Three Goblin Art
noise dept.
KIROKAZE
DEAR READER

shark vs the universe
I'd rather be in outer space 🛸
Xuebing Du

ellievsbear

★

Kiana Khansmith

Product Placement
tumblr dot com
One Nice Bug Per Day
Claire Keane

Love Begins

⁂

JVL
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

Origami Around
NASA
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia
seen from Trinidad & Tobago
seen from United States
seen from United States

seen from Netherlands

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from India

seen from Italy

seen from Italy

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
@tybalt-winzenried
WhatsApp >> Tybalt
Christian:
Christian: Tybalt. No seas idiota y ven aquí.
Christian: Ya te voy a demostrar qué tan increíble es.
Tybalt:
Tybalt: Si eso querías desde el inicio, lo hubieras dicho.
Tybalt: ...
Tybalt: No empieces algo que no podrás terminar, Christian.
WhatsApp >> Tybalt
Christian:
Christian: ¿Por qué no vienes tú?
Christian: Nah, creo que subí un par de kilos.
Tybalt: Porque no tengo un título médico que me acredite como capaz de recetar medicamentos en caso de que verdaderamente estés enfermo.
Tybalt: Simplemente por eso.
Tybalt: Seguro luces fantástico. Ya estabas demasiado delgado antes, de todas formas...
Tybalt: Y siempre has tenido un cuerpo increíble.
WhatsApp >> Tybalt
Christian: ¿Tendré fiebre?
Christian:
Christian: Quizá deberías venir. Eres mejor doctor que yo.
Christian: ¿En serio qué? Sí. En serio estoy en toalla, recostado en la cama.
Tybalt: No del tipo que crees...
Tybalt:
Tybalt: O debería mandar a un doctor de verdad a verte...
Tybalt: Debe ser una vista fantástica...
WhatsApp >> Tybalt
Christian: ¿Es idea mía o hace calor?
Christian: Hace quince minutos salí de la ducha y no he hecho nada por vestirme. Esto parece un horno.
Tybalt: Es idea tuya.
Tybalt: Estamos casi en invierno...
Tybalt: ...
Tybalt: ¿En serio. Christian? ¿En serio?
Una vez más había tenido que redirigir su camino a la oficina del consejero. Al parecer, algunos profesores comenzaban a quejarse por tanta intervención de parte de la irlandesa. Y no principalmente porque participara, lo que solía perturbarlos eran las molestas correcciones que la rubia hacía cuando tenía la oportunidad. En parte aquél llamado le había causado mucha gracia, puesto a que presentaba la idea de que; si los profesores realizaban bien su trabajo, no tendría que intervenir. Más otra parte de ella se sentía molesta y algo dolida, por lo que consideraba una traición de parte de ellos. De cualquier forma, cuando abandonó la oficina, se mostró aparentemente serena, no iba a dejar que una tontería como aquella le afectara. Sumida en sus pensamientos, apenas pudo percibir la presencia de alguien más en aquél pasillo. Y no fue hasta que éste se dirigió a ella, que se fijó plenamente en él, observando con cierto interés el folleto que el rubio le mostraba. —Dudo que sea buena idea ayudar a la competencia. —comentó, ésta vez evaluando al chico. —Ya sabes, luego me quitarás a mis clientes y me quedaré sin la labor a la comunidad, lo cual me arrebatará la posibilidad de graduarme con honores.
La voz femenina que respondió a él lo sacó de sus cavilaciones. La reconocía, sí, más no podía presumir de conocer perfectamente a la rubia. Con algunos volantes restantes en sus manos, se dio media vuelta para encarar a su ahora interlocutora. --Quizá no ayudar, pero al menos hacer de esto una competencia limpia. Principios de economía para todos, ya sabes: generar una situación ganar-ganar,-- una sonrisa a medias curvó la comisura derecha de sus labios, en un momento que aprovechó para que su mirada recorriera con discreción a la chica. --Tú puedes quedarte con los alumnos de química, Mae. Sólo déjame a los de ciencias humanísticas e idiomas. De todas formas, admitiré (sólo por esta vez), que no soy del todo bueno en tu área de estudio,-- dijo como si le costara millones el admitir que no era perfecto en todo. --No necesitas dar clases para graduarte con honores, créeme. Además, segura ya tienes tu horario atiborrado con extracurriculares para ganar créditos, ¿me equivoco?-- aventuró, entrecerrando los ojos y mirándola con un aire inquisidor.
