Apuntes sobre fentanilo. El origen.
¿Cómo es posible que, en unos pocos años, el fentanilo haya pasado de ser un medicamento altamente eficaz y seguro, así como de uso regular en la práctica quirúrgica en todo el mundo, en un "arma de de destrucción masiva"? Intento aquí algunas respuestas, por el momento, sobre el origen del fenómeno.
En primer lugar, lo obvio: el fentanilo es un medicamento controlado cuya eficacia en cirugías de corta duración es ampliamente reconocida, y valorada entre los profesionales de la anestesiología.
En el sistema internacional de control de drogas, al fentanilo se le cataloga como un medicamento esencial, lo significa que los Estados de todo el mundo tienen la obligación de evitar o limitar, su uso por fuera de la práctica médica profesional, pero también la de garantizar su disponibilidad para toda la población que lo necesite.
En general, todos los derivados del opio, sean de origen natural o fabricados a través de precursores químicos, son parte de esta clasificación, y el opio y sus derivados son la piedra angular de este sistema.
La historia de cómo llegó el fentanilo a causar un enorme problema de salud pública en los Estados Unidos es ahora relativamente conocida: la codicia y las tácticas comerciales de algunas farmacéuticas productoras de estos análogos no naturales del opio (OxyContin, Vicodin, Percocet, etc) aprovecharon un sistema de salud pública basado casi exclusivamente en la práctica y el lucro privados, mediante agresivas políticas de promoción de estos entre los profesionales de la medicina en ese país; quienes por su parte fueron laxos, por decir lo menos, para evaluar objetivamente su poder adictivo.
El resultado inmediato fue que a una inmensa cantidad de pacientes en los Estados Unidos se les prescribió estos medicamentos prácticamente sin límites, lo que los volvió dependientes severos en tiempos realmente cortos.
El fenómeno pronto hizo evidente que la supuesta inofensividad de los mismos no era tal, y que quienes comenzaron a usarlos en principio bajo prescripción médica, pronto comenzaron a demandarlos con mayor frecuencia y en mayor cantidad, hasta el grado que pueblos enteros se volcaron a venderlos en masa (el famoso Pill Mill en Florida, por ejemplo). Cuando la autoridad federal reconoció el fenómeno en términos de salud pública era ya demasiado tarde.
Como suele suceder, al primer error llevó al segundo: esa misma autoridad impuso nuevas restricciones muy efectivas al acceso... lo que de inmediato hizo crecer el análogo ilegal más cercano a ellos: le heroína.
El mercado de la heroína creció así de forma exponencial en los Estados Unidos, lo que produjo a su vez un boom en el cultivo de amapola en México, planta de la cual se obtiene la goma de opio.
Las sierras de Guerrero, de Oaxaca, de Durango, Sonora, Chihuahua y Sinaloa -principalmente, pero no las únicas- se poblaron de cultivos de amapola cuya goma era vendida a los cárteles del narcotráfico, quienes la transformaban en heroína, y con ésta comenzaron a satisfacer la demanda de emergencia que, ante la escasez, desesperadamente tenía la población estadounidense.
Lo que siguió a continuación fue una evolución lógica del mercado de la heroína: los cárteles entendieron pronto que el fentanilo es igualmente fácil de fabricar, pero mucho más barato, al no requerir de trabajo campesino ni de ciclos naturales de cultivo para satisfacer la demanda. Comenzaron así a experimentar, adulterando la heroína con fentanilo,algo que no parecía muy lógico en cuanto a la adulteración tradicional de sustancias (es decir, agregar otros productos para dar volumen y peso a las unidades de venta del mercado) ya que la nueva sustancia es tan potente que no tuvo esa función, sino que más bien se trató de ir sustituyendo una sustancia nueva en los mercados ilegales, por otra.
Como es conocido, esta transición cobró muchas muertes por sobredosis, lo que rápidamente contribuyó a su (mala) fama. Al cabo de pocos años, coo fuera, encontraron formas más seguras y redituables de vender fentanilo ya sin la heroína, y en unidades que disminuyeran en algo el riesgo de sobredosis mortal, con la ventaja adicional de crear un mercado cuyas dinámicas de consumo -y por lo tanto de compra y venta- se transformaran en algo muy distinto a los de la heroína tradicional. Pero eso requiere de una nueva entrada.
En posteriores entregas: naturaleza de la dependencia a opio y derivados, evolución del mercado, formas de administración, riesgos de sobredosificación, y alternativas.