Me dice sos mío y después me suelta. Me suelta justo donde yo quiero que me agarre.
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
i don't do bad sauce passes

JBB: An Artblog!
Claire Keane
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Game of Thrones Daily
styofa doing anything

No title available
$LAYYYTER

★

祝日 / Permanent Vacation
he wasn't even looking at me and he found me
noise dept.
almost home
Three Goblin Art
trying on a metaphor
todays bird
dirt enthusiast
🪼
cherry valley forever
seen from United States
seen from Germany

seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States

seen from Brazil

seen from China

seen from Singapore
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Argentina

seen from United States
seen from Australia

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
@valentinobruno
Me dice sos mío y después me suelta. Me suelta justo donde yo quiero que me agarre.
Conocer a Neus se sintió como el verano.
Como estar de vacaciones y con tiempo por delante.
Como acostarte en el pasto a mirar el cielo y sus formas.
Como el sol cuando te acaricia en una tarde de invierno.
Como llegar a la cima del cerro después de una caminata larga y exigida. Pero también se sintió como estar frente a la playa con un mar embravecido. Como las olas de Ecuador que crecían tanto que no podía ver la arena desde el mar: ese miedo profundo y visceral de que me podía tragar. De que podía hacer lo que quisiera conmigo. De que estaba a su merced -yo lo sabía y el mar también-. Como cuando la tormenta te agarra caminando de vuelta a casa y tenés que decidir entre correr -y mojarte igual- o asumir que vas a llegar empapado -y disfrutar-. El final es el mismo, lo distinto es el proceso. Si algo aprendí es que en estos casos, luchar no tiene sentido. En el mar si te agarra la ola, dejá que te arrastre a la orilla, a lo sumo tragas un poco de agua salada.
8-3-25 Te extraño, pero no lo escribo. Tampoco ya se lo digo a nadie. A vos menos que menos, porque estoy entre que no te importaría, no me creerías, me subestimarías y aparte, sería injusto de mi parte. Te extraño pero no lo escribo porque todavía tengo tu voz en mi cabeza diciendo que no escribo de vos. De tanto que lo dijiste se convirtió en ley por decreto. Extrañar supongo que es parte de hacer acuso del recibo. Hacerse cargo de la ausencia. Sentir la falta, el vacío.
7-3-25
Hace una semana que me titila el ojo. Hace dos que como sin parar. Las últimas noches pasé más tiempo dando vueltas en la cama que durmiendo. Empecé a bruxear, algo que nunca había hecho. Todo mi cuerpo está tenso. Tengo incontables sesiones con Paula en mi cabeza. Mi peor pesadilla: sólo hablo yo. Me resulta extraño que se haya convertido en un lugar en mi mente. No entiendo los hechos de mi vida en los últimos cinco años. Estoy en un limbo eterno. Tampoco entiendo lo que está pasando en el mundo pero me entristece. El 2018 fue el último año en que creí. Perder la fe -en algo, en lo que sea- es de las peores experiencias. Tiene cierta reminiscencia con el duelo por la muerte de mi abuela. No sé qué estoy duelando. Creer te da tranquilidad. Lo veo en las personas que creen. Te permite confiar en un destino, en una fuerza más contundente que la tuya. Me doy cuenta ahora que nunca estuve muy cómodo en mi propia piel.
Todo está en calma. Una calma tensa, apretada, asfixiante. Esa calma de verano de Lucrecia Martel. Es primero de enero del 2025 y el ruido del ventilador es la banda sonora de mi tarde. Me gusta la calma de los días post fiestas. El veinticinco fue mejor que el primero, pero igual lo disfruto. Creo que son los únicos dos días donde todos estamos exentos de ser productivos. Y me entrego. Miro tres películas: Saltburn (me gustó mucho), Challengers (un poco sobrevalorada), May December (buena e incómoda). Tomo coca zero, como papas fritas y tostadas con mayonesa de ajo y perejil que sobró de ayer. Cada vez que voy al baño me mojo la cabeza, la cara y el torso. También me miro, me gusta más el reflejo que me devuelve el espejo grande del living. Me detengo. La malla azul hace un buen contraste con mi piel. Tengo los hombros más marcados, igual que los brazos. Me gusta verme, pero me da vergüenza aunque estoy solo. Vuelvo al cuarto, pongo play. El cuarto huele a mi y por un instante decido que no me voy a bañar. Me gusta mi olor corporal, quiero vivir así, en este día tranquilo y caluroso. Extenderlo lo máximo posible. La mente silenciosa.
Me gustan las fotos en cervecerías con los stickers que resisten y los medio despegados. La mirada algo perdida, alcohol en la sangre y cannabis en los pulmones. Me perturban los baños que no tienen espejos, me crucé varios. Y eso que yo me miro y muchas veces no me veo. Pero no tener la voluntad de verte, eso sí que es demente.
