¿Cuánto cuesta una Ofrenda Musical?
Esa fue la pregunta al día siguiente. En el contexto una pandemia y en la intención, un escenario de búsqueda y respuestas. Si tuviera que etiquetarnos como productos, entonces hasta el mismo viento entraría en la ecuación. Más allá del movimiento y la emoción / la convocatoria a la posibilidad / la estimulación a la entrega / el peso de la sociedad que se hace presente en cada kilogramo de madera, hierro y cuerdas / la invisibilidad en las alcabalas de la desidia y la desesperanza / la invitación a reconstruir la actuación y el mensaje / la estrategia para seguir cultivándonos / la comunión con el espacio que se hace paisaje e identidad. Trascendiendo lo que damos por alto hasta el punto en que se deja de percibir, saluda el propósito que, a su vez se define de conceptos tan efímeros como el amor, la paz, el viaje, la amistad, la ofrenda… la pachamama. No pueden estar destinados a la subjetividad de los números.
Abordar la ofrenda como un concierto daría una respuesta fácil a la pregunta. Lo que nos llevaría al principio, de nuevo a la cadena interminable de historias y versos. A la música y a la entrega.
En una carta para una cápsula de tiempo invertida, ya han pasado 12 días desde aquella media noche frente a la ciudad. Intento definir la ofrenda con la misma claridad que deseo ubicar el significado de esta pandemia que nos arropa sin poder escapar del tapabocas. Realmente no estoy seguro de llegar algún lado con la razón. Al parecer este karma está destinado al ojo que siente y no al que ve. Es ese sentir que nos ha traído hasta aquí. La noche que apunta las 12:07am y desvela la gratitud de haber sido testigo de otra transmisión mágica. La cuarentena y sus dinámicas no dejan espacio esta vez para cuestionar el camino. El teclado se transforma en una espiral que lleva a MI – Tal cual como esta noche con sus cantos montañosos y el resplandor de otra cima próxima a escalar por dos gotas más de sabiduría.
Ofrenda a la Pachamama
Como de costumbre, todo ocurrió muy rápido. Llevaba casi 3 meses construyendo la estrategia para llegar al relámpago del Catatumbo. La primera de tres ofrendas musicales que antecedían el estreno mundial de mi obra orquestal Los Cantos del Sur. Al haberse cerrado las vías de acceso al Zulia y escuchar de las comunidades a las orillas del lago de Maracaibo que la situación con el COVID-19 era critica, decidí posponer el viaje al relámpago. No me cabe la menor duda que hubiera sido posible, pero asumí la señalización del camino como no ser el momento adecuado. Total, que 3 meses de planificación se transformaron en un par de semanas de intención máxima trifásica para no dejar pasar el día de la pachamama sin una ofrenda musical. Esta vez entregando Los Cantos del Sur en el discurso a transmitir.
Inmediatamente surgieron preguntas: ¿Cuál será el lugar indicado? ¿Que significa este cambio de planes en el mapa general del curso de viaje? ¿Tiene sentido una ofrenda en tiempos de pandemia? Y a todas estas, regreso a mi punto de origen… (?) En este giro del destino.
Se cierra el telón y se abre. El piano negro es el protagonista de la escena. Al fondo, una ciudad que se manifiesta con todo el brillo que pronuncian las estrellas al caer la noche. La pachamama se hace árbol, se hace montaña, voces y palabra, frutas y cantos, noche y día, blancas y negras. Memes cósmicos todos cultivados con agua, viento y algo de calor. Era retornar al comienzo, cuando éramos semillas de la cordillera. Fue aceptar lo obvio hasta permitir la presencia de aquella luna sobre nosotros. Seres danzantes hacia la luz. Se abre el telón y el sentido se transforma. La posada Ventisquero alberga un rompecabezas que conjuga un llamado directo al corazón de la vía láctea y súbitamente disfrazado de canto de gavilán a media noche.
La noche de la ofrenda comenzó con una lluvia que nos hizo reestructurar nuestra entrega. Por alguna razón básica de nuestra naturaleza, asumimos que la pachamama no se iría a manifestar y que tendríamos un paisaje inmóvil como el de una fotografía de postal. Casi queriendo un escenario sin vida a la merced de una agenda que permitiera documentar la ofrenda en el día y en la noche. Sin embargo, dentro de las dinámicas de momento, todos estábamos conscientes del significado de los hechos. Al principio podían parecer desafortunados, pero mientras la lluvia caía, nos sentamos a brindar por el presente; el instante que nos reunía dentro de una burbuja de bendiciones que nos permitía respirar libremente. ¿Que más podíamos pedir? El roció de la lluvia que se traducía en estallidos de aplausos por haberlo logrado. Apreciar & aprender. Brindamos, por todo aquello que no lograríamos comprender.
El costo
En función de la pregunta, no se trata de cuánto cuesta, sino cuanto estamos dispuestos a pagar. La pandemia ha llegado para colocar las situaciones de la vida en perspectiva. En confinamiento, las necesidades más básicas que definen nuestra libertad cobran nuevos significados. Detrás de la foto, se esconde el personaje, la identidad, la energía que lo hace posible. Cuánto es su precio, es un camino largo por recorrer. Ese es el costo. No existe una respuesta y, en definitiva, esas son las preguntas más caras del viaje. Las que se pagan con vidas (…)