Su mente era lentamente consumida por dudas constantes, dudas que sólo Tybalt podría detener con esos pequeños gestos que tanto adoraba el inglés. Lo conocía, y no iba a exigirle muestras de cariño en público, estaba contento con los ademanes que generaban una ventisca cariñosa en su interior, de aquellas que te hacen cosquillas en el estómago y sonreír sin razón— Entonces tomaré todas tus clases —pausó, entrecerrando sus ojos para analizar brevemente la situación, repasó las perfectas facciones alemanas con una mirada, humedeciendo su labio inferior antes de convocar una sonrisa a su expresión— ¿Debo llamarte profesor? —y sí, tal vez eso lo dijo con una pincelada de picardía: era inevitable. Continuó el camino hacia la sala de música, estaban cerca (según recordaba) y guardó silencio hasta que su acompañante interrumpió el momento— Pues… —pensativo, cruzó los brazos sobre su marcado pecho, sin detener su andar por ello. Tenía sentido lo que el otro rubio decía, ¿qué ganaba con mostrarle antiguas canciones? Sólo, quizá, un poco de humillación. Porque seguía sintiendo eso— No es que no quiera enseñarte las canciones, es sólo que me siento como un perdedor absoluto cuando pienso en todo lo que compuse mientras estuvimos separados, si no mal recuerdo… La última canción la escribí antes de comenzar este año. Son la única prueba que tengo para decir que jamás dejé de pensar en ti. Aunque para entonces pensaba que habías rehecho tu vida… Me sentí un poco mejor cuando me comentaste que no te habías vuelto a enamorar —admitió en voz baja, entrando al salón donde se encontraban todos los instrumentos— Tocaré mi favorita. La escribí hace unos tres años —dejó el revoltijo de hojas que traía sobre una mesa que formaba parte de la decoración, no necesitaba ninguna partitura: sabía todas las notas de memoria. Se sentó frente al gran piano negro que adornaba la habitación y suspiró, esperando que su interlocutor se acomodara cerca de él— Ven aquí —invitó, indicando con la mirada, una silla que yacía a su lado.
Si de algo podía estar seguro Christian, era de que cada vez que Tybalt lo procuraba con algún gesto cariñoso, era porque en verdad lo quería. Si un don tenía el rubio, ése era el de ser jodidamente directo y de hablar claro. Prefería no andarse con medias verdades, sino decir las cosas tal y como eran, de no hacer nada que no quisiera, ni nada por compromiso. Había un largo trecho entre ser diplomático y hacer o decir cosas que no quería. Por eso, cuando besaba a Christian, cuando lo abrazaba, era porque realmente quería hacerlo. No había falla. –No es necesario que lo hagas, ¿sabes? Por mucho que me guste estar contigo… Siento que sólo lo haces porque sabes que no aceptaré tu dinero,-- suspiró con discreción, mirándolo de soslayo y presionando un poco más su mano en la cintura del inglés. La pregunta, sin embargo, lo hizo enarcar una ceja y mirarle con incredulidad. Sin embargo, su expresión se suavizó para adoptar una adusta y falsamente seria. –Ya que estaré enseñándote algo, sería adecuado que lo hicieras. Y eso significa que tendré total y completa autoridad en el aula,-- y si eso salió con un significado doble, tampoco le importó demasiado. ¿Qué podía decir? Tybalt era un verdadero pervertido, pero lo era en las situaciones más privadas. Cruzó el umbral de la puerta del aula de música y asintió un par de veces. Tenía sentido, claro. –No eres un perdedor. La música y expresar emociones a través de ella es algo muy noble,-- lo miró con una nota de cariño y añadió: --Como tú,-- después de ello, guardó el silencio necesario que un evento así exigía, siguiendo al inglés hasta el piano para mirarlo con genuino interés y atención. La invitación fue hecha y en lugar de sentarse en la silla vacía, se sentó al lado de Christian, sobre el taburete del piano, dejando que su mano se deslizara por la espalda de su acompañante hasta su cintura. --¿Te molesta si estoy tan cerca?—preguntó, ladeando su rostro para buscar la mirada ajena, aquellos orbes azules que maravillaban sus pensamientos y sueños.
