Casey Deidrick in Homesick (2019―)
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Casey Deidrick in Homesick (2019―)
I’ll be right back
sutton foster and nico tortorella in ‘younger’
✄ ❝I do not get drunk-- I get awesome❞.
cheargentinxs:
Joder Laia. No le daba tiempo de arrepentirse ni pensar, eran dos cuerpos inflamables haciendo contacto luego de tanto tiempo. Emanaban pura pasión y pecado, y lo querían lo más rápido posible antes que las agujas del reloj marcaran la salida. Solo era cuestión de horas para que sus vidas retomaran el rumbo que tenían antes de su primer encuentro; él volvería a trabajar más de ocho horas para mantener a una hija y ella seguiría con planes de casamientos. Claro, que no sabían esos secretos uno del otro y era aquello lo que los hacía especial.
Sus manos bajaron por el torso, apretando levemente todo su cuerpo allí donde podía mientras el beso se extendía entre jadeos y mordiscos. Dejo quitarse la camiseta, y si hubiera podido desnudarse en un segundo lo hubiera hecho, Laia lo hacía querer pausar y acelerar el tiempo al mismo momento. Sus palabras lo excitaron más, saber que ella pasaba por lo mismo era exquisito; pero en ese momento no se arrepentía de nada. Todo estaba perfecto tal como estaba en ese instante. La alzó por unos segundos antes de volcarla (lo más liviano posible) sobre la cama, sus manos ya piel con piel, debajo de aquel vestidito de verano que tan fácil era de levantar. Su tela era apenas como un papel, se podía adivinar la silueta por debajo de ella, pero descubría en ese momento que no había nada tan suave y cálida como la piel de Laia.
Ya en la cama, él se acomodó sobre ella apenas habiendo cortado los besos que pasaban de los labios al cuello. La mano que no mantenía el peso del hombre se encontraba acariciando el costado del cuerpo de la catalana mientras que en la confusión sus muslos rozaban contra las piernas de ella. —E-estas segura de esto.— Había sido con intención de pregunta su interrupción fugaz, creada por la duda de que estuviera realmente pasando—. ¿Lo estás? —reforzó, esta vez en forma de pregunta.
Se acabó, se acabó el pensar en todo. Era hora de actuar, de vivir el presente y olvidarse tanto del pasado como del futuro. Se necesitaban el uno al otro, sus cuerpos exigían desesperados el contacto. Y aunque ella sabía que quería aquello y que no se arrepentiría jamás, prefería no darle más vueltas, pues siempre podría aparecer algun pero de último momento.
La rubia no opuso resistencia al cambio de postura, más bien lo contrario, se acomodó en la cama y tiró de él, no queriendo que estuviera lejos de ella por mucho tiempo. Le molestaba el vestido, le molestaba toda la ropa que impedía un contacto fiel entre ambas pieles. Ladeó la cabeza, jadeante, permitiéndole un total acceso a su cuello y mientras que una de sus manos se entretenía a delinear sus tatuajes, la otra buscaba el cinturón del argentino, con claras intenciones de deshacerse de tan molesto accesorio.
Una ceja se arqueó en su rostro, realmente confusa ante la pregunta, ¿acabo había mostrado duda en algún momento? Joder, no. Aprovechando el momento, le obligó a rodar y se colocó ella encima, sentándose casualmente sobre sus genitales. Con una mano en el pecho del hombre y la otra aguantando la propia melena, curvó una pícara sonrisa: —¿De verdad te parece que yo tenga dudas? —por si acaso, y para reafirmar sus palabras, alzó el trasero lo justo para quitarse el vestido y tirarlo a cualquier sitio, tampoco es que le importara demasiado. Se inclinó sobre él, dejando ambas manos sobre los hombros de su presa. —Siento que tengas que trabajar, Cristian... Pero, a no ser que tú no quieras esto, no te pienso dejar ir. —susurró, prácticamente a su oído, para después morder el lóbulo de su oreja con suavidad. ¿Para qué andarse con rodeos?
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Shantel VanSanten
Rebola
cheargentinxs:
Hacía tiempo que no la pasaba tan bien en una discoteca y ni decir desde hacía cuanto que no jugueteaba con un hombre de esa forma. Eloi la hacía sentir segura de una forma que podía agacharse completamente, en una forma totalmente vulnerable, sin pensarlo dos veces. Era consciente de lo que pasaría si refregaba su trasero contra el cuerpo del hombre, pero lo quería, quería calentarlo y disfrutar de su cuerpo. —Pensé que no te lo querías perder…—jadeó mordiéndose el labio. Se había dejado hacer, pero devolviendole la mirada se despegó un poco de él; como único contacto físico dejó una de sus manos sobre el pecho. Y ya jugando con fuego, comenzó a menear hacia abajo de forma lenta.
