Te veo justo frente a mí.
Tan imponente. Tan impecable.
Tu cabello cae liso, suave, enmarcando la precisión casi absurda de tus facciones. Me detengo en la simetría de tu rostro para admirarla como si fuera una obra de arte. Pero tus ojos… oh, tus ojos… hay una profundidad ahí que siempre me abruma.
Mi mirada baja lentamente hasta tus labios.
Los recuerdo demasiado bien.
Hay un calor que empieza en mi pecho. Un ardor profundo que crece con cada segundo que paso observándote. Es una sensación peligrosa, que empuja mi cuerpo hacia el tuyo.
Mi mano encuentra tu rostro como si siempre hubiera pertenecido ahí. Tus mejillas, bajo mis dedos, están tibias… suaves. Mi pulgar se desliza lentamente por la línea de tu mandíbula mientras me acerco.
Es un beso cargado de ausencia, de todos los días en que esos labios no estuvieron con los míos. Tu respiración se mezcla con la mía, y todo pierde nitidez.
Mis dedos se hunden en tu cabello, recorriendo su suavidad mientras te acerco más a mí.
El beso se vuelve más profundo.
Tu calor atraviesa la tela de tu ropa y mi cuerpo comienza a responder. Mis manos encuentran tu espalda, dibujando caminos lentos en los que me niego a detener. Tu cercanía despierta cada centímetro de mi piel.
Sentimos electricidad en el aire.
Una tensión intensa y dulce que crece con cada segundo.
Tu frente roza la mía por un instante y siento tu respiración contra mis labios, cálida, entrecortada. Vuelvo a besarte porque, cariño, tus labios son inevitables… como si algo dentro de mí hubiera esperado demasiado tiempo este momento.
Al calor de tu cuerpo contra el mío.
Y por un instante el tiempo deja de existir. Todo se vuelve intensidad pura. Un vértigo suave que me recorre desde el pecho hasta la punta de los dedos.
Me acerco más, la distancia entre nosotros es intolerable.
Te beso otra vez. Más lento esta vez, pero con tanta profundidad que me roba el aire. Como si mi existencia entera estuviera hecha para este momento.
Mis manos suben por tu espalda, sintiendo la firmeza de tu cuerpo bajo mis dedos, deteniéndose un instante para memorizar cada forma.
Siento cómo tu pecho se eleva contra el mío mientras nuestras bocas vuelven a encontrarse. Nuestro magnetismo desestabiliza la gravedad.
El calor entre nosotros ya no es solo una sensación.
Mis dedos vuelven a tu cabello, se pierden en él, tirando apenas lo suficiente para que tu rostro vuelva hacia el mío. Y cuando tus ojos se encuentran con los míos, por un segundo todo se detiene otra vez.
Te beso de nuevo, y esta vez el mundo desaparece por completo.
Solo la presión de tus labios, el calor de tu cuerpo, la forma en que nuestras respiraciones se fusionan hasta volverse una sola.
Esa certeza de que, cuando estás tan cerca de mí,
todo lo demás deja de existir.