[...]
Mis ojos escudriñaron aquellos faros azules que me miraban, desconfiando de su amabilidad y su alegre brillo. Pero había estado mirando mucho tiempo, así que mis ojos bajaron rendidos a mis pies, mientras fingía mezclar el azul con el amarillo, logrando un verde distinto al resto — Entonces…supongo que eres artista, o por lo menos te gusta el arte.— Supuse con la mirada en mis colores, aunque aquel rostro era más de un deportista que de un artista. Su comentario me arrebató una sonrisa imprevista, pequeña y delicada, nueva en un rostro que hace tanto no sonreía — No, no molestas, tampoco creo que seas un acosador.— Conocía bien a los acosadores y aquel hombre estaba lejos de ser uno. Mi mirada confió más en su amabilidad y me atreví a dedicarle una última mirada a sus ojos, antes de dar media vuelta y continuar llenando de pintura aquellos puntos blancos que parecían gritarle por ser llenados.
La presión de aquellos ojos oscuros sobre su persona no pasó desapercibida para el alemán, que acostumbrado a ese tipo de escrutinio público, se mantuvo de pie ahí, como si fuese inmune a un análisis tan extensivo. Y quizá lo era. Había llegado a aquel punto de su vida, en que poco le importaba lo que dijeran los demás. Más no hizo nada por recalcar ese gesto. Le devolvió la mirada a la castaña y posteriormente, siguió la trayectoria de su mano hasta el lienzo. --Algo así...-- tampoco quería ponerla incómoda o hacer que lo echara de ahí. --En realidad...-- comenzó, --soy crítico,-- aceptó al final con una nota de duda en su acento germano. --Ojalá pudiera ser artista, pero carezco del tiempo y de la habilidad con el pincel para serlo. Entonces me dedico a, lo que dicen, es un trabajo de necios: la crítica,-- explicó, sonriendo sutilmente y acercándose un poco más. --¿Eres experta en reconocer acosadores, entonces?-- preguntó con una nota divertida, intentando disipar la tensión del ambiente y, sobre todo, la tensión que parecía recaer sobre su interlocutora. --No sería la primera vez que me dicen que tengo la mirada de uno. Nada personal, sólo que no me doy cuenta cuando miro algo con demasiada fijeza. Así que no te asustes si es así,-- explicó antes de que una pregunta fuera hecha, dejando que su mirada se paseara por el lienzo que tenía delante la chica.
Prefería, por supuesto, que las cosas entre ellos fueran diferentes. Le encantaría que Tybalt tomase alguna vez la iniciativa, le encantaría poder besarlo sin sentir que el alemán se molestaba; le encantaría… Un sinfín de cosas que jamás sería capaz de expresar en voz alta. Era el precio del amor lo que estaba pagando, y lo aceptaba con un nudo en la garganta. ¿Era normal aquello? No lo sabía, pero tampoco tenía intenciones de averiguarlo. Daba su vida por Tybalt y no esperaba ni un abrazo a cambio. Alzó su vista cuando escuchó su nombre pronunciado, frunciendo el ceño con sutileza cuando continuó el comentario: realmente lo hacía para poder ver a su acompañante más seguido, era todo lo que tenía— Sí, claro que tengo. Quiero verte. Y si te parece muy tedioso, lo comprendo. Sólo… Sería bonito verte. Y, como te dije, no sé nada de alemán. Tomar clases contigo sería perfecto —añadió, fijando su mirada en la contraria, a veces le parecía insano todo esa acumulación de sentimientos dentro de su pecho— En realidad… Bueno, no importa. Podemos ir —mordió su labio con fuerza para no decir otra estupidez, comenzando un paso tranquilo por el eterno pasillo. Sus facciones continuaban tensas, igual que sus puños. Adoraba estar con Tybalt, sin embargo, de alguna u otra forma, la comodidad no era algo que sintiera en presencia del otro europeo; y si aquello perduraba en el tiempo, el quiebre de esa relación improvisada, sería doloroso y necesario.
