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...
—¿Tu vida es tan miserable que la única manera de compensarlo es jodiendo la existencia de los demás? —dedujo, ignorando adición alguna por parte del moreno. Al sentir el cuerpo del muchacho particularmente cerca del suyo no dudó en distanciarse unos centímetros, sin siquiera hacer contacto visual.
—Sí, algo así. —Comentó arrugando la nariz, portándose, como de costumbre, impermeable a cualquier intento de otras personas por ganarle la guerra en cabrear al otro. Cuando la mejor se hubo distanciado rió con ganas. —No voy a hacerte nada, ¿sabes? No estás tan buena. —Comentó arqueando ambas cejas y relamiéndose de los labios, le gustaba eso: molestar a otros.
*
Like si me contestarías un starter con Demian, sino mejor para ni poner nada (?)
Que dicen que Styven quiere con tu chica.
Tú lo haz dicho, cara gris: mi chica.
...
—No todos tienen una constante necesidad de llamar la atención, Greylight —lo desafió, aún con gentileza, sin embargo continuaba siendo raro en la castaña. Pero algo en ese moreno le provocaba la necesidad de hacerle frente.
—Sin embargo ese es el estereotipo, —Aseguró, seguro de sí mismo, arqueando una ceja —y yo no voy a desafiarlo. —Concluyó, sirviéndose otro whisky en seco, para tomarlo de un sólo golpe. Enseguida fue a sentarse junto a la chica, mirándole aún con una sonrisa divertida en los labios.
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Apenas había separado sus labios para tomar un respiro, pero era sólo por instantes. Estaba sintiendo a su corazón martillear en su pecho y no quería que la sensación se detuviera. Soltó un pequeño suspiro, ante las acciones del castaño y, aunque sabía que no estaba razonando mucho de aquello, no quería detenerse. Con sus pies había acariciado las piernas de él, cuando éste acortó la distancia y sus dedos pasaron por entre los cabellos de éste y arqueó ligeramente su cuerpo, aceptando las caricias que recibía.
Cuando el chico se colocó totalmente sobre ella, sus piernas se enredaron en el cuerpo ajeno. De alguna manera estaba sumergida en el beso, un beso que unos minutos atrás no hubiera sabido que quería. Una sonrisa se extendió por sus labios, sin separarse de los ajenos. Su otro brazo rodeó el cuerpo contrario, deteniéndose en la espalda de él, siendo consciente de que le faltaba su playera. Podía sentir, además, su ritmo cardíaco acelerarse con aquello.
Cuando la contraria pasó sus manos a la espalda del hombre él hizo un movimiento parecido, pero paseando suavemente ambas manos por los costados de la chica, delineando su fina figura y deteniéndose un par de segundos en la cadera, tomándola y ejerciendo una cierta presión de la pelvis contraria con la suya, haciendo que esto tuviese un efecto en la entrepierna del hombre, aún contenida por sus vaqueros. Poco después, bajó un poco ambas manos, para así poder introducirlas bajo la parte superior del pijama de la fémina, haciendo así que sus manos entrasen en contacto directo con la piel del vientre de la misma.
La cercanía de él era abrumadora, le había arrebatado la respiración de golpe y, cuando escuchó su pregunta lo único que alcanzó a pensar fue el preguntarle si él se arrepentiría, porque en el fondo ella sabía que por su parte no sería así, antes de sentir el beso. Por un momento fue como si sus labios lo hubieran estado esperando, reaccionando mucho más rápido que su mente. Una de sus manos subió al cuello de él, como si la cercanía no fuera suficiente. Sonrió un poco contra los labios ajenos.
De tener sus piernas cada una a un costado de la morena, las pasó a entre ambas, haciendo así que estás tuviesen que separarse y finalmente juntando todo su cuerpo con el de la fémina, teniendo la delicadeza de no hacerle daño ni presionar demasiado sobre de ella, continuó besándole de forma apasionada y ciertamente con urgencia, permitiéndose que una de sus manos fuese al cabello de la joven, jugando con el mismo.
El movimiento de él la tomó por sorpresa, apenas dándole tiempo a reaccionar con un respiro ahogado, sus ojos se detuvieron en los contrarios y tragó saliva, esperando encontrar su voz. ─ Yo… quiero no darles ningún detalle. ─ murmuró, bastante consciente de la cercanía de él, y sin embargo, sin ánimos de separarse.
Sintió como el murmuro de la chica casi quemaba en su interior. Hasta ese momento, no había sido consciente de cuánto la deseaba. Aminoró la distancia, hasta casi terminar con la misma y se detuvo un instante —¿Segura que no te arrepentirás de esto por la mañana? —Cuestionó, antes de cualquier cosa que pudiese suceder entre ellos, era su mejor amiga, así que respetaría la decisión que tomase. Pero no iba a negarse algo: antes de esperar una respuesta cortó con la distancia de golpe, besándole en los labios sin siquiera irse con miramientos, desde un comienzo fue un beso un tanto apasionado, profundo.