Eloi hacía mucho tiempo que no se veía en una situación similar con una persona del sexo opuesto, después del susto que se llevó tras su última conquista, se había dado un tiempo con las mujeres. Claro que su hermana había empujado a la argentina a su vida y aunque en un principio no contaba con que sucediera nada, ahí estaba él, en el centro de la pista de baile con una terrible erección. Ella era puro fuego, su melena era una justa advertencia y él no hacía más que quemarse. —Victoria... —siseó, reprimiendo las ganas que tenía de ser él quien le mordiera el labio. Una mirada lasciva siguió el peligroso descenso de la mujer y antes de que ésta pudiera tocar el suelo, él la había vuelto a alzar y a pegar a su cuerpo, obligándola a sentir como le había puesto. —No juegues conmigo, mujer. —reclamó, acercándose peligrosamente a sus labios, pero sin llegar a besarla. No lo haría sin tener claro que aquello era algo más que un estúpido juego de discoteca.
Bola
cheargentinxs:
Le veía desde arriba, ella prácticamente sobre sus rodillas, y poco quedaba para la imaginación de Cristian. Lo envolvía en su sensualidad como desde el primer día y ahora ya no tenía escapatoria. La encontraba hermosa y excitante aún sin esforzándose tanto en aprender a perrear, pero esa noche había desbloqueado un nuevo nivel de éxtasis.
La mano ajena y sus palabras lo volvieron loco, emitió un gemido ahogado y ya era evidente para ambos que el baile había afectado de sobremanera al argentino. Su miembro se encontraba cada vez más duro y hasta algo tan liviano como el traje de baño comenzaba a estorbar.—Pero te olvidás de algo. —amenazó y la besó con furia. Olvidándose de la tercera implicada y de la fiesta entera. La quería ahora y tenía derecho a reclamar todo el tiempo que quisiera con ella antes de que se le esfumara.
Puede que al final la rubia no fuera del todo consciente del efecto que estaba teniendo en el argentino. ¿Quería excitarlo? Sí. ¿Ponerle celoso? Tal vez. Desde luego lo que buscaba era provocarlo, necesitaba ver sus reacciones.
Aquel era un movimiento muy típico en las discotecas de la ciudad condal, aunque no siempre era necesario tomar las manos de la persona víctima de éste o sacar la lengua justo a la altura del paquete del hombre. Curvó una pícara sonrisa, satisfecha al escuchar la amenaza y antes de tener tiempo a responder, ya lo tenía encima. Aquel beso, la furia de éste, la volvió loca y provocó algo así como una descarga eléctrica por todo su cuerpo, algo que la ayudó a olvidarse de los demás. Le necesitaba, a todo él, ya. Quería sus manos recorriendo su cuerpo mientras la besaba, pero antes debían dar con un lugar propicio.
Bola
cheargentinxs:
La recibió con una sonrisa, cara a cara era más difícil no besarla. La carita de niña buena había sido reemplazada por una de mujer ardiente, dispuesta a tenerlo bajo su zapato. Relamió sus propios labios, tratando de retener algo de los de Laia.—Te traje acá, merezco mucho y lo sabés.—Su mirada se perdía en la de ella, bajando hacia sus labios y de vuelta a los ojos, mientras su cuerpo seguía subiendo y bajando. Los tres cuerpos se hacían uno al compás entre el sudor y el calor.
Discretamente coló un dedo debajo de la braga de la bikini, por el costado de su figura, y como un gancho tiró un poco.—Ya podríamos irnos, también.—comentó con una sonrisa boba, disfrutando de la expresión de la catalana. Esos tres, o mejor dicho, ellos dos, comenzaban a hacer todo un show en la joda y Cris no estaba en condiciones para ser visto por todos sus amigos.
La rubia mostró su más pícara sonrisa, ya había dicho más de una vez, desde que había puesto los pies en Argentina, que no era una niña buena o una princesa en apuros, no siempre al menos. Le gustaba tener el control y le gustaba tenerlo a él. —Te concederé que gracias a ti, he conocido a Fer. —se volteó unos segundos para lanzar un beso a la morena, quien parecía disimular lo inmersa que estaba en su conversación.