Pero Tybalt intentaba. Sabía que esa relación tenía que manejarse con sumo cuidado, como si fuera la primera vez que estaban juntos, porque de ser de otra forma, las inseguridades (por parte de ambos, para ser sinceros) comenzarían, las comparaciones y demás, y no estaba en situaciones para pasar por todo eso, no después de los años que habían pasado y los momentos que no quería volver a revivir. Intentaba dejar todo atrás y ser mejor, ser la persona que Christian merecía a su lado, pero a veces le costaba. El inglés era más cariñoso que él, más físico, mientras que Tybalt... No tanto. Y eso podía interpretarse de otras formas negativas. Por eso intentaba, intentaba, intentaba. Sólo esperaba que el otro rubio se diera cuenta de ello. --No digas tonterías,-- ordenó con una nota de molestia en su voz. ¿Cómo podía siquiera pensar en que le parecería tedioso?-- Cualquier momento que pueda pasar contigo es bueno, y... Cualquier momento que pueda pasar contigo es necesario. Me gusta verte, me gusta estar contigo. No es tan difícil de entender,-- lo miró de soslayo, dejando que su mirada se fijara en aquella de tonalidad parecida antes de dejar que su mano se posara en la espalda de su acompañante, en un gesto que resultaba un tanto posesivo. --Hey,-- se detuvo. --Tampoco te voy a obligar. Es decir, si no quieres mostrármelas, podemos hacer otra cosa. Si quieres. Aprovechando que estamos juntos ahora, ¿no?-- sugirió con afabilidad, moviendo con lentitud, de arriba a abajo sus dígitos sobre la espalda baja de Christian.
[...]
La sala estaba sola, únicamente llenada por el blanco universo que tenía frente a mí y mi diminuto cuerpo, manchado de pintura mientras que lentamente llenaba el lienzo de colores explosivos, que tomaban sentimiento delante de mí. Muchos lo llamarían pesadilla, pocos sabían lo que realmente era, pero me conformaba con que todas aquellas ideas de mi cabeza callaran unos momentos y pudiera disfrutar del momento. Algo tocó el suelo ruidosamente y exaltada me volteé para encontrarme con una figura que había pasado por alto. Mi respiración se agitó y después de sostener la mirada por unos segundos, la bajé, intimidada—Lo siento, no me había dado cuenta que había alguien aquí. Si te molesto me iré, sólo dime— Pregunté viendo a mis pobres zapatos, ocultando por reflejo el cardenal que rodeaba mi muñeca izquierda.
No era raro para el alemán visitar ciertos lugares de la universidad, solitarios. Su abuelo decía que en la soledad era donde más inspiración se encontraba, y estaba en lo cierto completamente. Tampoco era uno de aquellos antisociales, pero su mente exigía cierta soledad de vez en cuando. Con lo que no contaba era con encontrar a alguien más en uno de esos solitarios lugares, ¡y alguien pintando! Parecía ser que el destino sabía que necesitaba encontrar la ansiada musa, inspiración, lo que fuera. Se mantuvo en silencio total, observando los trazos e intentando darle su propia interpretación de crítico, hasta que la castaña reparó en su presencia. --No, no. Nunca osaría interrumpir un momento artístico. En todo caso, quien está molestando soy yo. ¿Te molesta que me quede aquí como todo un acosador viendo?-- preguntó con la nota de educación que solía teñir su acento alemán.
Marius Winzenried - Der Vater - 52 Jahre alt - Architekt
