The speed of jazz music, 50s-60s, by Francine Winham
The trumpeter in the third image is jazz legend Cootie Williams 🔥

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@unluckysamo13
The speed of jazz music, 50s-60s, by Francine Winham
The trumpeter in the third image is jazz legend Cootie Williams 🔥
'Cambié de trabajo y de ciudades, odiaba las vacaciones, los bebés, la historia, los periódicos, los museos, el matrimonio, las series, las arañas, los basureros, los acentos ingleses, España, Francia, Italia, las nueces y el color naranja. El álgebra me cabreaba, la ópera me enfermaba, Charlie Chaplin era un falso y las flores eran para maricones.
La paz y la felicidad para mí eran señales de inferioridad, inquilinos de los débiles y aturdidos mentes.
Pero a medida que seguía con mis peleas callejeras, mis años suicidas, mi paso a través de cualquier número de mujeres, gradualmente empecé a sentir que yo no era diferente a los demás, yo era igual.
Todos estaban llenos de odio, cubiertos con pequeñas quejas, los hombres con los que peleaba en los callejones tenían corazones de piedra. Todos estaban empujando, avanzando, haciendo trampa para alguna ventaja insignificante, la mentira era la arma y la trama estaba vacía, la oscuridad era la dictadora.
Cautelosamente, me permití sentirme bien a veces. Encontré momentos de paz en habitaciones baratas solo mirando los pomos de algún tocador o escuchando la lluvia en la oscuridad. Cuanto menos necesitaba mejor me sentía.
Tal vez la otra vida me había desgastado. Ya no encontraba glamour en superar a alguien en una conversación. o en montar el cuerpo de alguna pobre mujer borracha cuya vida se había escapaba hacia la tristeza.
Nunca pude aceptar la vida como era, nunca pude tragar todos sus venenos pero había partes, partes mágicas tenues abiertas para el pedido.
Reformulé no sé cuándo, fecha, hora, todo eso pero el cambio ocurrió. Algo en mí se relajó, se suavizó. ya no tenía que probar mi hombría, no tenía que probar nada.
Empecé a ver cosas: tazas de café alineadas detrás de un mostrador en un café. o un perro caminando por una acera. o la forma en que el ratón sobre la parte superior de mi tocador se detuvo allí con su cuerpo, sus orejas, su nariz, estaba fijo, un poco de vida atrapado en sí mismo y sus ojos me miraban y eran bellos y después se fue.
Empecé a sentirme bien, empecé a sentirme bien en las peores situaciones y había muchas de esas, el jefe detrás de su escritorio, va a tener que despedirme.
He perdido demasiados días. está vestido con un traje, corbata, gafas, dice: "Voy a tener que despedirte"
"Está bien", le digo a él.
Debe hacer lo que él debe hacer, tiene una esposa, una casa, hijos, gastos, muy probablemente una novia.
Lo siento por él está atrapado.
Salgo al sol abrasador. Todo el día es mío temporalmente, de todos modos.
(todo el mundo está en la garganta del mundo, todos se sienten cabreados, estafados, engañados, todos están desanimados, desilusionados)
Di la bienvenida a los disparos de paz, fragmentos destrozados de felicidad.
Abrí esos brazos como el número más caliente, como tacones altos, senos, canto, el trabajo.
(no me malinterpreten, existe algo así como el optimismo desmesurado que pasa por alto todos los problemas básicos solo por el bien de sí mismo - esto es un escudo y una enfermedad.)
El cuchillo se acercó a mi garganta otra vez, casi abro el gas otra vez pero cuando los buenos momentos llegaron otra vez no los combatí como un callejón adversario. Dejé que me llevaran, disfruté de ellos, los di la bienvenida a casa. Incluso miré dentro del espejo una vez que pensé que era horrible, ahora me gustaba lo que veía, casi guapo, sí, un poco roto y desgarrado, cicatrices, bultos, giros extraños, pero en general, no tan mal, casi guapo, mejor al menos que algunas de esas caras de estrellas de cine como las mejillas del culo de un bebé.
y finalmente descubrí sentimientos reales de otros, no anunciados, como últimamente, como esta mañana, cuando me iba, para la pista, vi a mi mujer en la cama, solo la forma de su cabeza allí (sin olvidar siglos de los vivos y los muertos y los moribundos, las pirámides, Mozart muerto pero su música todavía allí en la habitación, malezas creciendo, la tierra girando, el tablero de resultados esperándome) vi la forma de la cabeza de mi esposa, tan quieta, me dolía su vida, simplemente estar allí debajo de la mantas.
La besé en la frente, bajé por la escalera, salí, subí a mi maravilloso coche, ajusté el cinturón de seguridad, retrocedí la unidad. sintiendo calor hasta las yemas de los dedos, hasta mi pie en el acelerador pedal, entré al mundo una vez más, bajé la colina pasando las casas llenas y vacías de gente, vi al cartero, toqué el claxon, me saludó y yo también a él'.
Deja que te envuelva, Bukowski
“Me da vértigo el punto muerto… y la marcha atrás, vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sin sentido, parado frente al mar mientras el mundo gira.”
— Fragmento del poema Ideario, de Francisco M.Ortega Palomares (via inviernosrotos)
selections from 'the daros suite of 32 drawings,' acrylic, oil paintstick, pastel, crayon, charcoal, and pencil on paper, 57 x 76.5 cm; jean michel basquiat, american c. 1982-83.
