Dueña del olvido.
Ella es de esas mujeres de las que nadie puede tener poco, de las que no se olvidan, aunque quieras, aunque corras, de las que no te cansas. Sin importar los años, ni distancias, ni todas las versiones de ti que intentas construir lejos, el tiempo hace su mejor intento, pero su presencia siempre te alcanza. Llega tan sutil que no entiendes, pero tampoco cuestionas; de las te atraviesan y se quedan.
De esas que te tatúan el alma con un beso, de las que te pasas la vida intentando reemplazar, aquí la voluntad pasa desapercibida, siempre te encuentras pensando en ellas.
Sin importar las cosas que viviste, los lugares que no visitaron, los silencios que no existieron y hasta las calles que nunca pisaron, todo la nombra, todo la recuerda.
Es caos y calma, fuego y agua, sombra y luz, te muestra todos los polos que existen dentro de ti, arranca partes de tu alma, cuerpo y corazón que no sabias que existían.
No es de las que piden permiso, toman sin preguntar, desgarran sin tocar, enmudecen sin hablar, queman sin rozar. Te llevan al lugar donde guardan el resto de sus tesoros: cuerpos vacíos, bocas que aún sonríen, espíritus que murieron dejándose huecos.
Es el laberinto que eliges, no porque creas salir, sino porque sabes que perderte en ella vale más que encontrarse en cualquier parte.
Ella es de las mujeres que te pasas la vida huyendo porque ya te han contado, te advirtieron de ellas, que viven de almas y energías, de sonrisas prestadas de tus ganas de amarla, de la voluntad de acabar tu mundo, destruirte por completo para crearle uno a ella.
Cuando menos creíste ya eran parte de ti, de la música que escuchas, la brisa en tu rostro, los largos días caminando, los baños cortos y los cafés que se quedan fríos,
de esas mujeres de las que un día despiertas pronunciando su nombre, añorando tenerla, haciendo preguntas de las que jamás obtendrás respuestas.
Sabía que era fuego y que después de dejarme en cenizas, tomaría su camino habitando el siguiente cuerpo.
Nunca te llama - al menos no en voz alta-, pero tu cuerpo como imán se rinde ante ella.
Te quedas helado, inerte, mientras la voz de tu conciencia suplica que no te acerques, caminas, ya es tarde… y quema.
Ella es dueña del olvido y a nadie se lo otorga.
- ka, v1. 2017 v2. 2025