"Fue tu culpa, ¿sabes? Siempre supe, en lo más profundo de mi corazón, que eras un error. Y ahora mírate... No sólo resultaste un error, sino un asesino. Creciste como una sanguijuela en Helene hasta quitarle la vida para obtener la tuya. Tú no eres mi hijo. Un hijo mío, no me hubiera quitado a mi esposa." Marius Winzenried a Tybalt, en uno de sus episodios de ebriedad.
Helene Gottschalk Winzenried ✟ - Die Mutter - 50 25 Jahre alt - Tänzerin
"No tienes idea de lo mucho que tu madre quería que estuvieras aquí. Nunca dudó ni un segundo para tenerte, Tybalt. Y eso dice más que todas las idioteces que te dice Marius. ¿Sabes por qué lo hace? Porque le recuerdas a ella, pero eso no es tu culpa. Grábatelo en esa buena memoria, y grábatelo bien: Nada de lo que ocurrió es tu culpa. Si estuviera aquí, estaría orgullosa de todo lo que has logrado." Helmut Gottschalk a Tybalt, acerca de su madre.
Fabian Winzenried - Der Bruder - 27 Jahre alt - Architekt
"¿Qué es lo que quieres, Tybalt? ...¿Nuestro abuelo? Querrás decir, el tuyo. Por mí, puede morirse hoy mismo y me importaría lo mismo. No, no estoy celoso, ¿por qué debería estarlo? Fue el único que pudo soportarte por tanto tiempo sin tener ganas de asesinarte. Míralo por el lado bueno: ya va siendo hora de que aprendas que en este mundo estás solo, y que tú mismo debes resolver tus problemas. Y perdiste el derecho de considerarte un verdadero hombre cuando huiste a América, en lugar de afrontarlos como un verdadero Winzenried. Agradece que nuestro padre no se ha enterado, o tendría una razón más para avergonzarse de ti." Fabian Winzenried, en una llamada telefónica con Tybalt.
Helmut Gottschalk - Der Großvater -- 77 Jahre alt - Museumsdirektor
"De vez en cuando hay que decir un pleonasmo, porque sino la gente te considera un erudito, y créeme, Tybalt, esa carga no vale la pena. ¿En qué estaba, de todas formas? Ah, sí... Si quieres realmente estudiar arte, hazlo. Todos aquellos que dicen que no es una verdadera carrera necesitan un cerebro, porque claramente no tienen uno. Siempre he creído que tienes una mente mejor para el arte que para algo tan cuadrado como lo es la arquitectura. Oh, sí, sí, sé lo que piensas acerca del casamiento entre la arquitectura y el arte, pero no es lo mismo pintar a dibujar un plano." Helmut Gottschalk a Tybalt, cuando discutían sobre su verdadera vocación.
La pelinegra apenas había salido del salón de clases y si no se atrasaba con cualquier pequeña cosa en el camino aún podría llegar a tiempo a las prácticas de Tennis. ¡Pero casi lo olvidaba! Su ropa deportiva todavía estaba en su dormitorio, por lo cual tuvo que retractarse y seguir otro camino, miró por última vez su reloj y se dio cuenta que no llegaría, mucho menos cuando paró de caminar y su atención se quedó prensada en el boletín que recién pegaba el rubio. Siendo sincera poco le importaba la impresión, y ahora pintaba para empezar a entablar una conversación de manera casual. Desprendió con cuidado de romper el papel de la pizarra, conservándolo un momento más antes de hablar: —¿Todas, todas? Podría conocer a alguien interesado. —Bastante interesado. Pero no creía encontrar una forma de decir que quizás necesitaba ayuda. Quizás. Quizás no. Su vocabulario no era muy amplio, su pronunciación podría ser mejor y todo aquello se lo había comentado con sutileza su madre, en el próximo encuentro quería sorprenderla con un dominio del idioma más prolijo. —Veamos… mi, ¡amiga!, sí, tiene un ligero problema con el inglés. Ella tiene un acento bastante notorio, además de esa extraña costumbre de traducir todo lo que pasa por su cabeza de un idioma a otro, sólo ocupo que charles conmigo, con ella más bien, ¡y eso es todo! Creo que lo llaman agilizar la mente, eso necesita. —Dios, ¿estaba a caso comprando una charla? Devolvió el volante nuevamente, emitiendo una risa muda. —Si consideras que es una situación bastante patética probablemente lo sea, le diré que se enfoque en otras cosas cómo, eh… El calentamiento global, finanzas, o lo que sea. En fin, ¿qué tal estás?, ¿muchos alumnos en tu aula? No lo dudaría, tienes aire de persona que posee mucha paciencia.
