Siguió la mirada del contrario hasta detenerse en la canasta y sin poder evitarlo, carcajeó al escucharle dar su opinión–. Oh, no –exclamó un tanto divertida–. No la utilizo para guardar los bocadillos que sirven aquí, son los que yo misma he horneado –explicó, retirando la servilleta para que el muchacho pudiese ver todo el contenido dentro–. ¿Desea tomar algo?
( “¿Has horneado bocadillos para una fiesta que está repleta de ellos?” expresó con sorpresa conforme una carcajada salía de sus labios pintados. Sus orbes se posaron en aquel objeto, debía darle crédito a Caperucita por haber caracterizado tan bien su disfraz. “¿Los has horneado tú?” regresó su mirada a la fémina, mirándole con curiosidad. “¿Qué pasa si no son de mi agrado? ¿Estarías dispuesta a recompensarme?”