La rubia se mordió el labio y sin dejar de bailar, se hizo con las manos del argentino, usándolo para su próximo movimiento: agacharse súbitamente, abrir las piernas y ponerse en pie muy despacito, sensualmente, restregando así el trasero en pompa con la argentina. Tiró de él, pegándola a ella y dejó escapar una carcajada, asintiendo. —Podríamos irnos, sí... Parece que necesitas cuidados intensivos... —susurró, buscando que solo la escuchara él, mientras rozaba "accidentalmente" su zona sensible con el dorso de la mano ahora libre.
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cheargentinxs:
No lo había hecho por miedo, lo paralizaba siempre en los momentos más cruciales porque no quería saber que iría a pasar luego de besarla, de dejar que la pasión los despojara de toda amistad. Laia terminaría yéndose, lejos. Realmente lejos. Y después de tantos días juntos su relación no sería de simples desconocidos teniendo sexo. No buscaba una relación formal pero tampoco mujeres de una noche, ya no le divertía despertarse con extrañas en la cama. ¿Que esperaba Laia? Había mucho que no sabían uno del otro, y ella probablemente no entendería que por el momento Cris quería tener en su corazón solo a su hija. Su pequeña beba que en ese momento estaba viajando a Bs As de vuelta y con suerte tendría la posibilidad de volver a verla aquella misma mañana.
No sería la primera vez que trabajara amanecido pero agradecía internamente la preocupación de la muchacha. Era con ella que quería estar sin preocuparse por el trabajo en un par de horas, tenía planeado descansar un poco en el sillón una vez que ella se acomodara y durmiera. El alcohol en su cuerpo no le preocupaba tanto como el motivo que le había conducido a ir a aquel karaoke del infierno. ¿Qué había pasado en el día que no habían estado juntos?¿Tenía él derecho a saber?
La catalana se aseguró de cambiar todos los planes y, sobretodo, de quitar todo pensamiento racional de la cabeza de Cristian. Su beso era ansiado pero inesperado, más no tardó en corresponderlo. Al principio fue lento, tanteando uno y el otro los labios ajenos; pero su conexión exigía más, ellos dos no eran así de calmos. Tomó su cabeza entre las manos para profundizar el beso, apasionado, caluroso a pesar del aire frío que los envolvía. No se podría detener ahora, no si era eso lo que Laia quería. Dejar de disfrazar lo que ambos querían desde prácticamente la primera vez que se habían visto o de seguro desde la primera vez que habían estado en una pista de baile, sus cuerpos tan pegados como ese momento.
No quería pensar en nada, estaba cansada de hacerlo. Uno de los principales motivos de aquella escapada había sido precisamente ese: odiaba saber a ciencia cierta lo que iba a ocurrir en sus próximos veinte años de vida. Quería pasión, aventura, diversión... Y algo de amor, de ese genuino amor de secundaria, no ese tóxico que le profesaba su ex prometido. Quería vivir. Era joven, aún. Quería bailar, conocer gente nueva, experimentar... Ya vendrían más tarde las responsabilidades y los compromisos. No quería ser una pieza más de una cadena de montaje. Y Cristian la había ayudado a cumplir todos sus deseos en muy poco tiempo, casi con un chasquido de dedos, de la forma más natural...
No buscaba amor eterno, no quería compromisos. No se había enamorado del argentino, pero sí existía ese sentimiento totalmente platónico hacia él. Le admiraba, a él y a su forma de vida. Él la ayudaría a pasar página, luego volvería a Barcelona y trataría de enderezar su vida o bien volvería a Barcelona y se haría a la idea de que esa era su vida, la real, en la que tenía un cabrón por prometido, porque lo de ex no le duraría mucho.
En cuanto sintió como él la correspondía, se dejó llevar por la rabia causada por sus propios pensamientos. No quería que fuera gentil, no se iba a romper. Llevó una mano a su nuca mientras que coló la otra por su camiseta, sabía muy bien lo que quería de él, lo que necesitaba. Por eso mismo tiró de él, retrocediendo sobre sus pasos hasta chocar con la cama. —Si lo llego a saber, lo hubiera hecho mucho antes... —jadeó tras romper el beso, no permitiéndole pensar demasiado antes de quitarle la camiseta y volver a besarlo. Había fantaseado más de una noche con aquella misma escena y la expectación de vivirlo en carne y hueso la corroía por dentro.