Últimamente no me saco muchas fotos. Desde hace un tiempo en realidad. No sé muy bien a qué se debe, quizás estoy menos egocéntrico. Siempre me dio espina de mal momento personal, la falta de imagen autorreferencial. Qué sé yo. Extraño mucho tener una cámara. Sacar, editar fotos, sentir placer con el resultado final. Extraño crear. Me siento vacío de sentido. De sentido creativo. Quisiera hacer otro documental. Quisiera documentar. También tener una vida para documentar. Tal vez tendría que irme de viaje -si pudiera. podré-, y vivir una vida divertida, con nuevas experiencias, otras culturas, paisajes de intensos colores. Darle oxígeno a mi luna en sagitario. El fuego sin aire no es fuego. No puede arder. Qué casa vacía es el cuerpo sin crear. Ahora que lo veo, que lo siento, me parece inadmisible no haberlo sabido antes. Tampoco es que sea muy avispado, en general. Igual creo que este silencio ayudó a que emergiera esta verdad. Habrá que escucharla.
Night Drive
todo cambia todo el tiempo
Hoy me pasó algo nuevo: entré a mi tumblr, pensando en releer las últimas cosas que había escrito -datan de un año y pico hacia atrás- y me sorprendí. Me gustó lo que leí. Me gustó mucho. Pensé: qué bien escrito está. Y no es una sensación que suele pasarme, menos últimamente. Menos el último año que estuve haciendo intentos de notas periodísticas -no es lo mío-. No siento que haya aprendido a escribir mejor, no sentí que dieran la libertad de buscarse y expresarse. Pero aprendí, otras cosas, también interesantes. Fui un alumno de ocho, como toda mi vida - ¿mi techo de cristal?-. No hubo una sola persona interesante entre mis compañeros. Me sentí inspirado por tres profesorxs. Será que estoy más cerca de la edad de los segundos que de los primeros. El año pasado no escribí nada acá y poco y nada en páginas privadas. ¿Será porque estuve de bien para arriba? Tal vez perdí el hábito. Las ganas. La inspiración. El deseo estuvo puesto en otros rubros. Pero siempre el arte. El arte nos salva. Cliché. El arte siempre me salva. Verdad. En terapia, el año pasado, trabajé disfrutar del presente. Como buen nostálgico, suelo creer que todo tiempo pasado fue mejor. El veinte veintitrés fue difícil y atareado, pero lo disfruté al máximo. Fue un año de empezar cosas y sostener otras. No pensé mucho en este nuevo año. Tengo la sensación de que va a ser bueno. Expansivo. Tengo ganas de retomar costumbres. Escribir, por ejemplo. Veremos si lo logro.
Hace un tiempo me choqué en instagram con el perfil de Aniko, una chica que descubrí hace muchos años porque se largó a viajar como estilo de vida, cuando aún no era una opción real para todes. Menos para una mujer. Escribió varios libros también. Me gusta leerla aunque jamás compré un libro suyo. Ahora, en realidad hace meses, me suscribí a unas cartas que manda por mail. Una por mes, vamos por la quinta. Este fragmento es de su tercera carta, que recién hoy leí. Suelo acumularlas, esperando que llegue el momento indicado para leerlas. Afuera quiere llover, es un domingo ya anochecido. Me ilumina tenuemente la cálida luz de un velador y del otro lado, la vela del hornito, que también aromatiza. Siempre, en todas las casas por las que pasé, tuve o me hice un rinconcito así. Me da paz. Últimamente no habito estos lugares, quizás porque a esta hora estoy trabajando y con la luz blanca al palo. Me gustaría terminar más temprano, dormirme antes, sentir que descanso a la noche. Este fragmento me gustó porque me recordó algo que para mi siempre fue una certeza: el tiempo (nuestra vida) se va a cada instante. Es fundamental ser conscientes de qué priorizamos. Este año trabajé como nunca antes y espero que el año que viene sea distinto. Me gustaría tener más tiempo para mí, para reencontrarme. Para generarme y disfrutar de estos espacios, estos rituales. Hacerme el mate, prender la velita, llenar de agua el hornito, tres gotitas de aceite esencial. En general, musica lofi o alguna tranqui que acompañe, hoy me olvidé. Disfruto de esta quietud, es creadora. Permite que sucedan cosas. Si pudiera, este año me desprendería de las ataduras. Las propias, las mentales, las que me impongo en el día a día. Me gustaría cultivar más certeza para el año que viene. Este fue un año extraño, sacrificado, de energía densa. Ojalá el próximo sea más liviano. Ojalá, sea momento de cosecha. De renovar la tierra, sembrar otras cosas que aporten nuevos nutrientes. Que la imagen que tengo coincida con quien soy. O se acerque más. Que el pasado no me atormente. Que sea todo presente.
Hace dos meses que empecé el gimnasio. Dejé de dar vueltas y me anoté en musculación. Para qué voy a seguir esquivando si lo que quiero es eso.