Sonrió un poco al observarle y se acomodó junto al castaño. ─ ¿No tendrás… frío? ─ inquirió, señalando. Ella no podía dormir sin alguna parte de su ropa nunca porque siempre terminaba muerta de frío. Evitó reír ante la respuesta de él y arrugó un poco la nariz, girando su cabeza para poder verlo. ─ ¿Y que se supone que voy a contestarles al resto de sus preguntas? ¿Que eres un semental en la cama? ─ preguntó, en voz baja, alzando las cejas con curiosidad.
Negó con la cabeza, en realidad, estaba acostumbrado a dormir así. Al escuchar su última pregunta, y como por inercia, el chico, en un movimiento habilidoso, se acomodó sobre Chrystelle, mirándole a los ojos y apoyando sus manos a ambos lados de su cabeza. —¿Qué quieres tú contestarles? —Inquirió, acercándose suavemente hacia la contraria, aminorando la distancia entre sus rostros poco a poco.
Volteó a verlo y se relamió los labios, pensativa, mientras sopesaba las palabras de él. Sin decir una palabra se levantó de la cama y se quitó el pantalón de mezclilla, que llevaba sobre el de la pijama. Había sido inicialmente por el frío pero había resultado una idea útil, después de todo. Volvió a dejarse caer en la cama y giró la cabeza para verle. ─ Tú tendrás que inventarme una excusa para mis compañeras en la mañana. ─ advirtió, con media sonrisa. ─ Porque créeme, un ‘me quedé a dormir con Oliver’ sólo despertará gritos, chillidos y muchas preguntas más. ─ añadió, encogiéndose de hombros.
Una sonrisa se instaló en sus labios cuando la contraria aceptó a quedarse con él. Poco después se deshizo de su camisa, quedando así únicamente cubierto de la parte baja de su cuerpo, usando sus típicos vaqueros desgastados. Esperó a que la chica se acurrucara a su lado y le rodeó con un brazo por los hombros, arropándola con la cobija de la cama. Rió suavemente. —No veo cuál sería el problema en decirles eso, ninguna de ellas ha pasado la noche conmigo.
...
El agobiante salón de clases parecía presionar a la castaña, mientras intentaba a duras penas concentrarse en una clase que probablemente ya había cursado. Le dirigió una rápida mirada a su entorno, todos los estudiantes mantenían sus ojos clavados en el profesor o en sus propios apuntes. Resopló de forma más audible de lo que esperaba, y pronto las miradas se encontraban insertadas en ella. Tosió con brusquedad y se excusó frente al profesor, cual le dirigió una mirada suspicaz pero al fin y al cabo le permitió salir.
Los pasillos se encontraban desiertos, al parecer todos los sabelotodos en Norbridge se hallaban en clases. Rodó sus ojos, buscando el pasadizo en el cual pocos reparaban, ingresando prácticamente de un salto al espacioso sótano que tanto le gustaba. Un alarido de guerra hizo eco en el ambiente, y se lanzó sobre un sillón que amortiguó su caída. Los siguientes minutos se dedicó a reír y a saltar en el mismo, cuando divisó a un presente que lucía sorprendido. —Oh, lo siento, creía que todos estaban en clases… —murmuró, acompañando sus palabras por una pequeña risa nerviosa.
—No me sorprende, chica Norbridge. —Aseguró con el más puro sarcasmo posible en Oliver, que había observado desde qué colegio ingresaba la chica al sitio. Terminó de un trago su bebida y se sentó en uno de los taburetes, mirándole con una sonrisa socarrona. —Entonces, ¿no te sientes súper rebelde porque no estás en clases cuando los otros matados sí lo hacen? —Comentó, con ganas de joder, como de costumbre en él.
─ Ése mismo. Y… no, no soy parte de las estadísticas. ─ respondió, riendo por lo bajo mientras se incorporaba un poco en la cama, apoyando sus codos en la misma.─ Bien. Supongo que a mis compañeras tampoco les interesa ahora pero seguro preguntarán mañana así que me iré ya. ─murmuró, mientras se cubría la boca de un pequeño bostezo, antes de extender su brazo y pasar sus dedos por el cabello del chico. ─ Buenas noches, bobo.
Frunció los labios. —Quédate. —Pidió como por inercia. Realmente no quería que la chica se fuese. Apoyó su mano sobre la de la contraria y le vio a los ojos. —Sabes que puedes dormir aquí, conmigo. Bueno, si quieres. —Comentó, tampoco iba a obligarle.
SMS: Tengo una duda, feo.
SMS: ¿Una duda?SMS: Creí que ya habías tenido con tus padres la charla sobre las flores y las abejas.
SMS: Realmente no necesitaba leer éso, idiota.
SMS: Meh, significa que entonces me quedaré acá de por vida porque no creo que quieran sacarme.
SMS: Gracias por tus servicios, feo.
SMS: Tú pregustaste, ahora soporta la cruda verdad. SMS: Hey, hey. Espera. SMS: ¿De verdad crees que nos quedaremos aquí en navidad? ...Vamos a fugarnos.
Bonitos pantalones. Quedarían muy bien en el suelo de mi dormitorio.
No pasará, anónimo.