Y en todo esto, ¿dónde quedan los hombres?
Ya sabemos que esto todos se lo están preguntando: “¿pero y nosotros los hombres qué? Nosotros también sufrimos violencia, también somos asesinados, también somos víctimas, y no todos somos malos”. Pero hoy, 25 de Noviembre, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Sin embargo, aunque lo obvio sería hablar sobre ese tema en este día, puesto que ya lo he comentado anteriormente en este espacio (ver "Hoy tengo algo que decir” y "Violencia de género y acoso laboral”), me permitiré salirme del guión y compartir con ustedes lo que a mi parecer, es una de las causas de que exista, en primer lugar, la violencia de género: el patriarcado y el machismo que afectan, no sólo a las mujeres, sino también a los hombres.
Aguanten conmigo por que creo que esto les interesará. Así es, en este día quisiera enfocarme tanto en ELLOS como en ELLAS.
En términos generales, el patriarcado es la manifestación e institucionalización del dominio masculino y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general, motivado o acrecentado por concepciones o ideologías políticas, sexuales, económicas y religiosas que han impactado profundamente la cultura en la que vivimos. En pocas palabras: históricamente, los varones asumieron el liderazgo sobre las cuestiones políticas, familiares, sociales y económicas del mundo (el mundo hecho por hombres para hombres), pero por desgracia esa concepción del mundo continúa imperando aún hoy.
Lo anterior se manifiesta en el día a día en esos estereotipos o roles de género que se nos imponen desde pequeños: por un lado a las mujeres nos enseñan y nos educan para ser sumisas, obedientes, y atentas al querer y deseo del hombre haciéndonos creer que nuestra única y verdadera plenitud la encontraremos en el matrimonio y la maternidad. A ellos, por el contrario, les enseñan y educan para ser los proveedores del hogar, los fuertes, los inamovibles, los protectores, exitosos en los negocios, etc. Todo lo anterior, atendiendo a la “naturaleza” de uno y otro género, y la supuesta “vocación” que cada uno tiene que cumplir en la sociedad.
Todo ello genera machismo, que es la concepción de que el hombre es superior a la mujer (claro, si el hombre es el fuerte y dueño de sí mismo, y la mujer la vulnerable y voluble, entonces la naturaleza del hombre es proteger a la mujer pues por sí sola no puede valerse, volviéndola inferior o dependiente de aquél).
Al efecto, un estudio realizado por el Centro de Estudios de la Mujer de la UNAM (”La percepción de la violencia de género en los jóvenes universitarios”), señaló que el sistema patriarcal ha ocasionado la normalización o naturalización de la violencia como parte de los roles y conductas esperadas tanto en hombres como en mujeres (se espera de los hombres que sean agresivos, competitivos, inteligentes, fuertes y que mantengan a su familia, mientras que de las mujeres se espera que sean maternales y necesitadas de protección, etc). Si a ello sumamos que a los hombres los educan para ser siempre fuertes, no mostrar sus sentimientos ni emociones, evitar conductas que los hagan ver “maricones” o “mandilones” y se utilizan contra ellos frases que denotan machismo tales como “no seas nena”, “sólo las niñas lloran”, “el rosa es de niñas”, “corres/gritas/juegas como niña”, “ya pareces vieja”, y un largo etcétera, entonces ¿cómo no esperar que esos jóvenes perpetúen y hasta fomenten en sus relaciones laborales, familiares y sociales, ese patriarcado y machismo que tanto buscamos combatir en este día?
Las mujeres vivimos atrapadas por estos estereotipos, pero los hombres también son esclavos de ellos. Son esclavos de esa construcción social que es la ‘masculinidad’ que tanto les apura demostrar, son esclavos de que los consideren menos hombres si muestran su humanidad o vulnerabilidad propias de ser humano; son esclavos de una sociedad que cuestiona su lugar o su utilidad en el mundo si se “doblegan” ante una mujer”, o si una mujer “puede más” que ellos, o si no pierden su virginidad a temprana edad, o sin son ‘demasiado’ sensibles, etc.
En mi muy humilde opinión (se vale discrepar), me parece que si queremos acabar con la violencia contra la mujer, necesitamos atender también a las causas que la generan o fomentan.
Ahora bien, no digo que por lo anterior se deba eximir o condonar a los hombres de su responsabilidad como agentes o perpetradores de la violencia que sufrimos las mujeres día con día, en todas sus manifestaciones (sexual, psicológica, patrimonial, laboral, etc). Al contrario, lo que pretendo con este post es generar visibilidad sobre una de las causas de la violencia de género.
Por lo tanto, y me gustaría que con esto se quedaran: es obligación de cada uno, hombres y mujeres, interiorizar, cuestionar, y en su caso transformar nuestro sistema de creencias, para vivir por convicción, no porque “así me educaron” o “es el deber ser que me enseñaron”. Y, por consiguiente, es obligación de todos liberarnos de los estereotipos de género, sistemas patriarcales, y el machismo cultural, que nos esclavizan, lastiman y ahogan a todos.
Tú, cómo hombre, no tengas miedo de analizar tu pensar y actuar, y descubrir cuál es tu responsabilidad en la violencia contra las mujeres (¿juegas un rol activo? ¿un rol pasivo o de omisión? ¿por qué? ¿qué creencias te llevan a actuar de esa forma?). Lo primero y más importante es darnos cuenta para entonces asumir nuestra responsabilidad y poder transformarnos desde dentro para que cambie nuestro entorno.
Sin ti no podemos combatir y erradicar la violencia contra las mujeres.
“Una visión feminista del mundo permitirá que mujeres y hombres liberen sus mentes del pensamiento patriarcal y finalmente construyan un mundo libre de dominaciones y jerarquías, un mundo que sea verdaderamente humano.”
La creación del Patriarcado, Gerda Lerner (1920-2013)
Para más información sobre este día, puedes visitar: ONU Mujeres, ONU Mujeres México, Instituto Nacional de las Mujeres.
*Nota: Ser una mujer enfocada al hogar y atenta al querer de la pareja, o ser autónoma, independiente y buscar la plenitud lejos del matrimonio y la maternidad; o bien, ser un hombre que se desarrolla en el ámbito profesional sin involucrarse en el hogar, o viceversa, no son en ningún caso y para nadie, algo bueno o idóneo, o algo malo y reprochable, siempre y cuando sea eso lo que a cada uno le hará feliz y lo viva por que quiere, no porque debe.