Resultó la mejor forma de distención. El camino ida y vuelta en bici, el calorcito del sol sobre el cuerpo, el cansancio físico que no permite desvaríos. Cuando estoy ahí no puedo pensar ni esforzándome. En mi mente se repite como un mantra: 1, 2, 3, 4,... 8, 9 , 10. Tardé muy poco en darme cuenta lo parecido que era a una fiesta: la música al palo, las respiraciones, los jadeos, ojos cerrados, venas marcadas, uno dos tres pausa tomar agua, respiración agitada, ojos desenfrenados. Pedirle todo al cuerpo, forzar tu límite, transgredirlo. A veces no puedo evitarlo y me quedo mirando, mientras me recupero y junto fuerzas para la próxima ronda. Me gusta observar los cuerpos, el esfuerzo, la pose bien hecha -qué placer- , la pose mal hecha -espero que no se lastime-. Es raro cuando te cruzas con otros ojos, el gimnasio es una actividad de ensimismamiento. Me gustaría sacarles fotos pero sería muy invasivo y no tengo ganas de preguntar. Agradezco cuando ponen techno, creo que es el dueño. Me cuesta más con otras músicas. Como en las fiestas.
Lo malo de la angustia es que sea compartida. Que ninguno se sienta en casa. Más seguido de lo que admitiría en voz alta me pregunto si me equivoqué trayéndonos acá. Yo puedo armar y desarmar en un segundo pero ella no. Sigo buscando la punta del hilo. Desenredar la madeja. Encontrar las agujas. Pensar el punto.
¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que digamos basta?
Cada cierto tiempo me canso de mi. Y sin embargo, no tengo otro cuerpo para habitar. Ni otra mente.
Mi cuñada hizo un festival de danza y con J la ayudamos. Me sentí increíble, trabajando tres días sin parar, durmiendo lo mínimo, comiendo una vez al día. Estaba haciendo arte. Aunque no directamente. Estaba trabajando por algo en lo que creo: se sintió tan bien.
Descubrí el mundo de la gestión y me encantó. Pensé que trabajábamos bien con J, pero no sé si ella cree eso. Me desconcierta que puedan existir puntos de vida radicalmente distintos sobre un mismo hecho. Sin embargo, nunca lo olvido. Igual, no me ayuda con la decepción.
Hace tiempo arrastro la necesidad de luchar por algo mío. Hoy pensé: quizás tengo que dejar de hacer cosas por otros -ya que, aparentemente, se los hago saber y eso lo vuelve automáticamente interesado-. A fin de cuentas, quizás el otro es la excusa para no hacer algo por mí. No sé. ¿Si no te ayudas a crecer, cómo funciona? Estos días conocí a una persona de otro planeta. Su humanidad conmovió y atravesó a todo el que tuvo el placer de conocerla. Su danza y su enseñanza tuvieron un relato ancestral. Te hace querer estar cerca suyo, absorber cada palabra, atrapar cada mirada -nunca al azar, siempre presente, intensa-. Hace veinte años está con su pareja, los dos artístas. Dijo: no podría ser de otra forma, nunca se quejó de que viajará, al revés, entiende que mi trabajo es así: el suyo es igual. Sus hijos van a una escuela de arte que no sabía que existía. Tienen la vida que me gustaría tener. ¿Pero qué estoy haciendo por tenerla?
Observo el vacío adentro mío.
Empieza como un leve escalofrío. Un retorcijon en el estomago. Una incomodidad corporal que se abre paso por cada vena, músculo, órgano. Cuando se asienta lo podés ver: el vacío otra vez.
Ya lo conoces.
Nada te alcanza, ninguna experiencia gratificante dura lo suficiente: se apaga antes de que hayas podido disfrutarlo demasiado.
La imagen es un barco sin capitán en medio de un oleaje violento. Reformulo: el capitán está sentado viendo cómo gira el timón sin sentido. Las gotas golpean su rostro. Impasible. No hay nada más que agua, un barco descontrolado y un capitán ensimismado.
¿Cuánto aguanta el cuerpo viajar sin rumbo?
Algo se rompe por dentro. Quizás algo está roto hace tiempo. El agua inunda el cuerpo y se queda ahí, atascada.
¿La felicidad es en su esencia efímera?
Conocí el mejor atardecer de Salta -hasta ahora-.
Junio es un mes raro. Hace dos días: el aniversario de muerte de mi abuela. Mañana: cumpleaños de mi padre y su melliza. Tres días más: cumpleaños de Madre. Cinco días más: cumpleaños de hermanos. Muertes y nacimientos de las personas más importantes de mi vida, de una u otra forma. Cada 16 nuevos cuestionamientos. ¿Le escribo a mi tía? La lucha interna entre el orgullo, más que orgullo el aprendizaje de cuando a uno no lo quieren tanto o no lo quieren bien vs el amor que uno le tiene al recuerdo de lo que proyectó en ciertos familiares cuando era niño. La muerte es una realidad más cercana cada año. Demasiados familiares queridos y adultos. Algunos, demasiado adultos. ¿Y si no los vuelvo a ver? ¿Cuántas patadas son suficientes para que uno se aleje? ¿Cuántos abrazos son suficientes para recomponer a uno? ¿Me pensará como yo lo pienso? ¿Se imaginará que quizá, soy el hijo más parecido a él? ¿Lo sabrá? ¿Valdría la pena volver atrás? Borrar, si se pudiera, todo el recorrido. Hacer uno o dos cambios. Modificar todo el futuro. ¿Valdría la pena? J siempre dice algo tan cruel como real: la muerte de mi padre me ahorró decepcionarme del hombre que pudo ser.