De una forma, continuaba sorprendiéndose cada vez que encontraba en el campus a la pelinegra. Había pasado un par de años escribiendo sobre sus trabajos, y sin saber mucho de ella y, de repente, la tenía allí, en la universidad y hablándole como si fuera una persona normal… Un momento. Era una persona normal, sólo que Tybalt la veía como uno de esos artistas inalcanzables, aquellos talentos que después están a la altura de Hirst. Inconscientemente, sus ojos se abrieron con una nota de sorpresa y cierta esperanza. ¿En verdad podría ayudarle? Era algo prometedor. Escuchó con atención lo que tenía por decirle y su ceño se frunció sutilmente, desconfiando de las palabras que salían de los gruesos labios de la rusa. --¿Tu amiga, uh?—repitió con la incredulidad bañando su tono de voz, sonriendo con ligereza al captar el error de parte de Suzanne, que descubría todo su engaño. Al final, una risa breve escapó de los labios del alemán. –Ya. No es una situación patética, la verdad. Es comprensible, de hecho,-- accedió con un asentimiento de su cabeza, antes de alzar los hombros. –En realidad eres la primera que se interesa. Es decir, tu amiga es la primera que se interesa,--se corrigió, por seguirle un poco el juego. --¿Mucha? No, qué va. Quizá tengo un poco más de la necesaria. La verdad es que no me gusta mucho esto de enseñar, pero… Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas,-- suspiró discretamente y apartó la mirada por unos cuantos segundos, antes de volverla a la de ella y a esos bonitos ojos color miel. –Si sólo vamos a conversar para que practiques no tienes que pagarme nada, ¿sabes? Hubiera bastado con pedir mi ayuda,-- llevó su mano al hombro femenino, dándole un suave apretón como para confirmar sus palabras. –Es lo menos que puedo hacer después de haberte molestado por días con preguntas y fotografías para tu reportaje. Me han dicho que puedo ser bastante molesto.--
Una carcajada inevitable y natural escapó de sus labios; adoraba cada arista del alemán, pues sabía que jamás dejaría de sorprenderlo. Sonrió cuando correspondió al sutil tacto que previamente proporcionó, sosteniendo esas ganas incontrolables de comérselo a besos ahí mismo en el pasillo. ¿Hace cuánto no hacía eso? Desde el cine, tal vez. Pero no contaba; quería hacerlo de verdad, con toda esa pasión que mantenía escondida. Su entrecejo se tensó con leve molestia cuando el otro europeo se negó a la ayuda que (bien sabía Christian) necesitaba. Permitió que su mirada color del cielo, recorriera el folleto extranjero que yacía entre sus manos: ¿clases? Sabía Francés, pero no le molestaría ver a Tybalt tiempo extra— De acuerdo. Entonces… Tomaré todas las clases, sí. Porque quiero verte más y porque no tengo idea de Alemán. Quiero saber cuando me estás insultando y todo eso —soltó con una oportuna nota bromista en su voz, aunque hablaba completamente en serio. Ya se las arreglaría para ayudarlo, pues Christian era terriblemente obstinado cuando algo se metía en su cabecita— Bueno, si tienes ganas ahora… No sé, podríamos ir al salón de música. Prefiero que las escuches, no que las leas. Es ligeramente menos patético, aunque sigue siendo igual de vergonzoso —admitió con la mirada gacha, mordisqueando el interior de su mejilla; siempre adquiría esa manía cuando los nervios revoloteaban por su estómago. No recordaba la última vez que había tocado para alguien más que no fuera él mismo.
