromiso del cual no había escapatoria. Aun así, se cumplían los acuerdos y esa era la razón principal para que un director que busca la excelencia no se haya parado de la silla y se fuese con la noche...
Sin embargo, para el compositor, el panorama era otro. Un sonrisa constante se dibujaba en su rostro al ver el final de su trabajo materializado durante ese fin de semana. No se trataba de un concierto, se trataba de una institución que bailó al compas de su partitura a pesar de los obstáculos / las palabras sinceras de músicos que se contagiaron de la magia de sus cantos / las melodías que recorrieron los paisajes mas hermosos de la geografía suramericana / anécdotas de una era compleja documentadas en una carta al futuro / hazañas artísticas de las que pocos pueden soñar y mucho menos, lograr. Para el compositor las disonancias del concierto eran un suspiro que fácilmente el tiempo se encargaría de reprogramarlo con la excelencia equivalente al esfuerzo invertido durante 4 años sin remuneración monetaria. Una cereza del pastel mal adornada y la crónica de un mal tempo ya anunciado. Por eso la sonrisa constante que repartía en los camerinos a todo aquel que le preguntaba, ¿Qué tal?.
En ese viaje sonoro, el viajero contempló con asombro el impacto de su paso por la región.
De repente en su país de origen, las orquestas comenzaron a salir de la convencionalidad para unirse a su llamado de llevar el arte a nuevas esferas de consciencia y nadie de corazón sensible se escapó en ser parte de ello. Los músicos comenzaron a salir aún en tiempos de pandemia. La música dejó de ser un acto de entretenimiento y la imagen de un piano dentro de una sala covid se vio circulando en los periódicos principales de Venezuela. Orquestas montadas en gandolas limpiando las calles con melodías de luz y abatiendo las fuerzas de la oscuridad, se hicieron rápidamente noticia en los medios más importantes del mundo. Congresos científicos comenzaron a avalar y estudiar los resultados de las denominadas vacunas musicales. Compañías de piano llevando sus costosos instrumentos a los abandonados cementerios de la ciudad, para honrar a los ancestros de toda una población y ser parte de un viaje por las estrellas. Las instituciones artísticas no solo abrieron sus puertas para iniciativas como Compositores Residentes, sino que también se vieron en las azoteas de los edificios tocando en medio de atardeceres / ofrendando su arte a la naturaleza / integrando escenarios y monumentos citadinos en programaciones fuera de lo convencional / y en este tiempo, hasta se vio ensamblar a la orquesta más grande del mundo rompiendo un récord Guinness.
¿Quién podía decir que todo estaba perdido?
Entonces, ese momento no se limitaba a la interpretación de un concierto o inclusive, a la magnanimidad que puede representar la escritura de dicha obra bajo las dinámicas de un viaje por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. Allí se veía reflejado el ingenio latinoamericano para transformar la adversidad en oportunidades y mensajes que te acercan al contacto con la fe, la espiritualidad y esa sensación de que llegamos a la vida para buscar encontrarnos. Ese sentimiento de gratitud y elevación ciudadana fue la verdadera gala de la noche. Esa era la obra... una composición humana de experiencias que te hacen más humano.
Me siento en el desierto. Donde todo comenzó. No es un atardecer de postal, es otro más de la infinita palestra de colores de Carora. Como cualquier día dentro de las posibilidades de un año. ¡Otro más!
Para llegar al final siempre hay que recordar el comienzo. Y ese instante se dio en un día cualquiera, como este. Sentado y contemplando al personaje sin camisas.
El final luce de esta manera: 10 estados de Venezuela, más de 54 centros médicos incluyendo hospitales de covid-19, 72 escenarios energéticos entre montañas / desiertos / ríos / lagos / mares / costas / cuevas / aire / selva / dunas / centros ceremoniales / zoológicos / jardines / parques / centros tecnológicos / arrecifes / palafitos / y monumentos. Más de 5000 kilómetros recorridos a bordo de un coche viejo apodado el monstruo y en compañía de un personaje que invadió una tecla de mi corazón sin permiso.
Orquestas, artistas, científicos, religiosos y religiosas, políticos, estudiantes, maestros, viajeros, empresarios, emprendedores, niños, ancianos, animales, plantas, gente feliz y gente triste, buenos y malos, y diferentes personajes manifestados del pensamiento escribiendo cada día la narrativa de esta bitácora. En cada hora, en cada espacio.
Un fractal condensado de este viaje, Sonidos del Sur, pero con el detalle de una pandemia que llega a darle sentido a toda la historia.
Pero si de la historia se trata, multipliquemos las cifras para parpadear por un instante la magnitud de este viaje. Uno donde el eslogan de la inspiración germina en una transformación molecular. Todo se hizo realidad, a tal detalle que sorprende hasta al más incrédulo. Aún así, el cómo sigue siendo un misterio para muchos. Lo sé, porque es así para mi. Pero sin miedo a decirlo, el qué se aprecia de diversos ángulos. Desde la proeza de las visiones de un niño hasta la complejidad de llevar a una orquesta sinfónica a la cima del Chimborazo, el atalaya del universo. Sin miedo a sentirlo; la conquista por perderlo todo, hasta el miedo. Sobre todo el miedo. Porque en la ausencia del miedo, sólo amor puede florecer. Así lo dictan las leyes cósmicas. Así lo demostró este escenario tricolor. Y cuando te das cuenta de ello, habrás llegado al lugar donde nacen las estrellas.
Así que en conclusión, esta fue una historia de amor. De esas que se necesitan multiplicar en el mundo y de las que a tantos les harían bien escuchar. De las que te cultiva la curiosidad. Sobre todo por querer vivir, querer viajar. La apreciación justa de existir. Y es por eso que nace de manera natural la frase del volvamos a empezar y con ella, un abanico de posibilidades limitadas a la imaginación del creador.
Pero que no se confunda el lector! La gente no puede llegar a pensar que la inspiración logró las cosas, como si fuese una especie de energía mágica. Que al inicio de este viaje me sentía bien y estaba animado, en contextos que me daban seguridad o me motivaban y que eso me llevó a emprender esta misión. La verdad es diferente. El comienzo de esta historia se inicia con desconciertos, dudas, confusión y más preguntas que respuestas; un cóctel perfecto para un contexto donde el verdadero altruismo se alcanza con la conquista de la inspiración. Es allí donde la acción cobra valor y sólo más adelante, con el tiempo, sentido...
No existe nada más poderoso que caminar con sentido. Y para aquellos que buscan más pistas de los orígenes, tendrían que escuchar las reflexiones de Salsa en Tiempos Guerra y viajar al silencio interno con 5 Discursos de Paz. Solo así se puede comprender la fuerza contagiosa que ha inspirado a muchos. El mensaje que ha viajado tanto como el viajero. Una inexplicable razón de encuentros que se transforman en cantos del Sur y ofrendas musicales a la tierra: al origen, al universo, a Dios.