Su ruptura era reciente y Suki estaba convencida de que se pasaría meses, quizás años, resentida de su ex. Nate había aparecido cómo una distracción y había pasado a ser una muy grata compañía, sabiendo hacerla reír hasta atraves del teléfono. La sonrisa se le ensancha al cruzar la mirada con él y volver al teléfono. Sabía que terminaría encontrándose con él y que pensaría en eso hasta que suceda. Comienza a tipear algo al respecto cuando una de sus amigas le llama la atención, señalando al producto de todas las crisis que había tenido en los últimos meses. Le habían asegurado que no iría, por eso había aceptado ir, y para poder ver a Nate aunque sea a escondidas. Toda su postura cambia, su mandíbula se tensa, clavando los ojos en su exnovio, para correrlos antes de que éste lo note. No quiere darle con el gusto. Suspira y vuelve la mirada al teléfono, no quiere que el cobrizo sepa que aquella presencia aún la afecta. “¿Porque tú tendrías más celos o porque sabes que destruiría a cualquier chica que se te acerque?” bromea, además de que aquella nueva presencia le ha hecho perder todo valor. “Encontraré una excusa, siempre lo hago. No veo la hora de que canten el cumpleaños para poder salir de aquí” ahí sí que no miente, no sabe cuanto tiempo podrá soportar ahí sin que todo explote.
Noto claramente como la chica le cambio el semblante, tenía esa facilidad de leerla aunque sea a la distancia. El chico en cuestión era su mejor amigo, también habían crecido juntos y a pesar de todo eso no podía evitar sentir que el no deberia estar ahi. “No pense que serias tan protectora, eso me gusta.” Dijo tratando de mantener el mismo ánimo pero ya era casi imposible, todo se había convertido en un ambiente pesado. Iba a leer el último mensaje pero vio que su amigo comenzar a acercarse a ella por lo que se puso en frente “Hombre, vamos por las chicas de allá.” Dijo tratando de sonar lo más tranquilo.