Y es que no podía aceptar la ayuda de Christian, no de esa forma tan desinteresada en que el inglés la estaba dando. No le pedía nada a cambio, y eso, aunque conmovedor, era más de lo que Tybalt podía aceptar. Estaba acostumbrado a no aceptar favores, o de hacerlo, a pagarlos lo más pronto posible. Sin embargo, no sabía en qué momento podría pagar todo lo que Christian pudiera prestarle. Sí, estaba consciente de que él tenía dinero de sobra, pero al alemán no le gustaba abusar de la confianza que estaban depositando en él con la mejor de las voluntades. Dejó que el otro rubio tomara el folleto y observó su rostro con detenimiento, esperando por alguna reacción. Su corazón dio un salto y su cuerpo se llenó de gratitud al ver la convicción de la que el otro era objeto. ¿Hablaba en serio? --Chris...-- comenzó, pero no pudo continuar. Soltó un suspiro y sonrió muy a su pesar. --No tienes por qué hacerlo...-- humedeció sus labios y asintió, rendido. --Pero gracias,-- le dijo, alcanzando su mano y dándole un suave apretón. Claro que tenía tiempo de escucharlo. Ahora tenía curiosidad y quería saber qué era lo que había escrito durante su separación. --No es patético. Podemos ir ahora, si quieres, no tengo mucho que hacer,-- le dijo, soltando con cuidado su mano antes de señalar el pasillo, para que guiara el camino.
Se dirigió hacia el muro de anuncios ya que se le apetecía ver si había algo interesante, justo la semana pasada había encontrado a alguien estaba vendiendo ciertas cosas que le fueron de gran interés, aunque sólo compró una de ellas. Si bien, al muchacho no le faltaba dinero, procuraba gastar poco en caso de que hubiera alguna urgencia aunque de vez en cuando se dejaba de llevar por un par de guantes de boxeo o incluso alguna que otra ropa de deporte bastante cara, pero que le venía muy bien para todos los deportes que practicaba. Se paró frente al mural y notó entonces que un rubio estaba poniendo un anuncio allí, lo había visto un par de veces pero jamás habían tenido una charla del todo decente o que durara más de un par de minutos. Se acercó con los brazos cruzados para ver de qué tipo de anuncio se trataba y entonces se echó hacia atrás cuando el rubio se giró hasta él. —Hm… la verdad es que a un amigo no le vendrían mal clases de Historia. Es un verdadero asco en esa materia y tiene que rendirla si quiere titularse de su carrera. —Comentó, sacando su móvil del bolsillo para luego buscar un contacto en particular. Le tomó una foto al anuncio y se la envió a su amigo anteriormente nombrado—. Le he enviado la foto, así que si está interesado, seguro que va a llamarte. —Se encogió de hombros y luego negó con la cabeza, él realmente no necesitaba ayuda con nadie y aunque siempre había estado interesado en aprender otros idiomas, ya tenía suficiente con saber inglés y español, también manejaba un poco el francés, pero no demasiado y tampoco iba a necesitarlo—. No te preocupes, soy experto en química. Estoy especializándome en eso, y no, no necesito ayuda.
Enarcó las cejas con cierta duda al ver al otro chico tomándole una fotografía al cartel que acababa de colocar en el tablón de anuncios. Oh, eso eran buenas noticias. --¿En serio? Bueno, entonces puedes convencerlo a que las tome,-- incitó con una diplomática sonrisa en sus facciones. --Gracias,-- añadió con un asentimiento de cabeza, porque si bien era bastante orgulloso, también sabía agradecer cuando era necesario. --Experto, ¿uh? ¿Qué estudias?-- preguntó con una nota de curiosidad. Quizá quién sí necesitaba un poco de clases al respecto era él. Aunque tampoco era una materia que fuese a necesitar en un futuro cercano (ni lejano, ya que estaba con eso). --Supongo que si te estás especializando, es una ayuda no necesitada,-- concedió, soltando un suspiro breve. --Admiro mucho a las personas que estudian eso. Nunca he sido bueno en química ni... en cosas que necesiten de fórmulas. Tengo una excelente memoria, pero cada vez que se relaciona con eso, parece que mi mente se desconecta.--
tobesregbo:
I’m familiar with feeling adrift and with being let down by a brother I loved.
Dauphin Francis + my emotions
King perfect hair [2/..]