Cuánto silencio.
El pasar del tiempo, la fragilidad del cuerpo.
Los raspones y las vidas que me han atrevasado.
Lo que dejé en la vitrina.
Como esos recuerdos de la primera comunión, el bautizo del hijo de esa tía lejana.
Primero ya no se siente igual.
Y después soy funcional.
Lo que tenía; lo que temía.
