Estoy casi tan roto como los huesos de mi mano
y lo peor es que llevaba más de un año pensando que ya no.
Todo el miedo y la tristeza del que huía me ha encontrado. Encerrado en este peñón de rocas he vivido en casas que olían a mi hogar y reconozco lugares aquí que ya no me conocen.
He vivido decenas de vidas que no son la mía y mis labios han besado otros labios que mienten y sonríen después de decir te quiero.
Estoy tan roto como los huesitos de mi mano y el problema es que eran muchos como para que se soldasen con el tiempo.
Y no sirve de nada buscar las piezas rotas después de tanto tiempo porque ya no encajan donde iban antes.
Los huecos no los llenarás tú, ni ella, esta vez los llenaré yo, con la paciencia que merezco, escribiendo cada paso, por si alguna vez olvido, (de nuevo) quien soy.
silk textile fragment, overall: 30.5 x 30.5 cm; japan c. 1800.
Carta a mis hijas:
Viaja, viaja sin descanso. Viaja sola y acompañada, en familia y enamorada (no existe nada mejor) viaja con amigos y también —por qué no, con un amante, viaja en primera pero también en apestosos trenes regionales. Tienes que conocer La Mamounia y ver caer el atardecer en la terraza del Fortuny, con un Bellini en la mano (yo me encargaré de esto). Viajar es la única cura (bueno, y unos cuantos libros) que he conocido contra la estupidez.
No acumules trastos, no tengas dos armarios, no pierdas el tiempo soñando con un vestidor. Sólo son cosas, no te definen. Y quizá esta sea la lección más difícil de aprender (a mi me costó toda una vida). Las cosas sólo son cosas: no tengas miedo a deshacerte de ellas, a lo único que has de tener miedo es a no acumular calambres.
No te midas, no dejes cosas por decir, saca la mierda —ya— de la alfombra. Aún no lo ves, pero la vida es jodidamente corta, un día medirás tu vida por las cosas que no hiciste. Ojalá te salgan las cuentas.
Paga tus deudas, aprende a decir no (es lo que diferencia a un tarugo de un Rey) recuerda siempre que nadie te debe nada. Sé fiel. A tu pareja, a tus valores, a tu gente y (también) a ti misma. Esa fidelidad inquebrantable es la única vía que yo he conocido para dormir bien por las noches. Y qué placer, qué importante es dormir bien por las noches.
Lo de la sangre —por mucho que a tu padre le fascine El Padrino, es una soberana gilipollez. Tu familia es tu gente, y tu gente son los que se partirían la cara por ti, en cualquier situación. Nada vale tanto como un buen amigo. Nada.
Bebe vino, aprende a comer, cocina para otros. ..
Dedica tu vida a los animales. Cada minuto perdido con ellos valdrá un millón de veces más que muchas de las personas que habitarán tus días.
Es inevitable: la música será tu vida. Escucha lo que sea que escuches —no hagas caso a los carcas, pero haz hueco para Chet Baker, Coltrane, Morricone, Dylan, Miles Davis, Mozart y los Smiths. No hagas puto caso a los infelices que te digan (lo harán, créeme) que no hay que escuchar esto o lo otro. Si te emociona, me sirve.
El cine, el cine —ya lo sabes, fue el mejor diván que pudo tener tu padre: una sala oscura, el silencio, unos títulos de crédito. Las veremos juntos, pero aquí te dejo una letanía: Rojo, Amour, La última noche, Cuentos de la luna pálida de agosto, Chihiro, El Gatopardo, Fresas Salvajes, Nelly y el sr. Arnaud, Los Puentes de Madison, Dublineses, Hannah y sus hermanas, Dersu Uzala, El Río, Tierras de Penumbra, Big Fish, todo Wilder, todo Hitchcock, todo Pixar, todo Buñuel, todo Erice, todo Kubrick. Y claro, aquella pequeña obsesión de tu viejo.
Escribe, escribe sin descanso. No esperes un tema, ni una excusa ni un trabajo: sencillamente escribe. Créeme, todo es más fácil cuando lo ves sobre el papel. Lee hasta que se te caigan los párpados, no lo dejes cuando la vida te reclame horarios (lo hacen tantos…) que leer no sea un recuerdo de tu juventud, que sea una necesidad, una sed: No hay otro camino, y nunca lo hubo.
No es lo que miras, es cómo lo miras. Aprende a mirar. Y a mirar se aprende mirando: exposiciones, calles, vidas, cafés, lienzos, amaneceres y portazos. Un pequeño truco: cuatro ojos ven más que dos.
Aprende a sobrevivir («Quien resiste, gana» en la tumba de Cela) pero que nunca sea suficiente: has de vivir.
Te van a hacer daño (es inevitable) pero te levantarás. Yo estaré ahí, ayudándote un millón de veces. No pretendo que no caigas, tan sólo que aprendas una lección —por pequeña que sea, tras cada caída. Esas lecciones serán tu tesoro.
Date entera.
Y por lo que más quieras, nunca te vendas.
- Jesús Terrés en "No te vendas"
Rod Stewart e Britt Ekland by David Stee, 1976
Elliott Smith - “Between the Bars”
From the short film Lucky Three: An Elliott Smith Portrait (1997) directed by Jem Cohen
The Ama (sea women) are a group of japanese divers famous for collecting pearls.
Even in modern times, ama dive without scuba gear or air tanks, making them a traditional sort of free-diver.
ducks!!!!!
‘Katatsumori’ (1994) dir. Naomi Kawase
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